Con demasiados desacuerdos internos aún, el frente oficialista Unidos era por estas horas ámbito de febriles negociaciones, con el objetivo de llegar a un proyecto que sintetice posturas para que el Senado provincial dé media sanción este jueves a una nueva ley orgánica de municipalidades. La norma es la primera y una de las más importantes de la veintena que debe votar la Legislatura para complementar y volver operativa la reforma constitucional del año pasado. Se trata de la ley que va a definir límites, alcances y condiciones en que se desarrollará uno de los principales institutos que incorporó el cambio en la Carta Magna: la autonomía municipal. Su misión es ordenar el período de transición hasta que las ciudades dicten sus cartas orgánicas, regular aquellos aspectos que no queden definidos en esos textos y funcionar como marco legal permanente para los municipios que decidan no avanzar con la miniconstitución local.

En esas definiciones se cruzan discusiones técnicas, tensiones políticas y una pregunta de fondo: ¿las ciudades serán realmente autónomas o dependerán todavía de la arquitectura que diseñe la Provincia?

Llegar a una media sanción este jueves que tenga consenso amplio —que es lo que dice buscar el Ejecutivo— no es imposible, pero sí parecía difícil. Es que aún no había este miércoles al mediodía un proyecto oficial, sino distintos borradores. Uno de ellos es el mensaje que el Ejecutivo envió en diciembre a la Legislatura para abrir la discusión; otro, el del socialismo, que plantea diferencias importantes. El bloque de senadores peronistas ingresó además su propia iniciativa, con la idea de ser parte de la norma que finalmente salga.

Pero además, intendentes y jefes comunales, tanto del oficialismo como de la oposición, también aportan sus puntos de vista en un debate donde son tantos y tan disímiles los intereses que encontrar una síntesis parece una tarea ciclópea. Algo que vienen comprobando el presidente provisional del Senado, Felipe Michlig, y los colegas que lo acompañan en la ronda de consultas que realizan con representantes de distintas localidades de la provincia y que este martes los trajo a Rosario, donde se reunieron con el intendente Pablo Javkin primero y con los concejales de Unidos después.

¿Viceintendente sí o no?

Uno de los dilemas que demuestra lo complejo que resulta construir los acuerdos es si se crea o no la figura del viceintendente. El mensaje del Ejecutivo la incorporaba para Rosario y Santa Fe con la idea de que ya en las elecciones de 2027 se voten fórmulas municipales. La idea fue avalada por los intendentes de esas ciudades, Pablo Javkin y Juan Pablo Poletti. Pero el socialismo la resistió desde un principio y deslizó sospechas de que se trata de una maniobra de Javkin que abre la puerta a una negociación con La Libertad Avanza para la fórmula municipal de 2027. Ahora, además, plantea que incluir la figura del viceintendente en una ley provincial sería avanzar sobre la autonomía municipal ya consagrada en la Constitución y, en el caso de Rosario, declarada por ordenanza.

Desde este punto de vista, lo lógico sería que la viceintendencia se defina en cada Carta Orgánica local, aunque fuentes del PS admiten la posibilidad de que se incorpore de manera transitoria en la ley, siempre y cuando haya un consenso político amplio. “La ley no debe invadir la autonomía. El espíritu es no romper los consensos amplios de la reforma constitucional”, dicen desde el partido de la rosa.

Ese consenso que el socialismo pide, dicen en el oficialismo rosarino, “ya existe” y fue expresado por la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, a Michlig en la reunión de este martes. “Ella habló en nombre de todos porque habíamos tenido una reunión previa y nadie la contradijo”, relató a Rosario3 una fuente radical que participó de ese encuentro, en el que estaban presentes los representantes socialistas Alicia Pino y Manuel Sciutto.

Desde el entorno de Javkin, en tanto, desdramatizan. Dicen que contar con viceintendente sería importante para ciudades medianas que hoy tienen presidentes del Concejo Municipal opositores, cosa que no pasa en Rosario. Y que si no se incorpora en la ley —lo que posibilitaría que exista el nuevo cargo ya desde la próxima gestión— impulsarán la creación de la figura para que se discuta durante la redacción de la Carta Orgánica, seguramente a fines de 2027 o principios de 2028.

