La votación de las elecciones generales de Perú comenzó este domingo a las 7.00 hora local, con la apertura de 10.336 centros de sufragio en todo el país, donde más de 27,3 millones de ciudadanos están habilitados para elegir a las autoridades del período 2026-2031. Las urnas permanecerán abiertas hasta las 17.00, momento en que se iniciará un escrutinio que se anticipa lento y que podría extenderse durante varios días antes de arrojar resultados concluyentes.
Se trata de unos comicios inéditos por su magnitud: hay 35 candidatos presidenciales en competencia —la cifra más alta en la historia del país— en un contexto marcado por una década de fuerte inestabilidad política, con ocho presidentes en los últimos diez años. Además, cerca de 1,2 millones de peruanos votan en el exterior, con grandes comunidades en ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile, Madrid y Barcelona.
La jornada electoral llega atravesada por una profunda incertidumbre. Las encuestas variaron constantemente durante la campaña y no logran anticipar con claridad quiénes pasarán a la segunda vuelta. En ese clima, tomó fuerza entre parte del electorado el lema “Por estos no”, una consigna de rechazo a los partidos con representación parlamentaria, apuntados por amplios sectores como responsables de la crisis política y de haber protegido a la expresidenta Dina Boluarte en medio de escándalos de corrupción y la represión de protestas en 2023.
La complejidad del proceso también se refleja en la cédula electoral, de gran tamaño (44 por 42 centímetros), que incluye no solo la elección presidencial sino también la de senadores, diputados y representantes del Parlamento Andino. Analistas y encuestadoras anticipan un porcentaje elevado de votos nulos debido a errores de los votantes frente a la extensa oferta y la dificultad para identificar candidatos.
En las calles de Lima, el desconcierto es palpable. Algunos electores admiten no tener claro cómo votar o a qué lista corresponde el candidato de su preferencia, mientras que otros, especialmente los más jóvenes, reconocen que decidirán a último momento. La falta de información accesible y la fragmentación política son factores que pesan, sobre todo en las zonas rurales.
La inseguridad y el aumento de la criminalidad dominaron la campaña, con propuestas que generaron controversia, como la posibilidad de reinstaurar la pena de muerte o aplicar mecanismos judiciales excepcionales. En paralelo, el hartazgo con la dirigencia política alimentó el voto de protesta y la búsqueda de alternativas fuera del sistema tradicional.
Entre los principales aspirantes aparece Keiko Fujimori, que va por su cuarto intento presidencial con un discurso centrado en el “orden” y la mano dura, reivindicando en parte el legado de su padre. También irrumpió con fuerza el exalcalde de Lima Ricardo Belmont, un empresario de 80 años que logró captar el voto desencantado con una propuesta heterogénea.
Otro de los candidatos que canaliza el malestar es el humorista Carlos Álvarez, conocido por sus imitaciones políticas, que dio el salto a la política con un perfil de derecha. En ese mismo espacio compite Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, de discurso conservador y fuerte impronta religiosa.
Desde la izquierda, Roberto Sánchez intenta posicionarse como heredero del proyecto de Pedro Castillo, con la promesa de liberarlo y retomar su agenda política, en un país donde aún persisten las heridas por la crisis institucional que derivó en su destitución y posterior encarcelamiento.
Además de elegir presidente, los peruanos votan por un nuevo Congreso bicameral, con 60 senadores y 130 diputados, tras la reinstauración del Senado pese al rechazo expresado en un referéndum en 2018. Analistas advierten que este nuevo esquema podría derivar en un Ejecutivo débil frente a un Legislativo fortalecido, lo que abre interrogantes sobre la gobernabilidad futura.