Las ciudades se enfrascan de forma cíclica en controversias sobre el uso del espacio público y su aprovechamiento. Ocurre en grandes metrópolis y en poblaciones más pequeñas. En ambos casos, las tensiones, por más conflictivas que resulten, son signos de vitalidad, evolución y registro de época. Si esas tensiones no se dirimen en el ámbito de lo público, hay que sospechar, porque quiere decir que hay fuerzas desequilibradas en esa comunidad. Solo por citar ejemplos, es el caso cuando el Estado es muy poderoso y planifica ciudades a su imagen y semejanza —el ejemplo extremo es la ex URSS—; o, por el contrario, cuando es muy débil y los cambios los imponen otros: por ejemplo, el mercado inmobiliario u organizaciones ilegales que se apropian del espacio público y lo moldean en función de sus necesidades.
Los conflictos son una fuerza intrínseca en la evolución de las ciudades porque estas están hechas y habitadas por contradicciones. “La piqueta fatal del progreso / arrancó mil recuerdos queridos”, dice el candombe-tango Adiós a mi barrio. Víctor Soliño plasmó en la letra que luego popularizó el dúo uruguayo Los Olimareños la tristeza que le provocaba la certeza de que aquel Barrio Sur del Montevideo de su infancia estaba condenado a su melancólica memoria. “La civilización te clava su puñal”, dice, acongojado y trágico, en oposición a nuevas generaciones que seguramente celebran la modernización del barrio donde “el boliche ya cerró sus puertas”, no están más los muchachos que entonaban sus tamboriles y en “calle ruinosa y desierta sopla un viento de desolación”.
A diferencia de los pueblos pequeños, que tienden a una identidad monolítica, las ciudades construyen su identidad en la diversidad social, económica, cultural, de voces, usos, procedencias y costumbres.
En El viaje infinito, Claudio Magris dice que “el paisaje es estratificación de la tierra y de historia. No es solo naturaleza, golfos, bosques y casas, senderos de hierbas y de piedras; es también y sobre todo sociedad, personas, gestos, costumbres, prejuicios, pasiones, alimento, banderas, fes”. Las palabras del italiano nos recuerdan lo que está en juego cada vez que se abre un conflicto por el uso del espacio público.
Rosario no fue ajena a esas discusiones urbanas. Solo en los últimos 30 años se pueden recordar, entre otros casos, el inventario de edificios con valor histórico y patrimonial, la habilitación de torres en barrios tradicionales, la ubicación del Puerto de la Música diseñado por Oscar Niemeyer y la transformación del zoológico en Jardín de los Niños.
La definición de Magris es una guía útil para observar, más allá del ruido político, la naturaleza de la controversia que abrió la inclusión de un parque acuático en la remodelación de la costanera norte. Porque más allá de que el conflicto alcanza su punto de estridencia en el plano de la política institucional, cuando concejales de Ciudad Futura, Iniciativa Popular y el interbloque justicialista se autoconvocan a una sesión en el Concejo Municipal, La Florida es un sector histórico de aprovechamiento comercial, recreativo, turístico y deportivo, que involucra a distinta gente, con diferentes pasiones y sentidos de pertenencia.
Esa es la explicación de por qué el parque acuático generó controversias que no se dieron en otras intervenciones cuyo virtuosismo no estuvo cuestionado, como la expansión y el enrejado de la Isla de los Inventos sobre un sector en desuso.
Por más que será administrado por una empresa del Estado municipal y se asegura que no avanzará sobre el sector de playa, es lógico que la implantación de un parque acuático despierte reacciones de desconfianza y preguntas con solo considerar el impacto visual sobre el entorno.
Por ejemplo: teniendo en cuenta que el propósito de la atracción es convocar nuevos visitantes, ¿están dadas las condiciones para hacerlo en ese sector de la ciudad? ¿Qué ocurrirá con la circulación y el estacionamiento si ya hoy es un problema circular por La Florida y encontrar estacionamiento vehicular? ¿Cómo afectará la movilidad entre la zona norte y el resto de la ciudad, teniendo en cuenta que avenida Alberdi y Avellaneda ya resultan cuellos de botella en horarios pico de días normales? ¿Esas variables fueron valoradas a la hora de decidir la ubicación o primó la urgencia? Hay un debate que necesita sumar voces, miradas y saberes.
Existe otro hecho objetivo. La implantación del parque acuático rompe con la idea histórica que la ciudad se hizo de La Florida como espacio de entorno lo más natural posible y de acceso directo al río por medio de la playa para bañarse, pasear y hacer deportes. Pretender modificar parcialmente ese estatus no es un sacrilegio. Pero así como los usos del espacio público no son ley escrita en piedra, las reacciones adversas son legítimas cuando implican intervenciones territoriales definidas desde la política sin que exista una demanda específica previa.
En ese sentido, destaca la ausencia de voces ciudadanas manifestándose a favor del proyecto, cosa que no ocurre con quienes lo cuestionan. Debe aclararse que esa no puede ser la vara para dirimir los beneficios de la obra ni para definir si hay que hacerla o no, mucho menos para negarle al Ejecutivo la idea de un cambio en la propuesta de La Florida. Pero sí habla de un déficit de participación social que le dé mayor legitimidad al cambio que propone el gobierno de la ciudad.