De todos modos, en la reunión con Michlig y los senadores, Javkin afinó el plan para que la incorporación del viceintendente —como presidente del Concejo Municipal y eventual reemplazo del intendente— no sume un cargo más a la estructura política municipal: la idea es que haya un concejal menos. De prosperar, entonces, en 2027 se elegiría la fórmula de intendente y vice más 27 ediles en lugar de los 28 actuales.

¿Qué dicen en el PJ del tema? El proyecto presentado por el bloque de senadores peronistas no incorpora la figura y desde Diputados fuentes del perottismo dijeron a Rosario3 que “hay un montón de cosas importantes antes que discutir eso. Es un tema en el que está enroscado el oficialismo”.

¿Mesa de transición?

Si bien aparece como el más visible, no es el del viceintendente el único tema en disputa entre la UCR y el javkinismo con el socialismo, que no tiene poder para torcer las cosas en el Senado pero sí en Diputados, donde es el sector mayoritario dentro de Unidos.

Aunque fuentes cercanas al intendente rosarino y referentes del PS plantean una cuestión en común que acaso distancie a ambos de la Casa Gris: sostienen que cualquier avance excesivo desde la Legislatura sobre la autonomía generará conflicto.

Claro, esa crítica del javkinismo apunta también al borrador elaborado por los socialistas, que en el Palacio de los Leones es visto como demasiado reglamentarista. Y ponen un ejemplo: una propuesta para crear una mesa de transición entre el intendente electo y el saliente para consensuar las políticas municipales del último tramo de las gestiones.

“Está bueno lo de la mesa. Pero en Santa Fe las elecciones son con mucha anticipación, a veces hasta seis meses antes del traspaso. Si se hiperreglamenta la transición, el intendente electo podría condicionar al saliente demasiado tiempo. En la práctica podría generar parálisis o cogobierno anticipado. Parece que nunca hubieran gobernado la ciudad”, chicaneó una fuente cercana a Javkin.

Otras definiciones

Mientras tanto, la ley definirá un montón de otras cosas que son importantes para otras ciudades: cuántos concejales tendrán, cómo funcionarán los órganos de control, qué pasará con las actuales comunas que pasarán a ser municipios plenos y bajo qué reglas se organizarán las nuevas gestiones.

Uno de los criterios que, según coinciden distintas fuentes de Unidos, se mantuvo como línea roja en las negociaciones es no ampliar el gasto político. La escala de concejales por cantidad de habitantes sería muy similar a la actual y no implicaría una reducción ni un aumento en ciudades grandes como Rosario o Santa Fe ni la creación de “superestructuras” en las más pequeñas. En los pueblos de menos de 3.000 habitantes, los cargos seguirían siendo ad honórem. La idea, explican, es ordenar institucionalmente sin disparar el costo de la política municipal.

El cambio más relevante en localidades chicas es la transformación de las comunas en municipios con mandato de cuatro años. Ese paso, que equipara su duración con la de intendentes y gobernadores, obliga a introducir mayores equilibrios y mecanismos de control en administraciones que hasta ahora funcionaban con dinámicas más flexibles. “No se trata solo de cambiar el nombre —admiten en el oficialismo— sino de darle estabilidad institucional”.

El debate económico

Pero si el debate institucional ocupa la superficie, el de fondo es económico. Contra lo que piden intendentes y legisladores peronistas, la ley orgánica no fijaría un piso concreto de coparticipación ni un mecanismo de traspaso automático de recursos para la transferencia de competencias a las ciudades autónomas.

Pablo Corsalini, intendente de Pérez, fue uno de los voceros de esta postura del PJ. Dijo que es absurdo discutir esta norma separada de la ley de coparticipación. “Primero tenemos que ver cómo distribuir con racionalidad y sinceridad los recursos para de ahí tener previsibilidad para definir los gobiernos locales y definir qué municipalismo queremos. Ser innovador es compartir el poder y romper con el lema látigo y billetera de parte del gobierno provincial”, reclamó.

Desde su punto de vista, con el porcentaje de recaudación que reciben los municipios —según él hoy cercano al 13%— “la autonomía quedará a mitad de camino”. Y puso el ejemplo de Córdoba, que “redistribuye el 21%”.

Pero en Unidos separan los planos y en eso sí que no hay diferencias internas entre la Casa Gris y el PS. “Son dos leyes complementarias pero distintas”, dicen. Y si bien admiten que el debate sobre competencias concurrentes y financiamiento terminará alimentando la futura ley de coparticipación, creen que la discusión en curso sobre la ley orgánica servirá de cimiento para la de coparticipación.