Fabián Gallardo volvió, después de décadas, a donde Fito Paéz pasó su infancia, la casa de calle Balcarce. Allí, ambos artistas compartieron tardes y noches de música y hoy, años después, entre esos rincones –en especial el que ocupaba el piano–reconstruyó parte de una historia que todavía vive entre esas paredes. La propiedad está a la venta por 580 mil dólares y crece el deseo de que se transforme en un espacio dedicado al músico rosarino.
Balcarce 681, una casa llena de recuerdos, un lugar que, aunque cambió de dueños, de aspecto y hasta de destino, conserva la historia de quienes alguna vez la habitaron. En ese lugar creció Fito, pasó buena parte de su adolescencia y empezó a darle forma a las canciones que, con los años, lo convertirían en uno de los músicos más importantes de la Argentina.
En este lugar Fito vivió con su padre Rodolfo, su abuela Belia Zulema Ramírez y su tía abuela Josefa (Pepa"). Es también el escenario de un trágico suceso: el 7 de noviembre de 1986 fueron asesinadas su abuela, su tía abuela y la empleada doméstica Fermina Godoy, un hecho desgarrador que marcó su vida y dio origen al disco Ciudad de pobres corazones.
Hoy, la propiedad está a la venta y, detrás de sus puertas, todavía sobreviven rincones de aquella historia.
Para conocerlos, Rosario3 recorrió la vivienda junto a Fabián Gallardo, músico, productor y amigo de Fito desde aquellos años en los que la música era, sobre todo, una manera de encontrarse. Hacía décadas que no entraba. Había pasado muchas veces por la vereda, había mirado la fachada, pero nunca había vuelto a cruzar esa puerta. Esta vez lo hizo con una mezcla de curiosidad, emoción y la memoria de quien reconoce un lugar que alguna vez fue parte de su vida.
Apenas ingresó, buscó con la mirada una habitación. No necesitaba recorrer toda la propiedad para encontrarla: la sala del piano, ese espacio donde los dos adolescentes pasaron tardes y noches enteras tocando, escuchando discos y descubriendo canciones.
"En esa pared estaba el famoso piano y hemos estado horas y horas y tardes y noches en ese lugar", recordó mientras señalaba uno de los rincones. Hoy allí funciona un centro de diagnóstico por imágenes. Donde antes sonaba un piano, ahora se realizan estudios médicos. Fabián lo observó y, con una sonrisa, encontró una manera de resumir el paso del tiempo: "Hoy, en vez de tocar un piano, te sacan una radiografía. Cosa bastante menos agradable".
La habitación cambió, pero él todavía puede reconstruirla. Recuerda el piano acústico, una gran pila de discos de vinilo que pertenecían al padre de Fito y los pequeños balcones que daban a la calle. En aquellos años, ni siquiera hacía falta tocar el timbre para saber si su amigo estaba en casa. Bastaba con acercarse, mirar por una de las ventanas o, simplemente, escuchar.
"Yo venía con la guitarra. Entonces, bueno, piano y guitarra", contó a Rosario3 con la sencillez de quien habla de una rutina que todavía recuerda con cariño. Y en ese encuentro de instrumentos pasaban cosas. Tocaban canciones de otros músicos, descubrían sonidos y también empezaban a crear las propias.
Entre esos recuerdos apareció incluso una canción que Fito nunca llegó a grabar. "Hace poco encontré un manuscrito de un tema que no grabó nunca, pero que se llamaba Viajes. Es un tema muy lindo que habla de las giras y esas cosas", reveló Gallardo.
La recorrida continuó hacia el altillo, otro de los lugares que frecuentaban. Allí, según recuerda, estaba el dormitorio de Fito, con una cama y las paredes cubiertas de afiches de músicos y recortes de revistas de rock. Era un espacio más íntimo, un refugio donde también pasaban buena parte de su tiempo.
"Acá, en este suelo, pasaron un montón de cosas", dijo Fabián, mientras intentaba reconocer la disposición de aquella habitación. No recordaba cada detalle y tampoco pretendía hacerlo. Habían pasado demasiados años. Sin embargo, algo permanecía intacto: la sensación de haber compartido allí el comienzo de un camino que los uniría para siempre.
"Empezamos a disfrutar mucho de esta vida musical y quizá los dos, cada uno en su lugar, nos estábamos dando cuenta de que era un camino que íbamos a caminar mucho tiempo. Haber caminado el camino entero está bueno", reflexionó.
