La hazaña de Lula en Brasil, al dar vuelta una elección que parecía imposible ante Flávio Bolsonaro, abrió de este lado de la frontera una esperanza entre quienes se oponen a Javier Milei: se le puede ganar a la ultraderecha. Pero eso abre otra pregunta: ¿cómo se hace?

Algunos sectores que comenzaron a movilizarse el mismo domingo en torno a este interrogante parecen haber puesto el foco en el “Ejército de Lula”, el canal de WhatsApp que reunió cerca de 11 millones de seguidores y desde el que se organizó la batalla en las redes, un terreno donde el bolsonarismo parecía correr con ventaja. El diputado de Minas Gerais André Janones quedó consagrado por el propio Lula como el “general” de esa fuerza: repartía “misiones”, convocaba a compartir videos, impulsar publicaciones e instalar temas. Millones de personas recibían una consigna y salían a militarla en sus propias redes.

La lectura provocó una reacción bastante más rápida que las habituales discusiones de la oposición argentina: empezaron a aparecer canales que buscan repetir la experiencia. ¿Alcanza con eso? ¿No es poner el carro delante de los caballos?

El triunfo de Lula deja enseñanzas que merecen estudiarse. Pero reducirlas a la apertura de un canal de WhatsApp trae el riesgo de confundir la política con su difusión. Y de imaginar que, una vez reunidos los soldados, ya aparecerán el proyecto, la estrategia y hasta el candidato.

El Ejército del peronismo

Por ahora, dos iniciativas permiten observar cómo empieza ese intento de traducción al modo argentino.

El “Ejército del Peronismo” lanzó su convocatoria el domingo 25 por la noche, con el resultado brasileño todavía caliente. “Ahora nos toca a nosotros”, anunció ese canal de WhatsApp. Y definió su objetivo sin vueltas: “Empezamos a organizar el ejército del peronismo para ganarle a Milei en 2027”.

 Al menos desde las imágenes, el "Ejército del Peronismo" pide unidad.

La primera misión es sumar gente. La indicación es que cada seguidor debe pasarles el enlace a “cinco compañeros” para “que no quede un peronista afuera”. El primer objetivo es alcanzar los 100 mil seguidores antes del 17 de noviembre, el Día de la Militancia. Este miércoles a la mañana eran casi 50 mil.

También empezaron a anticipar para qué quieren esa fuerza. “¿Ustedes son conscientes del quilombo que podemos hacer con 15 mil cuentas en Instagram?”, escribieron el martes por la noche. Antes habían prometido que pronto comenzarían las primeras “misiones”.

Canal frentista

“Ahora Argentina”, un canal creado por Ariel Garbarz, tiene otra presentación y otra escala: este miércoles a la mañana rondaba los mil seguidores. También invoca al Ejército de Lula, pero se plantea con vocación frentista: abre el llamado a peronistas, radicales, socialistas e independientes.

Se define como un espacio “nacional, popular y democrático” para quienes rechazan las políticas de Milei, Bullrich, los libertarios, la ultraderecha y el poder de los “tecnofeudalistas”. Su convocatoria propone reunir a esa diversidad sin imponer candidaturas ni exigir pertenencia partidaria, mientras el campo nacional y popular define su representación para 2027. El mecanismo de crecimiento también apela a la multiplicación: cada integrante invita a tres personas y les propone que hagan lo mismo.

 Un flyer incluido en el canal Ahora Argentina.

Los dos canales expresan algo que existe: ganas de salir de la impotencia, de participar y de encontrar una forma de enfrentar al gobierno. Pero sus propias presentaciones dejan asomar el problema político que ningún enlace puede resolver.

¿El peronismo intentará desbancar a Milei solo? ¿Qué peronismo? ¿Se necesita una coalición más amplia? ¿Alrededor de qué propuesta? ¿Con qué conducción? ¿Qué diferencias pueden convivir y cuáles hay que resolver para construir una alternativa con posibilidades de ganarle a Milei?

En Brasil, esas preguntas tenían un trabajo político detrás.

Lula encabezó una coalición que entendió que el regreso del bolsonarismo ponía en riesgo la democracia y que defenderla exigía confluir más allá de las diferencias. La unidad tuvo una expresión muy concreta en Geraldo Alckmin: un dirigente proveniente de la centroderecha, adversario de Lula en la presidencial de 2006, que terminó como su vicepresidente y volvió a acompañarlo en esta elección.

Alckmin no se convirtió al petismo. Conservó su identidad y conserva aspiraciones propias: su nombre aparece entre los posibles sucesores para 2030. Entendió que, en esa circunstancia, había un objetivo que justificaba compartir la fórmula con su antiguo rival.

Hasta el general del ejército digital ayuda a graficar esa amplitud. Janones actualmente milita en Rede Sustentabilidade, no en el PT. La herramienta de campaña se puso al servicio de una construcción que desbordaba al partido de Lula.

La Argentina presenta otro panorama. La oposición está fragmentada, el peronismo también y no hay un liderazgo, ni del PJ ni de otro partido, que asome como competencia real a Milei.

Si esa discusión se saltea, el entusiasmo puede terminar en una colección de ejércitos: el de Cristina, el de Kicillof, el de Massa, el de los gobernadores. Todos con generales, soldados y campanita de notificaciones. Y todos convencidos de que la unidad consiste en que los demás se sumen al canal propio.

Sería una manera bastante argentina de importar la experiencia brasileña: copiar el dispositivo y dejar en la aduana el acuerdo político que lo hizo posible.

Pero hay otra enseñanza del triunfo de Lula que queda tapada cuando toda la atención se concentra en WhatsApp.

En una entrevista con Folha de São Paulo, el politólogo André Singer destacó que Lula –que es gobierno, no oposición– volvió a hablar de los problemas de los sectores populares. Ubicó ese cambio antes de la primera vuelta, en septiembre: empezó a reconocer que había productos caros en los supermercados y a plantear respuestas al avance de las apuestas en línea. Admitir esos problemas fue también, a su manera, una forma de autocrítica, algo que en estas tierras no se consigue.

Esa conexión se expresó en medidas y propuestas como el reajuste del plan  Bolsa Família, el transporte gratuito los fines de semana y la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas. Singer también subrayó la enorme movilización popular que acompañó la remontada. El canal digital fue funcional a eso.

Ese contenido le dio sentido a la difusión. Había algo para comunicar, además de la necesidad de que perdiera Bolsonaro. Había propuestas que podían salir de la conversación entre convencidos y llegar a quienes dudaban, estaban enojados o se habían alejado.

El ejército digital ayudó a llevar ese mensaje. La movilización popular le puso cuerpo. Y una coalición política ofreció una posibilidad de gobierno.

No se trata solo de seguidores

Por eso, la pregunta para la oposición argentina es bastante más exigente que cómo reunir seguidores. Es cómo construir una alternativa frentista con vocación real de disputar el poder. Qué propone para la vida de las mayorías. Qué está dispuesta a acordar. Y cuánto de los personalismos está dispuesta a dejar de lado para que ese acuerdo exista.

Por supuesto que para la oposición la disputa digital será necesaria. La Libertad Avanza juega de local en ese terreno: allí construyó buena parte de su identidad, de sus vínculos y de su manera de hacer política.

Pero abrir canales es mucho más sencillo que construir una propuesta común. Tal vez por eso lo primero avanza tan rápido y lo segundo aún espera.