“El único escenario en que lo pensaría es que haya riesgo de que la ciudad caiga en manos que no tienen que caer”, dijo el intendente Pablo Javkin en una conversación que grabó para el streaming del periodista y concejal Pablo Gavira. De esa manera negó pretensiones de ir por un tercer mandato, aunque, es cierto, no cerró definitivamente las puertas.
Aclaró que las “manos equivocadas” aludían “al proyecto de Monteverde”, su principal rival político en el tiempo que lleva en el Palacio de los Leones y con quien disputó (y a quien le ganó) una apretada elección en 2023. No mencionó —no al menos en esa conversación— a Juan Pedro Aleart, de La Libertad Avanza, también posicionado para la Intendencia tras ser el precandidato más votado en las primarias de 2025 y segundo en las generales.
La carrera por la sucesión de Javkin recién arranca. Él es el primero en jugar sus cartas. Definió que no irá por un tercer mandato. Lo dijo en público y lo comunicó puertas adentro de su partido, Creo, aunque haya dejado un mínimo resquicio para revertir la decisión.
El resto de los socios de Unidos se prepara para una sucesión, no para una continuidad. El nombre del sucesor o sucesora surgirá de elecciones primarias. “Una interna potente y atractiva”, repiten. Las Paso, muchas veces demonizadas, cuando son bien conducidas ordenan los frentes, fortalecen y legitiman a los candidatos.
No serán unas primarias más. La Legislatura prepara profundas reformas a la ley orgánica de municipalidades y al cuerpo de leyes y decretos que ordenan la vida de los partidos políticos y los procesos electorales en Santa Fe. ¿Balotaje? ¿Cambios en la boleta única? ¿La ciudad tendrá viceintendencia? ¿Habrá más o menos bancas de concejales? Cualquiera de esos cambios afecta desde la forma de negociar y armar listas hasta el perfil de los candidatos con chances ciertas de acceder al gobierno municipal.
Si Monteverde y Aleart ya están posicionados en la carrera por la Intendencia, ¿quién o quiénes competirán por Unidos para suceder a Javkin? La única lanzada y decidida a dar la pelea, bajo las circunstancias que sea, es María Eugenia Schmuck. Aunque no lo diga abiertamente, todos sus movimientos confluyen en ese objetivo. A la vez, los demás actores de Unidos se desenvuelven dando por hecho que la presidenta del Concejo es la primera anotada en la carrera.
Nacida y formada en las canteras de la Franja Morada, junto con su esposo, Franco Bartolacci, son referentes de un sector del radicalismo de Rosario que hace años saltó los límites de la universidad para incorporarse a la política de la ciudad, midiéndose en varias elecciones y con participaciones en los gobiernos de Miguel Lifschitz, Mónica Fein y ahora Javkin.
Ser la principal aliada de Javkin le permitió acceder a la presidencia del Concejo, desde donde desarrolló un rol político e institucional que intenta capitalizar como candidata del oficialismo.
Sin embargo, ni Javkin ni Pullaro hoy la arropan como candidata propia. Por el contrario, desde sus entornos ponen a circular a Sebastián Chale y Gustavo Puccini como los nombres que prefieren.
Chale tuvo una sola experiencia como candidato a concejal del sector de Schmuck y Bartolacci y el resultado no fue bueno. Propios y extraños le reconocen capacidad de negociación para construir consensos, virtud que lo depositó en la Secretaría de Gobierno de la ciudad en un momento delicado de la gestión Javkin.
Puccini no tiene rodaje electoral, aunque sí un alto perfil como ministro de Desarrollo Productivo de Pullaro y está al mando de líneas de gestión potentes para Rosario. Es ejecutivo ciento por ciento. Esa es su marca personal.
Conducir el proceso
A diferencia de los espacios que representan Monteverde y Aleart, el oficialismo tiene tiempos diferentes para definir nombres. De hecho, no suelen ser buenas las experiencias de coexistencia entre un gobierno con vencimiento a plazo fijo y el o la candidata a sucederlo lanzado de antemano.
Por lo general, esas situaciones derivan en cortocircuitos, desconfianzas y desorden en la gestión, porque es inevitable que las expectativas se trasladen desde quien ejerce el poder en la actualidad a quien encarna las posibilidades de futuro.
Como cualquier mandatario, Javkin necesita retener el tablero de control hasta el último momento y conducir su sucesión. Tiene lógica que aliente la diversificación de potenciales candidatos para evitar el empoderamiento anticipado de Schmuck o cualquier otro. Como también tiene sentido que se construya para sí el papel de salvador de última instancia en caso de que ningún otro dirigente de Unidos pueda asegurar la continuidad. Por más que sea una construcción ficticia, porque es imposible saber hoy si a Unidos le podrá venir mejor un candidato para renovar proyectos y expectativas o un intendente probado, pero con ocho años de desgaste en su haber.
Por otra parte, Pullaro va a ser protagonista fundamental en las definiciones sobre el futuro de Rosario, más aún si de nuevo es candidato a gobernador. La elección de 2027 se preanuncia como un gran plebiscito sobre el cambio de tendencia que tuvo la ciudad en materia de seguridad e inversión pública.
Que la Casa Gris haga circular el nombre de Puccini es una señal inequívoca de que ya está jugando en la carrera por la sucesión. No necesariamente Puccini terminará siendo candidato, pero es el piso que pone Pullaro para quien quiera el apoyo del gobierno de Santa Fe para llegar a la Intendencia.
