Un sumario administrativo puso la lupa sobre un médico que, según sospechan autoridades, habría robado al menos seis ampollas del Hospital Samco de la localidad santafesina de Esperanza. El hurto salió a la luz en julio de 2026 y ameritó una investigación interna que, por el momento, no arrojó resoluciones ni tuvo correlato penal. Las ampollas del opioide de fabricación legal desaparecieron del efector. Pero, para disimular la faltante, sus etiquetas terminaron en frasquitos del antiácido ranitidina, situación que fue calificada de “extrema gravedad” por la ministra del área, Silvia Ciancio.

El médico que quedó en la picota por el hurto llegó a estar internado en un centro especializado en adicciones de la provincia de Córdoba, según publicó el diario Aire de Santa Fe. Sin embargo, en diálogo con la prensa local aseguró que es “inocente” y que él mismo reportó el cambio de etiquetas y la faltante de las ampollas a los directivos del hospital, ya que era el único autorizado para suministrar el opioide sintético, utilizado en medicina como analgésico y, en ocasiones, como sustituto de la morfina.

Aunque menor y probablemente destinado al consumo personal, no hay noticias aún de una eventual imputación penal vinculada con el hurto y la alteración de las etiquetas del poderoso fármaco. Según aseguró el portal Esperanza Día X Día, la medicación no corresponde a la marca HLB Pharma, involucrada en la causa de muertes de pacientes por fentanilo contaminado, cuya totalidad de ampollas fueron retiradas, en teoría, en mayo de 2025.

En la Justicia Federal de Rosario y Entre Ríos, desde el año pasado surgieron al menos tres investigaciones penales por desvío de fentanilo y otros opioides a manos de médicos o enfermeros. En Argentina, vale aclarar, el fármaco no se vende en farmacias y se utiliza directamente en hospitales y clínicas.

Las pesquisas no expusieron a bandas organizadas, sino a personal de salud que, actuando por su cuenta, aprovechaba el acceso a estas sustancias y las sustraía. En dos casos, al menos, quedó comprobada la venta minorista. Ello deja entrever que, aunque no extendido, existe un incipiente mercado de tráfico de opioides que depende de las partidas que llegan a los centros de salud.

Días atrás, la Fiscalía desistió de seguir investigando el robo de alrededor de 60 ampollas del Hospital Iturraspe de la capital provincial, hurto detectado hace un año. Las medidas judiciales orientadas a desentrañar el origen de esa faltante resultaron infructuosas, lo que evidenció el escaso control en el manejo del fármaco.

La Argentina está muy lejos aún del estrago de salud pública que atraviesa Estados Unidos con la epidemia de fentanilo, que en 2024 reportó más de 38 mil muertes por sobredosis y duras postales de degradación social. La mayor parte de la droga que se consume en ese país, a diferencia de la Argentina, ya no es de origen legal, sino un sucedáneo producido por cárteles mexicanos, lo que aumentó la peligrosidad y el riesgo para los usuarios.

Enfermero dealer


En diciembre de 2025, un tribunal federal de Concepción del Uruguay condenó a cinco años de prisión a un enfermero de un hospital público de esa ciudad entrerriana por vender ampollas de fentanilo y otras drogas a través de la aplicación de mensajería Telegram. El trabajador, Julio Santillán, de 34 años, hacía suplencias en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Justo José de Urquiza.

La calificación penal que recayó fue pesada: comercio de estupefacientes en concurso ideal con tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, en concurso real con peculado, incumplimiento de los deberes de funcionario público y venta sin autorización de medicamentos que requieren receta para su comercialización.

El fentanilo secuestrado al enfermero entrerriano.

El fallo dejó trascender que el enfermero tenía “contactos” internos para adquirir estas sustancias. El tribunal dio por probada la venta de “ampollas de fentanilo, como así también otros psicofármacos tales como risperidona, carbamazepina y lorazepam”.

Durante la investigación, el enfermero llegó a ofrecer 30 ampollas del opioide a cambio de un millón de pesos a un cliente que, en realidad, era un policía encubierto.

En el hospital se corroboró que las 60 ampollas de fentanilo incautadas a Santillán correspondían al mismo lote que tenían en stock en el centro médico donde trabajaba el enfermero.

Santillán confesó, en una ampliación de su declaración indagatoria, que “por cuestiones económicas” tomó la decisión de retirar una ampolla de fentanilo en cada guardia que hacía en el hospital y que, cuando llegó a tener stock –las guardaba en el antebaño del ingreso a la Unidad de Terapia Intensiva–, se puso a venderlas por Telegram.

Opiodes en Wheelwright


En junio, un médico y un enfermero radicados en Wheelwright, a 170 kilómetros de Rosario, fueron imputados por tener en su casa ampollas de fentanilo y morfina, lo que les valió la calificación penal de suministro de estupefacientes fuera de los casos que indica la terapéutica, agravado por su destino ilegítimo, y ejercicio ilegal de la medicina.

El cardiólogo Martín Andrada y su pareja, el enfermero Martín P., tenían en su casa nada menos que 243 ampollas de fentanilo ya utilizadas y otras 50 ampollas de morfina sin usar, dentro de una caja fuerte, junto a material orgánico, quirúrgico y otros elementos relacionados, como vacunas inyectables, medicamentos en ampollas –diclofenac, ketorolaco, dexametasona, dipirona, metoclopramida, diazepam, difenhidramina, hioscina, penicilina y otros–, bisturíes y otros insumos médicos. El allanamiento estaba vinculado con una investigación seguida a Andrada por una millonaria estafa al Pami (Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados).

En el PAMI de Rosario


En septiembre del año pasado, Luis Benavidez, un enfermero del Policlínico PAMI II de Rosario, ubicado en Olivé 1159, terminó detenido luego de que una investigación federal detectara el robo de medicamentos de uso hospitalario, entre ellos ampollas de fentanilo.

Por esos días, le incautaron ampollas de fentanilo, bromuro de vecuronio y otros productos de uso exclusivo hospitalario, además de documentación con registros de movimientos de stock.

Su operatoria quedó al descubierto a partir de una situación trágica. Un joven rosarino de 37 años falleció en agosto de 2023 a raíz del consumo de diversas sustancias que, en parte, eran suministradas por el acusado. El padre de la víctima contó que su hijo fue hallado con una jeringa y un frasco que contenía bromuro de vecuronio –de exclusivo uso intrahospitalario para la anestesia general– y aportó documentación, el celular de su hijo y otras evidencias relevantes para el caso.

El detenido había sido una de las últimas personas en contactarse con la víctima, que lo tenía agendado en su teléfono como “Luis falopa” y “Luisfa”.

Al relatar la situación, el hombre recordó que su hijo tuvo consumos de fentanilo en 2023, hasta que fue hallado sin vida. Y advirtió que un enfermero del Pami “le vendía el fentanilo y otras sustancias de uso hospitalario como el vecuronio”, lo cual había sido advertido por quien era la pareja de su hijo.