En una era donde encontrar tiempo para ir al gimnasio parece una misión imposible, surgió una alternativa que está conquistando redes, medios y rutinas. Se trata del método VILPA, un acrónimo inglés que viene de "Vigorous Intermittent Lifestyle Physical Activity", o actividad física intensa intermitente integrada en la vida diaria. La filosofía es tan simple como revolucionaria, e implica transformar acciones comunes del día a día en pequeñas ráfagas de movimiento vigoroso que, acumuladas, tienen grandes beneficios para la salud.
La idea detrás del método es clareza pura. No se trata de programas complicados ni de horas en el gym, sino de meterle un poco más de intensidad a lo que ya se hace. Por ejemplo, subir por las escaleras en vez de usar el ascensor, caminar a paso firme al trabajo, apurarse un poco más para alcanzar el colectivo o incluso cargar las bolsas del súper con un ritmo más vigoroso. Estos momentos, aunque duren apenas un minuto o dos, pueden sumar hasta tres o cuatro minutos de actividad vigorosa al día y, según investigaciones, están asociados con una reducción notable del riesgo de muerte prematura y de enfermedades cardiovasculares.
Actualmente, hay estudios que muestran que incluso episodios breves de ejercicio intenso, cuando se repiten varias veces al día, están vinculados a mejores indicadores de salud que muchas rutinas tradicionales, especialmente entre personas que no hacen ejercicio formal. De este modo, dicen los expertos, no hay excusa para no moverse más.
Además, el método Vilpa logró calar hondo en un público que no se siente cómodo con la idea de “hacer ejercicio”. Al integrar el movimiento en acciones que ya forman parte de la rutina diaria (sin necesidad de equipamiento ni horas libres extra), la barrera psicológica que impide a muchos ponerse en marcha se reduce casi por completo. Así, cada vez más personas destacan cómo subir escaleras o acelerar el paso se ha convertido en su “mini entrenamiento diario”.