Durante siglos, estudiar una momia egipcia significaba manipularla y arriesgar información irrepetible. Pero la ciencia no destructiva puso fin a ese dilema. Ahora, en Budapest, un conjunto de restos momificados guardados desde hace décadas está siendo analizado con un escáner de tomografía computarizada de última generación que reveló detalles que antes era imposible ver.

La iniciativa se desarrolla en el Medical Imaging Center (OKK) de la Universidad Semmelweis, junto al Semmelweis Museum of Medical History y el Hungarian National Museum Public Collection Centre (MNMKK). Y lo que ya se observó confirma que el mayor avance no siempre llega con una nueva excavación, sino con una nueva forma de mirar, según publicó el sitio de la Universidad Semmelweis.

¿Qué se escaneó exactamente?

El equipo trabaja con restos fragmentarios conservados en el museo desde su fundación en 1965, piezas que durante mucho tiempo estuvieron etiquetadas con más intuición que evidencia. El conjunto examinado incluye dos cabezas momificadas, dos miembros inferiores izquierdos, un paquete que resultó contener una parte anatómica inesperada y una mano momificada.

Además, se realizaron dataciones por radiocarbono a seis especímenes: solo tres ofrecieron resultados fiables, y el más antiguo se sitúa entre 401 y 259 a.C. Es decir, se remonta a más de 2.300 años. Un recordatorio de que los egipcios llevaban milenios momificando cuando se prepararon estos restos.

¿Qué tiene de especial este CT?

La tomografía computarizada no es nueva en arqueología. Lo diferente aquí es la tecnología del detector. En un CT convencional, parte de la información se pierde en objetos densos y complejos como hueso, resina y lino superpuesto. El CT de conteo de fotones, por el contrario, registra fotones individuales y su energía. Logra más contraste, menos ruido y bordes más nítidos. Permite separar lo que antes aparecía como una masa borrosa.

Los investigadores pueden distinguir capas de vendaje, delimitar fronteras entre tejido y hueso, y detectar pequeños rasgos anatómicos o alteraciones óseas que ayudan a estimar edad o enfermedad. Para restos momificados, donde el material se organiza en capas, es una revolución: ahora la ciencia puede desenvolver sin desenvolver.

El hallazgo estrella: un pie

Curiosamente, uno de los objetos del museo había sido catalogado primero como cabeza humana y más tarde se especuló con que fuera una momia de ave. Un CT anterior ya había apuntado la verdad y el nuevo escaneo lo confirma: el paquete contiene un pie humano adulto.

El hallazgo plantea preguntas abiertas. Si ese pie pertenecía a una momia completa, ¿cuándo y por qué fue separado del cuerpo?. Los investigadores aún no lo saben.

Lo que sí ofrece el nuevo CT es la capacidad de analizar el patrón de vendaje, las distintas capas y sus características estructurales. No solo se puede ver qué hay dentro, sino conocer cómo fue envuelto, algo crucial para reconstruir las prácticas de momificación.

En las dos cabezas momificadas, el escáner permitió un examen detallado de la dentición y las suturas craneales, las "costuras" entre los huesos del cráneo que tienden a cerrarse con la edad. Con esa base, el equipo considera posible avanzar hacia reconstrucciones 3D de alta precisión y, eventualmente, reconstrucciones faciales.

¿Enfermedades antiguas?

Una de las piernas llevaba tiempo sin diagnóstico claro. Con el nuevo CT aparecen patrones compatibles con osteoporosis, aunque el diagnóstico definitivo requerirá análisis complementarios.

La mano momificada también se suma al rompecabezas. Por su tamaño, desarrollo y morfología, el equipo espera estimar si era de un niño o un adulto, y quizá sugerir sexo y rango de edad.

Las imágenes son tentadoras, pero la ciencia necesita tiempo para cotejar con registros previos, estudios textiles y estándares osteológicos. En el futuro se podrán ver más reconstrucciones, mejores diagnósticos y, sobre todo, la certeza de que ahora contamos con una herramienta para leer el pasado sin romper el sello del tiempo.