Fue entonces cuando el recorrido dejó de ser solamente una visita a una casa. Fabián se detuvo en lo que significaba volver a ese lugar, en todo lo atravesado desde entonces y en la posibilidad de elegir qué memorias conservar.
"Yo podría ir al recuerdo triste, horrible, o podría venir a ese recuerdo de que entrábamos entusiasmados, con ganas de tocar el piano. Y me quedo con esos dos pibes chiquitos que ya ni reconozco, con ganas de tocar y con ganas de sacar temas nuevos", expresó.
Quizás esa sea una de las imágenes más lindas que todavía conserva la casa, la de dos chicos rosarinos que se encontraban para hacer música, rodeados de discos y afiches, sin saber todo lo que vendría después.
En venta
La propiedad, ubicada sobre calle Balcarce, está actualmente en venta a través de Deluxe Propiedades. Allí funciona un centro de diagnóstico ecográfico y el valor de comercialización es de 580 mil dólares, incluyendo el inmueble, el fondo de comercio y el equipamiento de diagnóstico por imágenes.
Sandra Hernández, responsable de la venta, también participó de la recorrida y reconoció que descubrir cuánto se conserva de la vivienda original fue una sorpresa.
"Realmente me sorprendió ver la cantidad de cosas que se han conservado, desde la habitación original de la tía y la abuela hasta el lugar donde Fito componía sus canciones, en la habitación donde estaba el piano", explicó.
La escalera, la distribución de varias habitaciones y algunos sectores de la planta alta todavía permiten reconocer la casa que habitó el músico. Entre esos espacios se encuentra el lugar donde estaba su dormitorio y una ventana que, como tantos otros rincones, invita a imaginar escenas de aquella vida cotidiana.
"Hay mucha historia, hay mucha historia que merece ser contada", sostuvo Sandra.
Museo Páez
Pero detrás de la operación inmobiliaria también existe un deseo personal. Sandra imagina que la propiedad pueda ser adquirida por inversores interesados en recuperar su valor cultural y convertirla en un lugar abierto al público.
"Para mí deberían invertir para transformar esto en el Museo de Fito Páez", expresó. Y explicó que le gustaría pensar en una propuesta similar a los espacios que en el Reino Unido mantienen viva la historia de los Beatles. "Fito Páez es alguien muy importante para la ciudad", remarcó.
La idea de integrar la vivienda a un circuito dedicado a la vida y la obra del artista no es nueva. Existen propuestas y deseos de recuperar este espacio, aunque por el momento no hay un proyecto concreto.
Gallardo también se entusiasma con esa posibilidad. Incluso, mientras caminaba por la antigua sala del piano, comenzó a imaginar cómo podría reconstruirse. Volver a colocar un instrumento en el mismo lugar, recuperar las ventanas originales, buscar fotografías y testimonios que permitan devolverle a ese ambiente algo de su apariencia de entonces.
"Yo recrearía esta sala lo más parecida posible, basándome en fotos, en un recuerdo que alguien tenga mejor que yo", explicó. Para él, no sería necesario transformar toda la propiedad. Bastaría con recuperar la entrada y aquella habitación donde nacieron tantas tardes de música para que quienes la visiten puedan acercarse a una parte de la historia de Fito.
Sandra comparte ese deseo. Aunque su trabajo es encontrar un comprador, reconoce que hay un destino que la entusiasmaría especialmente. "Como inmobiliaria está la propuesta de comprar el inmueble, pero tendría un final mucho más feliz si esto termina con esa parte de la historia", aseguró.
Rosario tiene muchos lugares que forman parte de la vida de Fito Páez. Calles, esquinas y paisajes que aparecen en sus canciones y que, de alguna manera, ayudan a entender ese vínculo que el músico nunca dejó de tener con su ciudad. Pero esta casa conserva algo distinto porque es uno de los escenarios donde empezó todo, cuando todavía no había grandes escenarios, giras internacionales ni multitudes cantando sus canciones.
El piano ya no está. Tampoco los discos apilados, los afiches en las paredes ni aquellos dos adolescentes que se pasaban horas tocando. Sin embargo, basta escuchar a Fabián Gallardo señalar una pared, reconocer una ventana o recordar una melodía para sentir que una parte de aquella historia sigue ahí.
La casa está a la venta y su futuro todavía es incierto. Podrá continuar funcionando como un espacio comercial o convertirse, algún día, en ese museo que imaginan quienes conocen su historia.
Por ahora, queda la imagen de Fabián regresando después de tantos años a la habitación del piano. Y el recuerdo de la dupla que, sin saberlo, estaba empezando a escribir una parte de la historia musical de Rosario.