El parque acuático está pensado en el marco de un proyecto mayor, que no es solo la reforma de la costanera norte sino una Rosario turística, capaz de consolidar un sector económico de servicios que compense el retroceso de la industria y que al mismo tiempo sea la contracara de la Rosario violenta que se quiere dejar atrás. Pero, como admiten las autoridades, ese es un problema “contenido, no resuelto”. Así quedó reflejado la última semana, en la que, por un lado, la Fiscalía consiguió condenas ejemplares para la sangrienta banda de Francisco Riquelme y, al mismo tiempo, dos balaceras dejaron muerto a un vecino de un supermercado de barrio y herido de bala a un adolescente.
De hecho, el gobernador Pullaro y el intendente Javkin acordaron el parque acuático como el siguiente paso de las obras que la provincia está financiando en el Parque Regional Sur y en la Costa Central. El problema es que un proyecto que debería estar cosechando aplausos terminó enredado en un conflicto.
Los cuestionamientos de quienes no quieren el parque acuático ahí escalaron cuando la Municipalidad difundió un render que mostraba piletas que avanzaban sobre la playa pública. De inmediato se interpretó como la demostración de que el proyecto se asemejaba más a los temores de quienes se oponen que a lo que los funcionarios informaban.
Es evidente que el proyecto original se acotó y acomodó sobre la marcha, a pesar de la licitación en curso. Técnicamente es posible porque es una licitación modular, explican en el municipio, y eso da flexibilidad para ir sumando, aunque sea de forma parcial, objeciones que surgieron en el debate público. Ese render fue un error, reconoce el gobierno municipal.
La razón del apuro con el que se obró, según el gobierno municipal, es que, si no se iniciaba el proceso de licitación, la obra se iba a terminar recién en marzo o abril de 2027. Sí, justo antes de las elecciones, pero tarde para disfrutarla durante el verano. El Palacio de los Leones dice que el camino elegido permitirá que todo esté terminado para el próximo diciembre.
Licitar por módulos, en criollo, significa que no se busca un contratista para una obra integral sino por partes. Por ejemplo, veredas y solados, la obra de asfalto, la reconstrucción del conducto, el parque acuático, etc. Según el Palacio de los Leones, esta modalidad ahorra tiempo, que es un objetivo político central, y se justifica porque no es posible calcular de antemano cuánto costará la reparación del conducto subterráneo Piaggio hasta que se abra y se observe la dimensión del trabajo a realizar.
Un detalle que no pasó desapercibido fue la celeridad de la Municipalidad para demoler las edificaciones en zona de playa. Esas tareas estaban previstas en uno de los módulos de licitación para que las hiciera el futuro adjudicatario. Probablemente se buscó evitar el riesgo de una ocupación en caso de que escale el conflicto.
En términos políticos, la oposición salió a representar a los descontentos y a discutir mano a mano con el gobierno municipal. Intuye también una oportunidad para hablarles a ciudadanos de a pie que, al no haber sido el proyecto explicado debidamente a la ciudad —no solo a los usuarios directos de La Florida—, lo miran de reojo. Quizás esa primera impresión se revierta una vez que la plaza acuática esté en uso.
Difícil, a esta altura, discernir quién acumuló y quién se desgastó más entre figuras del oficialismo y la oposición. En definitiva, cada controversia política que se abre en la ciudad a esta altura tiene un solo lente observador: quién gobernará Rosario a partir de 2027.
Este cruce político debería ser analizado en dos dimensiones, de corto y largo plazo. El polo opositor donde destaca Juan Monteverde tuvo éxito en lo que se propuso: conformó una alianza con los actores sociales que rechazan el proyecto, tomó la iniciativa política, activó protestas y generó un hecho político en el Concejo “para frenar la obra” que hizo ruido, pero fracasó en términos legislativos. A decir del oficialismo, un "circo" para los medios. Improcedente en términos legislativos.
La movida de ese sector de la oposición marcó diferencias con La Libertad Avanza, que también rechaza el parque acuático. Pero si algo los libertarios no pueden permitirse es hacer seguidismo de iniciativas del peronismo y Ciudad Futura. Esa es su línea roja.
Si la oposición sacó provecho del corto plazo, la apuesta del oficialismo es cosechar en el futuro. Unidos actuó en bloque, a pesar de que el socialismo expuso puertas adentro sus diferencias con la forma en que se llevó adelante el proceso de decisión e instrumentación de la obra.
Otro dato es que María Eugenia Schmuck cerró filas con el intendente y confrontó a Monteverde y sus aliados ante la ruidosa movida en el Concejo: “Ganá las elecciones, goberná y vas a poder decidir dónde se hace el proyecto”, le disparó al líder de Ciudad Futura.
Si bien resta que la Justicia se pronuncie sobre una presentación judicial contra el parque acuático, el Ejecutivo cree que la controversia morirá como una anécdota cuando las piletas y los toboganes se inauguren. Si sus proyecciones de aceptación y concurrencia son correctas, seguramente no dejará pasar la oportunidad de facturarle a Monteverde haberse opuesto al proyecto.