Lamentablemente, las balaceras ya son moneda corriente en Rosario. De hecho, en algunos casos ya ni siquiera son noticias de impacto en la sociedad, acostumbrada a estos actos violentos y salvajes. Pero pocas veces se puede ver con tanta crudeza el sufrimiento de una familia que recibió una lluvia de balazos en su casa alquilada, quedando en el medio de una increíble trilogía de ataques en la zona sudoeste de la ciudad, en supuesta represalia por el homicidio de un joven de 20 años. “Acá se salva el que tiene suerte o el que dispara más rápido”, confiaron.

Lorena y Fernando viven en una casa alquilada ubicada en Saavedra al 5200. Junto a ellos residen sus tres hijos menores de edad, de 7, 14 y 15 años. Anoche golpearon la puerta de la casa y cuando abrieron recibieron por respuesta una impresionante ráfaga de disparos de arma de fuego que de milagro no mató a nadie.

Varios de los balazos impactaron en la reja exterior, otros en las paredes. Unos diez casquillos quedaron como testimonio del ataque arriba del sillón del living, donde alguien podría haber estado mirando la televisión. En la vereda, unos 18 círculos marcados con tizas daban una idea de la violencia de la balacera.

En realidad, fueron tres ataques en la zona sudoeste de la ciudad, en aparente respuesta por un brutal asesinato de un joven de 20 años, al que le perforaron el estómago de un escopetazo. Según contaron Lorena y Fernando, el propietario de la casa está vinculado al hombre que se entregó por el crimen.



La pareja dejó entrar a las cámaras de El Tres para que todos los televidentes tuvieran dimensión de lo que vivieron anoche. Cuando comenzó la ráfaga de disparos, Fernando contó que se protegió contra una pared de 50 centímetros, que le salvó la vida.

Lorena, por su parte, describió con angustia: “Yo estaba haciendo unas cosas en la computadora en mi pieza. La nena de 7 años iba y venía y los chicos de 14 y 15 estaban en la pieza del fondo”.
 

Y continuó con la dramática reconstrucción del momento: “Golpearon la puerta, gritaron «campeón» y yo le dije a Fernando que salga a ver. Ahí escuché los estruendos, Fernando me empujó para el baño mientras escuchábamos cómo pasaban las balas. Mi nena de 7 años se quedó petrificada en el pie de la cama, llorando. Le dije que se tirara al piso y ahí se quedó pobrecita”.

“Yo alquilo; buscaban al dueño de esta casa, porque el hijo está involucrado en un homicidio”, advirtió la mujer, que a cada rato reiteraba que ellos no tenían “nada que ver”.

“Tuve que sacar a los chicos de esta casa, llevarlos de un familiar para que puedan estar tranquilos”, confió. Y aseguró: “Ya definimos con Fer que nos vamos a ir, esta situación no se aguanta más”.

Y recordó otro hecho de inseguridad y violencia sufrido por la familia: “Hace unos días un delincuente armado trepó a la habitación de mi nene de 15 años que estaba haciendo una tarea que tenía que entregar y le robó el celular. Desde ese día mi nene no sale a la puerta”, expresó.

Lorena describió todo con una frase: “Acá queda vivo el que tiene suerte o el que dispara más rápido; esto es el lejano oeste”, afirmó.

“Después de lo que pasó, nosotros no tenemos custodia. Nos dijeron que iban a hacer una ronda policial, pero acá no pasó nadie”, finalizó.