La ex pareja de un multicondenado criminal rosarino que años atrás conspiró desde su celda resultó sentenciada a perpetua por su participación en un homicidio ligado a disputas entre bandas narco.

Hasta su detención, en mayo de 2022, Samanta Joana Vilches (37) era pareja y visita del recluso Fabio Giménez, quien por esos días había cobrado notoriedad por haber montado un polirrubro delictivo desde el encierro. El esquema incluía extorsiones y homicidios por encargo, todo con “mano de obra” tercerizada, que podía abarcar familiares, menores de edad o tiratiros al mejor postor.

Vilches fue juzgada y condenada como partícipe necesaria del homicidio de Verónica Almada, acribillada el 8 de febrero de 2022 en su casa de Urquiza al 6000, barrio Ludueña. La víctima era hermana de Jonatan “Peco” Almada, un transero que integraba una banda que operaba en ese sector del noroeste rosarino y se encontraba en guerra con otro grupo delictivo. En rigor, aquella noche Verónica no era la persona a matar, pero los sicarios de ocasión no tuvieron contemplación alguna al momento de abrir fuego.

En el breve juicio, que culminó este viernes en el Centro de Justicia Penal, el tribunal integrado por Lorena Aronne, Mariano Aliau y Eleonora Verón tuvo por acreditada la acusación de la fiscal Carla Ranciari, quien postuló que Vilches recibió directivas de Giménez –entonces alojado en la cárcel de Coronda– para que contactara a los tiratiros y gestionara los vehículos y armas para dar muerte a Jonatan Almada.

“Vilches puso en marcha lo planificado con Giménez y constató el domicilio en donde la víctima se podría encontrar, entregó las armas para que otras personas cometieran el ataque y luego se encargó del pago acordado”, reprochó la acusación.

Ese día, al menos cuatro personas encapuchadas, que se movilizaban en un auto Fiat Punto rojo, pasaron por el frente del domicilio y gatillaron unas 20 veces. La mujer de 38 años resultó muerta; su hijo de 6 meses y otra chica de 22 años sufrieron lesiones por los balazos.

Verónica Almada, asesinada en un ataque que tenía como objetivo a su hermano.  

El antes y el después del plan criminal quedaron plasmados en las escuchas entre Giménez –que ya fue condenado como instigador desde la cárcel– y su compañera Vilches. Los extractos de la comunicación dieron cuenta de una tosca organización, en la que los atacantes tienen más suposiciones que certezas sobre el hombre a matar.

La materialización del ataque fue rústica. Si bien el objetivo era matar a Jonatan Almada, ninguno de los 20 disparos que partieron del auto lo alcanzó. Ni siquiera existía la seguridad de que se encontraba en el montón de gente que fue víctima de los tiros en la casa de Urquiza 6015 aquel 8 de febrero de 2022.

“Cumpa, para mí era él, seguro. El de la foto, morochito. Pero igual, lamentablemente le tumbé a todo alrededor, amigo”, se excusó el gatillero con el recluso Giménez.

Urquiza y Magallanes, la cuadra de Ludueña donde mataron a Verónica Almada.

“Amigo, dame un ratito, que ahí están averiguando y les hago llegar eso”, le dice el preso al “sicario”, acaso esperando que un tercero le confirmara que Jonatan Almada había sido asesinado para abonar lo prometido.

Verónica era la hermana de un integrante de peso en la banda de personajes notorios de la delincuencia rosarina como Matías César, Mauro Gerez, Andy Benítez, Julián Aguirre y el fallecido Cristian “Larva” Fernández, que entre 2021 y 2022 cometieron homicidios y extorsiones en Ludueña y Empalme Graneros y llevaron a cabo una sangrienta disputa con otro grupo conocido como los Riquelme, actualmente en juicio oral.

Giménez, quien recibió el encargo tercerizado de atentar contra Almada, era un recluso que, a comienzos de 2021, cumplía los últimos tramos de una condena por robo calificado en la Unidad Penitenciaria N° 3, de Zeballos y Riccheri.

En mayo de ese año, en medio de un notorio descontrol en el Servicio Penitenciario que propiciaba la instigación de hechos delictivos, su nombre surgió en al menos dos investigaciones de resonancia como una especie de reclutador de mano de obra para llevar a cabo homicidios por encargo. Uno de ellos fue el de Nicolás “Fino” Ocampo, que estaba ligado al capo mafia Esteban Alvarado y fue acribillado en abril de 2021.

El otro no llegó a concretarse. Es el caso por el que terminó condenado a 11 años un empresario de suplementos dietarios que se hizo cargo de contratar, mediante intermediario, a Giménez para que sus tiratiros borraran del mapa a un ex socio.

Giménez también está condenado a 15 años por ordenar una saga de extorsiones a comerciantes de Villa Gobernador Gálvez y el sur de Rosario, con la colaboración de sus parejas de turno y mano de obra fungible de la economía delictiva. Siempre desde su celda y con celulares que eran ingresados de manera ilegal a los pabellones.