El hampón rosarino Claudio Javier “Morocho” Mansilla (43) sumó otra condena a prisión perpetua este martes, al ser hallado responsable de haber mandado a matar desde la cárcel a Sergio Rubén Giménez (41) en noviembre de 2019. Junto con él fueron condenados a la pena máxima tres soldaditos de una organización que dirigía desde la cárcel y a quienes les pagó 10 mil pesos para cometer el crimen. El homicidio se inscribió en una vieja rivalidad entre Morocho y algunos integrantes de la familia Giménez, que sufrió varias bajas a lo largo de los años.
Mansilla, célebre por haber encabezado la bochornosa fuga de la cárcel de Piñero en 2021, se erigió como un actor de peso en el paño narcocriminal de la ciudad, al margen de las grandes marcas del delito, como el clan Cantero o la banda de Esteban Alvarado.
Desde fines de la década pasada, el Morocho viene sumando condenas, ya sea desde la calle o el encierro. Con fama de implacable, su territorio de influencia se enmarcó en los barrios Santa Lucía y Godoy, en el extremo oeste, donde él y su gente tuvieron un fuerte encontronazo con algunos integrantes de la familia Giménez, afincados en Misiones al 2100.
Este martes los jueces Eleonora Verón, Mariano Aliau y Nicolás Vico Gimena lo condenaron a perpetua como instigador de homicidio doblemente calificado por promesa remuneratoria y por el concurso premeditado de dos o más personas, agravado por el uso de arma de fuego. También recibió condenas por causas de tenencia de armas y encubrimiento que se le sumaron al ser recapturado en 2022.
En el mismo debate también fue condenado a la pena máxima Emanuel Damián Olmedo, coautor material del homicidio de Giménez. Ezequiel “Colo” Romero, un soldadito de la banda del Morocho, recibió 14 años como partícipe secundario. Y Damián Nahuel “Pufli” Córdoba, prisión perpetua como partícipe primario.
El plan criminal que acabó con la vida de Sergio Giménez se concretó a las 16.30 del 24 de noviembre de 2019 en un potrero de Pujato al 8000, en barrio Hostal del Sol.
Emanuel Olmedo y otro joven con pedido de captura abordaron a la víctima mientras hacía de juez de línea; uno de los dos gatilleros esperó el momento preciso y le efectuó dos disparos en la nuca que provocaron su deceso por lesión cráneo-encefálica. Todo ocurrió en medio de un torneo de fútbol barrial, frente a decenas de testigos, una tarde de primavera.
A Mansilla le endilgaron haber ideado el plan criminal y ordenado su comisión a Olmedo, otro hombre con pedido de captura activo y al menos tres personas más que aún no fueron identificadas, además de haber entregado diez mil pesos.
Olmedo participó en la ejecución material del hecho, junto con otro hombre con pedido de captura. Para el tribunal, no estuvo claro quién jaló el gatillo de la pistola que dio muerte a Giménez.
Por su parte, Ezequiel Romero “prestó una colaboración necesaria” a los autores materiales trasladándolos en una Honda Tornado negra sin dominio colocado.
Pufli Córdoba, luego del hecho y por orden del Morocho, entregó los diez mil pesos al sicario Olmedo.
Saga de ataques
Rubén Giménez era parte de un grupo que se enfrentó a la banda del Morocho por el control del barrio y la venta de drogas. Su madre, Catalina Aquino, y su cuñado Sergio Birri fueron asesinados en el marco de este conflicto.
Rubén era hermano de Fabio y de Felipe “Tartita” Giménez, los principales enemistados con Mansilla.
La condena de este martes se suma a una larga lista de causas que acumula Morocho. Entre ellas, la evasión de la cárcel de Piñero, un doble homicidio en Villa Banana, una causa federal por venta de drogas y el liderazgo de una asociación ilícita y la instigación de dos homicidios desde la cárcel de Piñero. Hoy, el hombre se encuentra alojado en una cárcel federal, bajo el régimen de alto riesgo.