Javier Milei se muestra inflexible. Durante una larga entrevista concedida esta semana en la Casa Rosada, el imponente palacio presidencial de paredes rosas en Buenos Aires, el presidente argentino declaró a The Economist que las islas Malvinas son inequívocamente parte de su país. “Las Malvinas son argentinas”, afirmó mientras posaba junto a una enorme motosierra. “Defenderemos nuestros derechos de soberanía sobre las Malvinas, Georgia del Sur, las islas Sándwich del Sur y toda la zona marítima circundante”, agregó.
Tras esa charla, el jueves Milei, acompañado por su gabinete, declaró públicamente que los vientos de cambio favorecerían la reivindicación argentina sobre las islas. De ese modo hacía referencia a los comentarios realizados ese mismo día por Donald Trump, en los que parecía indicar que no iba a apoyar a Gran Bretaña en la disputa. Milei también insinuó que la Argentina impondría sanciones a cualquier empresa que intentara explotar los recursos petroleros de las Malvinas.
El Presidente solía hablar con tanta mesura sobre las Malvinas que muchos en la derecha argentina criticaban su postura. Ya no. Durante una entrevista en la que a veces se mostró enojado, el mandatario —conocido por sus gestos para llamar la atención, como llevar una motosierra al escenario y así simbolizar su intención de reducir el tamaño del Estado— repitió en varias ocasiones: “Ese territorio es nuestro”. Pero también enfatizó que buscaba dialogar con Gran Bretaña. Los argentinos no han “decidido empezar a gritar como salvajes”, afirmó.
Tampoco hubo ninguna insinuación por parte del libertario de que el país soñara con repetir la desastrosa decisión del entonces gobierno militar de invadir las islas del Atlántico Sur en 1982, lo que provocó la muerte de 907 soldados y marineros en los combates posteriores. “Pueden definir esos territorios como pertenecientes a la Argentina, pero nosotros no creemos en la guerra”, dijo.
Milei aseguró que quiere alcanzar una “solución consensuada” sobre el futuro estatus de las islas. Hizo referencia al acuerdo de Gran Bretaña con China para ceder el control de Hong Kong, antiguo territorio británico de ultramar, en 1997. “A largo plazo podemos recuperar nuestras islas. El Reino Unido lo hizo con Hong Kong, así que ¿por qué no encontrar un acuerdo para que, tarde o temprano, las islas regresen a la Argentina? Son nuestras”, marcó. El 4 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, afirmó que el apoyo británico al derecho de los habitantes de las islas a determinar su propio futuro era “inquebrantable”.
De hecho, Milei sabe que persuadir a Gran Bretaña para que cambie su postura es una tarea ardua: en un referéndum sobre soberanía celebrado en 2013, 1513 de los 1517 isleños que votaron optaron por seguir como territorio británico de ultramar (la participación fue del 92%). También sabe que existen riesgos al provocar una nueva confrontación. Al ser cuestionado sobre las desventajas de hacerlo —por ejemplo, si provoca que Gran Bretaña bloquee cualquier venta futura de armas con componentes británicos a la Argentina, o si obstaculiza un posible acuerdo de libre comercio entre ambos países—, Milei admitió: “Por supuesto, hay algunos efectos secundarios y es necesario destacarlos y considerarlos”.
La Argentina está ansiosa por atraer más inversión extranjera directa a sus sectores minero, petrolero, gasístico y agrícola. Empresas británicas, en particular el conglomerado minero Rio Tinto, ya participan. Gran Bretaña también podría influir en la forma en que el Fondo Monetario Internacional trate al gobierno libertario mientras busca restaurar la estabilidad económica en el país.
¿Por qué, entonces, el presidente argentino está intensificando su retórica sobre las Malvinas? En gran medida, esto refleja el debilitamiento de su posición política interna. En la entrevista, confirmó su deseo de buscar la reelección en octubre de 2027, escudado por sus esfuerzos radicales por controlar la inflación, reducir el tamaño del Estado, recortar los subsidios y abrir la economía al comercio internacional. Sin embargo, para disgusto de Milei, la aprobación de su gobierno por parte de los votantes ha ido disminuyendo. Las encuestas sugieren que tiene alrededor de un 50% de probabilidades de ser reelegido el próximo año. Los votantes se alegran de que la inflación haya disminuido. Pero, aun así, se quejan por la falta de creación de empleo formal, el bajo crecimiento económico, las acusaciones de corrupción contra políticos y el persistente alto costo de vida, causado en parte por la pérdida de subsidios a la energía y el transporte.
Milei también podría estar intentando afianzar los sectores más conservadores de su base electoral. En los últimos meses, se ha distanciado profundamente de su vicepresidenta, Victoria Villarruel, cercana a las Fuerzas Armadas y quien ha cuestionado su postura respecto a las Malvinas. Incluso podría presentarse como candidata contra él en las elecciones del próximo año.
La intervención de Trump sin dudas alentó a Milei. Cuando se le preguntó si ayudaría a Gran Bretaña en una disputa territorial con la Argentina por las islas, el republicano se mostró reticente. Dijo que revisa constantemente la posición estadounidense, al tiempo que observó que Gran Bretaña “no había estado allí para ayudarlo” en la guerra contra Irán. Al ser consultado sobre el enfoque geopolítico general de Trump hacia el hemisferio occidental, Milei solo ofreció un apoyo efusivo: “Lo que puedo decir es que la estrategia en cuanto a la forma en que percibe el equilibrio geopolítico es simplemente brillante”. Luego elogió a Trump, junto con Benjamin Netanyahu –primer ministro de Israel–, por sus esfuerzos en las guerras culturales “por Occidente” y sugirió que Europa debería ser “más respetuosa” con los dos.
A Milei le gustaba elogiar a Margaret Thatcher por sus reformas económicas liberales. La mayoría de los argentinos insulta a Thatcher y la ve como la líder que ordenó que se liberaran las Malvinas. Ahora parece que pulir sus credenciales nacionalistas se está volviendo más importante para Milei, a pesar de que fueron sus principios económicos los que le hicieron ganar el poder.