La candidata oficialista de derecha Laura Fernández ganó este domingo las elecciones presidenciales de Costa Rica y se convertirá en la próxima presidenta del país tras imponerse en primera vuelta, sin necesidad de balotaje. Con el 80% de las mesas escrutadas, obtuvo cerca del 49% de los votos, casi diez puntos por encima del umbral necesario para evitar una segunda ronda.
Su principal rival, el economista socialdemócrata Álvaro Ramos, quedó en segundo lugar con el 33%. La elección se desarrolló en un contexto marcado por el avance del narcotráfico y el aumento de la violencia, un escenario que fue eje central de la campaña electoral.
Fernández, de 39 años, es heredera política del actual presidente Rodrigo Chaves y se autodefine como la “candidata de la continuidad”. Durante la campaña prometió una política de seguridad de mano dura, inspirada en el modelo del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien fue el primer mandatario en felicitarla tras el triunfo.
“Puede estar seguro de que la seguridad seguirá siendo una de las más altas prioridades”, le dijo Fernández a Bukele en un mensaje difundido durante la campaña. La ahora presidenta electa propone terminar la construcción de una cárcel inspirada en la megaprisión salvadoreña, aumentar las penas y aplicar estados de excepción en zonas conflictivas.
En su discurso de victoria, Fernández buscó marcar límites y aseguró que no permitirá abusos de poder. “Nunca voy a permitir el autoritarismo”, afirmó, y se definió como una “demócrata convencida”, aunque mantuvo un tono confrontativo hacia la prensa y otros poderes del Estado, en línea con el estilo de Chaves.
La elección consolida un nuevo avance de gobiernos de derecha en América Latina. Fernández gobernará por cuatro años a partir del 8 de mayo y será la segunda mujer en ocupar la presidencia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla.
La jornada electoral se extendió durante 12 horas y convocó a casi cuatro millones de personas, que también eligieron diputados. Según proyecciones preliminares, el oficialismo obtendría alrededor de 30 de los 57 escaños del Congreso, una mayoría relevante pero insuficiente para reformas constitucionales sin acuerdos.
Costa Rica atraviesa una crisis de seguridad inédita: siete de cada diez homicidios están vinculados al narcotráfico y la tasa de asesinatos alcanzó un récord histórico durante el actual gobierno. Chaves responsabiliza al Poder Judicial por la impunidad de los criminales, una línea discursiva que Fernández mantiene.
Desde la oposición y sectores de derechos humanos advierten sobre los riesgos de replicar el modelo Bukele, cuestionado por detenciones arbitrarias y abusos bajo el régimen de excepción en El Salvador. Incluso el expresidente y premio Nobel de la Paz Óscar Arias alertó que en esta elección “se estaba jugando la supervivencia de la democracia”.
Pese a la baja reciente de la pobreza, Costa Rica sigue siendo uno de los países más desiguales y caros de la región, un desafío económico que Fernández también deberá enfrentar al asumir el poder.