La imagen de padres pendientes de la pantalla del celular mientras comparten tiempo con sus hijos se ha vuelto cada vez más habitual. Sin embargo, un nuevo estudio del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare, en Pensilvania (Estados Unidos), sugiere que este comportamiento podría tener consecuencias más profundas de lo que se pensaba, especialmente durante la adolescencia.
La investigación, publicada en la revista científica Frontiers in Psychology, reveló que los adolescentes cuyos padres utilizan con frecuencia dispositivos móviles durante las interacciones familiares tienen más probabilidades de desarrollar estilos de apego inseguros. Este tipo de vínculo emocional se asocia con mayores dificultades en la salud mental y en la construcción de relaciones sanas a lo largo de la vida.
“Hace unos diez años comencé a notar comportamientos preocupantes relacionados con el uso de dispositivos por parte de los padres”, explicó Don Grant, uno de los principales autores del trabajo. Según el especialista, muchos adolescentes comenzaron a expresar en terapia sentimientos de frustración, rechazo o tristeza al percibir que debían competir con un teléfono móvil para captar la atención de sus progenitores.
El apego inseguro suele desarrollarse cuando los cuidadores son percibidos como poco disponibles o inconsistentes. Esto puede generar que los jóvenes busquen constantemente validación y seguridad en los demás o, por el contrario, eviten los vínculos afectivos para protegerse del dolor emocional. Los expertos destacan que, aunque el apego se construye durante la infancia, también puede modificarse durante la adolescencia.
Para evaluar el fenómeno, los investigadores diseñaron una herramienta denominada “escala de interferencia del apego a los dispositivos”, que mide cómo perciben los hijos el impacto del uso de pantallas por parte de sus padres en la atención, disponibilidad e interacción cotidiana. Luego aplicaron esta escala junto con un cuestionario sobre estilos de apego a una muestra representativa de 600 adolescentes estadounidenses de entre 12 y 17 años.
Los resultados mostraron que, cuanto mayor era la percepción de interferencia causada por los dispositivos, más elevados eran los niveles de apego inseguro, tanto en su modalidad ansiosa como evitativa. Para Grant, la magnitud de los hallazgos indica que se trata de una problemática mucho más extendida de lo que se creía.
Los autores aclaran que el estudio no demuestra una relación causal directa. Es decir, no puede afirmarse que el uso del celular por parte de los padres provoque por sí solo un apego inseguro. Sin embargo, advierten que, dada la presencia constante de los teléfonos móviles en la vida cotidiana, incluso pequeños efectos podrían tener consecuencias relevantes a largo plazo. Por eso recomiendan que, cuando los hijos busquen atención o interacción, los adultos respondan de alguna manera y hagan sentir que sus necesidades emocionales son reconocidas.
Fuente: SINC.