Valentino Merlo volvió a Radio 2, pero esta vez no llegó solo. Lo acompañó su familia y un amigo, el círculo más íntimo que estuvo cerca siempre, antes de los escenarios llenos y los fanáticos que hoy lo siguen por todo el país. Durante su visita a Radiopolis, el joven artista rosarino repasó algunos de los momentos que marcaron su crecimiento y habló también de todo aquello que fue quedando atrás cuando su carrera se aceleró.

“Cuando la historia empezó a cambiar, para emprender el camino profesional tuvimos que mudarnos a Buenos Aires. Intentamos quedarnos hasta último momento”, contó Valentino, que reconoció que una de las cosas que más extraña de Rosario son las calles de La Tablada, el barrio donde creció. El cambio no fue solamente geográfico. También implicó dejar de lado cosas propias de su edad. “Me perdí muchas cosas de mi edad, salir con mis amigos, para encerrarme en una pieza con mi hermano a cantar”, confesó.

El joven cantante rosarino habló de su familia, de Rosario y de todo lo que dejó atrás para apostar por la música. 

Su familia asegura que el talento estaba presente desde mucho antes de que llegara la exposición. Sabrina, su mamá, recordó que “desde los cuatro años le gustaba actuar, cantar, ya era un pequeño artista” y explicó que siempre intentaron acompañar aquello que él quería hacer. “Siempre alimentamos lo que él quería hacer y apoyarlo. Agradecemos al teatro El Círculo, porque parte de lo que hoy es Valen empezó a gestarse ahí”, señaló. 

Hoy, ver la dimensión que tomó aquel sueño todavía la conmueve. “Me emociona ver que siguen a mi hijo, que usan remeras con su foto, que le regalan cosas. Es muy emocionante”, contó.

Valentino Merlo junto a su familia, el sostén que lo acompaña desde sus primeros pasos en la música hasta el presente. 

Valentino también habló del lugar que ocupa su familia dentro de una carrera que, según él mismo siente, nunca fue individual. “Mis papás me hacen disfrutar el camino. Esta carrera es juntos. Vine acá con ellos cuando esto recién empezaba y están acá en el mismo lugar viviendo este sueño conmigo”, dijo.

De aquellos primeros momentos conserva incluso algunos objetos que hoy tienen un valor especial. “Todavía guardo de recuerdo la remera y la gorrita que usé en ese primer video que todos conocieron en la pileta del Saladillo”, contó sobre las imágenes que ayudaron a que su voz empezara a circular cada vez más. Pero detrás de ese crecimiento también hay trabajo y formación. “Sigo estudiando música, trabajo la voz día a día”, explicó.

 Valentino Merlo, en sus primeros pasos en las piletas del Saladillo.

La música, además, siempre estuvo presente en su casa. Su papá solía cantar y tenía el deseo de  escucharlo cantar tango. “Mi papá, que cantaba en casa, siempre quiso que haga tango. Lo emocionó mucho cuando interpreté un tema de Jorge Falcón”, recordó. Y aunque buena parte de su vida profesional hoy transcurre fuera de Rosario, Valentino asegura que su vínculo con la ciudad sigue intacto. “Lo más rosarino que tengo es disfrutar cuando vengo mis calles, mi barrio, mis abuelitas”, resumió.

Cuando mira todo lo que consiguió hasta ahora, evita quedarse únicamente con los escenarios o el reconocimiento. “Si miro lo que logré cumplir hasta ahora, solo puedo agradecer. Es hermoso despertarse con metas, pensar que va a ser un día maravilloso. Dejo mi carrera en manos de Dios, que tomemos las decisiones correctas y sigamos siendo felices”, expresó. Y agregó: “Creo que Dios me ayudó mucho a estar donde estoy”.

Entre todas las canciones que tuvo la oportunidad de interpretar, hay una que guarda especialmente: “Zona de promesas”, de Gustavo Cerati. “Es la canción más linda que escuché en mi vida. La pude interpretar y con esa canción entendí todo”, aseguró.

Valentino hoy vive una carrera que lo lleva de una ciudad a otra y que creció mucho más rápido de lo que podía imaginar cuando empezó. Pero cuando vuelve a Rosario, sigue buscando lo mismo: sus calles, su barrio, sus abuelas y su gente. También guarda aquella gorrita y aquella remera de las piletas del Saladillo. Como una forma simple de no olvidarse de dónde empezó todo.