El vínculo entre obesidad e hipertensión es sumamente conocido, sin embargo, la biología subyacente fue un misterio durante décadas. Recientemente, investigadores estadounidenses provenientes de la Universidad Rockefeller identificaron ese "eslabón perdido" al cual denominaron "grasa beige". Este tejido adiposo envuelve los vasos sanguíneos, quema energía y actúa como un guardián químico que impide que las arterias se vuelvan rígidas y sensibles a las hormonas que elevan la presión arterial. Los hallazgos se publicaron en Science.
“Sabemos desde hace mucho tiempo que la obesidad aumenta el riesgo, pero ahora entendemos que no es solo la grasa en sí, sino el tipo de grasa, el que influye en cómo funciona la vasculatura”, explicaron desde el estudio.
Una enzima "remodeladora" de arterias
Los investigadores hallaron que, en condiciones saludables, esta grasa beige mantiene silenciada a la enzima QSOX1. Sin embargo, cuando la identidad "beige" del tejido se pierde (proceso vinculado a la obesidad), esta enzima termina produciéndose en exceso.
El exceso de QSOX1 actúa como un interruptor que activa un programa genético de fibrosis: las arterias acumulan tejido rígido y fibroso, perdiendo su flexibilidad natural. Además, el estudio reveló que la falta de grasa beige hace que los vasos sanguíneos sean extremadamente sensibles a la angiotensina II, una de las hormonas más potentes del cuerpo a la hora de estrechar los vasos y elevar la presión.
En pos de demostrar esta relación, los expertos usaron un modelo de "traducción inversa". En primer lugar, observaron que los pacientes con más grasa marrón padecían menos hipertensión. Luego, crearon ratones sanos aunque carecían del gen PRDM16 en sus células grasas, lo que impedía que formen grasa beige. Así, a pesar de no ser obesos, los ratones desarrollaron hipertensión de inmediato.
Hacia una medicina de precisión
Al eliminar también la enzima QSOX1 en estos ratones, los científicos lograron normalizar la función vascular y reducir la presión arterial, confirmando que esta enzima es la responsable del daño: “Cuanto más sepamos sobre estos vínculos moleculares, más cerca estaremos de concebir terapias dirigidas basadas en las características moleculares de cada individuo”.
De este modo, se descubrió por qué algunas personas con obesidad desarrollan hipertensión y otras no, a la vez que la enzima QSOX1 se visualiza como diana terapéutica prometedora para futuros fármacos de precisión.
Fuente: SINC.