Un investigador de causas de crimen organizado del Ministerio Público de la Acusación (MPA) describió ante el tribunal que juzga a la banda de Francisco “Fran” Riquelme un escenario de “guerra abierta” en los barrios Ludueña y Empalme Graneros entre 2021 y 2023, en el marco de una disputa territorial entre organizaciones criminales.

El abogado e investigador judicial declaró como testigo ante los jueces Gustavo Pérez de Urrechu, Natalia Benvenuto y Jorge Rodríguez en la segunda jornada del juicio oral con 15 varones en el banquillo, en el que se debate la existencia de una asociación ilícita, la autoría de seis homicidios –algunos con Riquelme señalado como instigador– además de balaceras y amenazas.

El analista sostuvo que el conflicto tuvo como trasfondo la expansión territorial de sectores vinculados a la banda de Los Monos, que históricamente operaban en la zona sur y que, desde 2020, comenzaron a proyectarse sobre otros barrios de Rosario.

Según explicó, esa expansión se apoyó en una estrategia que combinó actores detenidos y personas en libertad. Desde las cárceles, referentes de la organización oriunda de barrio La Granada captaban a internos con predicamento en distintos barrios y les proveían recursos para disputar el control territorial: armas, vehículos y logística para el despliegue de actividades delictivas, principalmente el narcomenudeo.

En ese esquema, señaló como contraparte a la estructura liderada por Esteban Lindor Alvarado, en un escenario de confrontación entre las dos principales organizaciones criminales de la ciudad.

El investigador detalló que en ese contexto surgió una alianza criminal que buscó disputar el control de los territorios dominados por la gente de Riquelme, que operaba en jurisdicción de la Subcomisaría 24ª y de la Comisaría 20ª con el visto bueno de Alvarado.

Ese grupo emergente estaba integrado, entre otros, por Mauro Gerez, Jonathan Almada y Cristian “Larva” Fernández, además de los presos Andy Benítez y Julián Aguirre, con el respaldo de Matías César, un actor vinculado a la estructura de Ariel “Guille” Cantero.

Parte de esa alianza operaba desde la cárcel y parte en libertad, en una dinámica coordinada para avanzar sobre barrios como Ludueña y Empalme Graneros.

El testigo ubicó el inicio de la escalada hacia mediados de 2021, cuando comenzaron a incrementarse los heridos por armas de fuego, las extorsiones, las balaceras y los homicidios en esa zona del noroeste.

Un punto de inflexión, según su análisis, fueron los ataques a la Subcomisaría 24ª y a la Comisaría 12ª, ocurridos en febrero de 2022, que evidenciaron la magnitud del conflicto y derivaron en la intervención de distintas áreas institucionales.

“Clima de guerra”


El momento más crítico se registró entre febrero y mayo de 2022. El investigador definió ese período como una “guerra abierta”, con una seguidilla de hechos violentos cotidianos: balaceras, enfrentamientos, domicilios atacados y personas armadas circulando incluso con chalecos antibalas.

“Se vivía un clima de guerra”, sintetizó el investigador, al describir una dinámica en la que los ataques no siempre tenían blancos precisos y terminaban afectando a vecinos.

En ese contexto, recordó que 2022 fue el año más violento en la historia de Rosario, con cerca de 300 homicidios. En particular, abril de ese año registró 36 asesinatos, el número mensual más alto del que se tenga registro.

Según su análisis, Ludueña fue el barrio más afectado ese mes y alrededor de un tercio de los homicidios estuvieron vinculados a la disputa entre la banda de Riquelme y la alianza encabezada por Gerez.

Durante su declaración, mencionó como hitos del conflicto los asesinatos de Cristian “Larva” Fernández –ocurrido en abril de 2022, luego de haber sido detenido en un procedimiento por la balacera a la Comisaría 12ª que fue declarado nulo– y de Joel Bulnette, identificado con el entorno de Riquelme.

La balacera a la 12ª, un oscuro atentando que no tiene detenidos.

También situó como antecedente el homicidio de Natalia Longhi, cometido en pasaje Franco al 2000 en enero de 2022, en un ataque cuyo objetivo habría sido un joven apodado Pachi, vinculado a ambas estructuras tras un cambio de alineamiento, lo que fue interpretado como una traición.

Es que Pachi había sido novio de una sobrina “del corazón” de Fran Riquelme y, tras la ruptura de esa relación, comenzó a acercarse a la banda de Gerez. Los intentos de ajustar cuentas con Pachi convirtieron a la cuadra de Franco al 2000 en escenario de balaceras recurrentes.

Ese tipo de episodios, sostuvo, alimentó la lógica de represalias que caracterizó la escalada violenta.

Además de los homicidios y las balaceras, el investigador señaló que la organización asociada a Gerez desplegó extorsiones a comercios de la zona como parte de su esquema de financiamiento y control, junto con la venta de estupefacientes.

En el caso de la banda de Gerez –una organización concebida en la cárcel con el sello de Los Monos–, todos los integrantes detenidos terminaron acordando penas en juicio abreviado.