En primer lugar, ese candidato o candidata deberá tener proyección electoral propia —porque si es para ganar con capital electoral transferido, para eso Pullaro pone a Puccini, que es un incondicional—. Y, en segundo lugar, estar plenamente identificado con la gestión provincial. El requisito central es que sea alguien de gestión, asociado con los cambios que hizo el gobierno de la provincia en materia de seguridad para avanzar en otras áreas.
En definitiva, Pullaro y Javkin retrasan tiempos de decisión, engordan la lista de aspirantes a la sucesión, alientan distintas opciones y dejan que los candidatos de la oposición rueden, a la espera de que cualquier equivocación les dé la primera oportunidad de limarlos.
El camino de Schmuck
Mientras tanto, Schmuck construye su camino sin esperar a que le den la venia. Parte de un nivel de conocimiento e intención de voto que, sin asegurarle nada, respaldan la legítima aspiración a ir por más, a lo que suma trayectoria y militancia política, llegada a casi todos los ámbitos de la ciudad y el lugar institucional que ocupa.
Su desafío está en conquistar nuevos sectores del electorado y consolidarse como una candidata versátil, capaz de representar la diversidad ideológica y de procedencia de los espacios que son parte de Unidos. El escenario de tercios, con La Libertad Avanza comiendo votos no peronistas, no es sencillo para el oficialismo, como demostró la última elección de concejales.
Schmuck se desenvuelve como una dirigente con aspiraciones concretas, pero sin desmarcarse de la estrategia y los tiempos de la coalición gobernante. Lanzar ahora su candidatura adelantaría la disputa por la sucesión o, peor aún, se interpretaría como un intento de licuarle poder al intendente. Sería inconveniente para todos: para el gobierno, para Unidos y para ella, que hoy está en cada acto oficial junto con Javkin, capitalizando su parte de la gestión.
Su oportunidad está en llegar al momento de las definiciones como la candidata más competitiva para la interna del oficialismo. La pelota está en su cancha y es hacedora de su destino. Como presidenta del Concejo, alimenta contactos con todo tipo de actores de la ciudad, con los demás socios de Unidos y contiene a dirigentes y sectores heridos de otras fuerzas políticas. Con éstos últimos articula los consensos para sacar adelante las ordenanzas que le pide el Ejecutivo. Y alguno, tal vez, la apoye en su carrera al Palacio de los Leones.
Más allá de la UCR
En 2027, Unidos se encamina a una interna potente, con candidatos de diferentes partidos y/o sectores compitiendo entre ellos. Exactamente lo opuesto a lo que fue la estrategia de 2025, que condenó al frente oficialista al tercer lugar. Por lo tanto, hay que poner el ojo también en el Partido Socialista y el PRO.
En el socialismo es más difícil anticipar nombres. No sobresalen candidatos “naturales” en un contexto de recambio. El último emergente fue Federico Lifschitz en 2023, en una elección Paso con tres listas del PS, entre ellas la de la actual ministra Susana Rueda. El partido tiene cuadros políticos y técnicos en funciones ejecutivas y legislativas a los que deberá empezar a probar en el terreno electoral. Destacan Mónica Fein, que ya tiene su ciclo cumplido como intendenta, y Clara García, que quedó como principal referencia provincial.
Pasan los años y Ana Laura Martínez sigue siendo la electora del PRO mejor posicionada. Desde hace más de una década, su nombre pica en punta ante cada elección. Fuera de la ex periodista hay una serie de nombres que tienen pretensiones y que el PRO necesita proyectar en su lucha por sobrevivir al huracán libertario.
En ese punto hay un capítulo todavía borroso, que es Federico Angelini. Ex hombre fuerte del PRO y ex referente de Macri en Santa Fe, quedó del lado de Bullrich tras la ruptura con el ex presidente. Hoy es funcionario del gobierno de Milei, en el Ministerio de Seguridad. Tiene bajo su órbita el esquema de intervención federal en Rosario, por lo que es esperable que quiera capitalizar lo que es responsabilidad de Nación en el marco del Plan Bandera y la baja de los índices de violencia. Rosario es su ciudad de origen y es el territorio al que quiere volver para medirse como candidato.
No está claro para qué cargo electivo ni dentro de qué esquema quiere posicionarse Angelini. Está alineado con la diputada libertaria Romina Diez, que hasta aquí no le abre el juego a nadie que no sea karinista puro. Por otra parte, sus colaboradores históricos revistan en las filas de Unidos. Es el caso de la diputada provincial Ximena Sola; José Núñez, que tras esperar una convocatoria de La Libertad Avanza resolvió incorporarse al bloque de Provincias Unidas en el Congreso; Cristian Cunha, hoy secretario de Cooperación de la provincia; y Renata Ghilotti, presidenta de Aguas Santafesinas y alineada con Gisela Scaglia.
Si algo le sobra a Unidos es diversidad política, un factor que, cuando está bien conducido, es ideal para armar una Paso atractiva para el electorado y que, a la vez, sirva para contener la multiplicidad de partidos, sectores y dirigentes que están dentro de la coalición. Se abre ahí la posibilidad de maniobrar con candidaturas tácticas, electores que le hablen quirúrgicamente a determinado segmento electoral, como fue el caso de Miguel Tessandori en las Paso de 2023.