La pelea por el financiamiento de la salud pública rosarina escaló este fin de semana y ya se convirtió en una disputa política de fondo entre el oficialismo municipal y el espacio de Juan Monteverde. Lo que en principio apareció como una propuesta de Ciudad Futura para reclamar que la Provincia se haga cargo del costo del sistema sanitario local derivó este lunes en una respuesta durísima del intendente Pablo Javkin y de su secretario de Gobierno, Sebastián Chale, que acusaron a la oposición de plantear una idea “grave”, “improvisada” y “oportunista”.
En el Palacio de los Leones interpretan que el proyecto no abre solo un debate sobre plata, sino sobre poder: si Rosario debe seguir administrando y definiendo su propia red de salud pública o si, en nombre del financiamiento provincial, termina cediendo capacidad de decisión sobre uno de los rasgos más identitarios de su modelo de gestión.
“Lo más grave es que alguien que pretende ser intendente no tenga la menor idea de lo que propone”, lanzó Javkin, en una crítica directa a Monteverde. Y fue todavía más allá: “Si eso se aplica, la ciudad no solo no tendría más autonomía, sino que por el contrario no tendríamos más hospitales, ni centros de salud en los barrios, ni hospital de emergencia, ni atención especializada como la que hoy se brinda” .
Detrás del tono encendido, la gestión municipal busca fijar una idea muy clara: que el problema no es discutir más recursos provinciales para sostener un sistema que atiende pacientes de toda la región, sino el riesgo de que ese aporte venga acompañado de una pérdida de control político y administrativo.
Qué propone Ciudad Futura
La iniciativa presentada por concejales de Ciudad Futura y firmada políticamente por Juan Monteverde parte de un diagnóstico que, en rigor, no es nuevo: Rosario sostiene con fondos municipales una red de salud pública que, por su complejidad y alcance, excede largamente la demanda de sus propios contribuyentes.
La ciudad financia hospitales, guardias, centros de salud y dispositivos especializados que reciben pacientes de Rosario, pero también del Gran Rosario y de buena parte del sur santafesino.
Sobre esa base, el proyecto impulsa una declaración del Concejo Municipal para pedirle a la Provincia que asuma el financiamiento integral del sistema de salud pública local o, al menos, que avance hacia un esquema mucho más robusto de cobertura. La tesis política de Monteverde es que la Provincia, como responsable constitucional primaria del sistema de salud, debería absorber una carga que hoy recae desproporcionadamente sobre el municipio.
Sin embargo, en el municipio sostienen que ese diagnóstico mezcla dos planos distintos. Una cosa, admiten, es reclamar más cofinanciamiento, más previsibilidad y hasta una ley que consolide el aporte provincial; otra muy distinta, afirman, es “transferir la salud pública en su totalidad”.
“Nadie financia sin querer decidir”
Ese es exactamente el punto sobre el que hizo foco Sebastián Chale. En declaraciones al programa Radiópolis, de Radio 2, el funcionario sostuvo que la propuesta de Ciudad Futura no es inocua ni meramente contable, porque si la Provincia pasa a financiar íntegramente el sistema, también pasaría a condicionar su conducción.
“Transferir la salud pública en su totalidad, incluida la atención primaria, implica ceder el gobierno de la salud pública. Nadie que financie, sostenga y pague un sistema te va a permitir que otro decida lo que uno financia”, afirmó .
La frase resume la posición del municipio: no existe financiamiento sin poder de decisión. O dicho en términos políticos: quien pone la plata termina, tarde o temprano, ordenando prioridades, habilitando inversiones, fijando límites o interviniendo en la lógica de funcionamiento.
Para la gestión local, eso rompería una tradición histórica que no adjudican a un gobierno en particular sino a la propia construcción institucional de Rosario. Chale recordó que el sistema de salud pública local no nació en los últimos años ni siquiera en la segunda mitad del siglo XX, sino que se fue armando a lo largo de más de un siglo, con decisiones, infraestructura, donaciones y planificación propia de la ciudad .
En ese marco, el oficialismo intenta presentar la discusión no solo como una pulseada presupuestaria sino como una defensa de una política pública “rosarina”, con una identidad propia que excede la coyuntura.
Uno de los elementos más importantes para ordenar la discusión es que el municipio no niega el problema de financiamiento. De hecho, Chale reconoció que existe desde hace años un esquema de cofinanciamiento con la Provincia para la mediana y alta complejidad, y hasta admitió que a la ciudad le gustaría que ese mecanismo estuviera más sólidamente respaldado por ley.
Es decir, el municipio no discute la necesidad de más aporte provincial; discute que eso implique perder capacidad de gobierno sobre la red sanitaria.
Según explicó el secretario de Gobierno, el convenio de salud pública con la Provincia fue creciendo con los años: primero se concentró en los efectores más complejos y luego se fue ampliando hasta abarcar la totalidad de los hospitales municipales. Pero, remarcó, eso no significó nunca resignar el control local sobre el sistema .
Ahí está probablemente la línea más nítida de la discusión real. El municipio podría incluso aceptar —y probablemente reclamar— más plata, más cobertura y más respaldo normativo provincial. Lo que no acepta es la idea de que esa ayuda se convierta en una suerte de “provincialización” del sistema de salud rosarino.
No es casual que Javkin y Chale hayan elegido un tono tan duro. En el oficialismo leen la propuesta de Monteverde como un movimiento que, bajo la bandera del financiamiento, golpea en un punto sensible del relato político del javkinismo: la defensa de la autonomía local y la capacidad de Rosario para gobernarse a sí misma.
El gobierno local entiene que la salud pública es una de las marcas de identidad de la ciudad y que ceder su conducción sería un retroceso institucional.
“Si quisiéramos mantener eso, habría que pedirle permiso a la Provincia”, dijo Javkin, al plantear que bajo ese esquema incluso decisiones concretas como ampliar un centro de salud o sostener determinados dispositivos quedarían sujetas a autorizaciones externas .
Chale reforzó ese mismo punto con ejemplos de gestión concreta. Mencionó la ampliación de centros de salud en barrios y la próxima habilitación de una sala de oncohematología en el Vilela como ejemplos de decisiones que, según el municipio, deben seguir tomándose en Rosario y no quedar supeditadas a una lógica provincial más distante .
Ese es, en definitiva, el corazón del argumento oficial: si Rosario deja de gobernar su sistema de salud, deja de decidir dónde invierte, qué prioriza y qué modelo sanitario quiere sostener.
La discusión tampoco es abstracta en términos presupuestarios. Chale aseguró que este año el municipio destinará cerca de un billón de pesos al área de salud y que el rubro representa alrededor de entre el 23 y el 25 por ciento del presupuesto total, mientras que en personal el peso relativo es todavía mayor, ya que más del 40 por ciento del gasto salarial está vinculado al sistema sanitario .
En lo inmediato, el proyecto de Ciudad Futura todavía debería atravesar el recorrido político e institucional en el Concejo, donde hoy no parece contar con condiciones claras para prosperar. Pero eso no significa que el tema se cierre rápido.