Dos varones de 17 y 27 años quedaron detenidos tras allanamientos en el convulsionado barrio Toba, en el extremo oeste de Rosario. Los sospechosos están en la mira por haber disparado el 16 de febrero en el playón de Qom (prolongación de Garzón) y Aborígenes Argentinos, donde un niño de 11 años sufrió un balazo en una pierna.
Las detenciones se concretaron en un procedimiento de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas (Uval) PDI en Tacai al 6200, a escasos metros del sitio de la balacera. Los sospechosos ya estaban mencionados desde el comienzo de la investigación como presuntos autores.
El pequeño herido no sufrió lesiones de gravedad. Silvia Giorgi, vicedirectora del hospital de Niños Víctor J. Vilela, dijo: “Ingresó aproximadamente a las 20 del lunes por una herida de arma de fuego en la pierna derecha, con orificio de entrada y salida y sin lesiones óseas. Quedó internado para curaciones, pero son lesiones menores que no revisten gravedad. El niño se encuentra bien con sus familiares”.
Esa noche fueron demorados dos sospechosos que finalmente recuperaron la libertad; estarían vinculados con los ahora detenidos: los hermanos Kevin y Misael G.
Sectores del extremo oeste de Rosario signados por la postergación, como los barrios Toba y Roca y las villas El Cañaveral y La Cava, fueron escenario de episodios violentos en las últimas semanas.
El más reciente tuvo lugar en la noche del martes, cuando tiratiros abrieron fuego al voleo en Aguzzi (ex pasaje 1870) y Espinosa e hirieron a cuatro vecinos que no tendrían vinculación con tramas delictivas. Horas antes, cerca de la medianoche, una balacera en Aguzzi y Rivero ya había subido el termómetro de la tensión en la zona. El 15 de febrero, un vecino de pasaje 1821 al 6000 —a 200 metros del playón— sufrió un ataque en su casa por el que fue internado en el Heca con heridas en las piernas.
En ese marco, los escritos de contenido mafioso que los tiratiros dejaron en los hechos registrados en el ingreso del supermercado Carrefour de Chacabuco y Ocampo, en la tarde del domingo, y los tiros contra un vehículo estacionado en Zelaya al 1300 el martes hacen referencia al barrio Toba y a reclusos de la cárcel de Piñero.
Antes de ello, la zona había quedado signada por hechos de sangre que, acaso, sean parte de la misma trama.
El 13 de diciembre del año pasado, Daysi Jazmín Durán, de 16 años, y Rodolfo Claudio Cautivo, de 30, perecieron bajo una lluvia de balas en Cisnero al 6300, donde otras cuatro personas resultaron heridas. El ataque tuvo el sello de la violencia desmadrada de las disputas por narcomenudeo, en las que los daños colaterales poco importan.
No muy lejos, el sábado 15 de febrero un joven de 24 años llamado Marcelo Tomás Benítez fue ejecutado en el interior de una vivienda de Campbell al 3900, en El Cañaveral, un sector donde el narcomenudeo se transformó en una economía de subsistencia, con los riesgos que ello implica: la muerte o la cárcel.