El mundo del fútbol, la inmensa mayoría, explotó de ėxtasis a media semana con la semifinal de ida de la Champions entre Paris Saint Germain y Bayern Munich. Es sabido, ya pasaron unos cuantos días, que el campeón defensor se impuso por 5 a 4 después de tener al gigante alemán contra las cuerdas y 5 a 2.

¿Puede alguien atreverse a poner en duda que haya sido un gran partido? Puede. No es un resultado común para una semifinal.

Una de las frases más polémicas que tiene el fútbol, una de tantas, es “el resultado perfecto es el cero a cero”, alegando la perfección en el funcionamiento de las defensas, que no pudieron ser vulneradas. Bien podría argumentarse entonces que los ataques no funcionaron. Pues entonces lejos estaría el partido de ser perfecto.

Alguna vez la frase se le atribuyó a Carlos Bilardo, aunque quien esto escribe nunca lo escuchó de la boca del ex Estudiantes. Existe cierta tendencia a vincular al doctor con ese tipo de cuestiones. Mucho más que recordar sus dos finales consecutivas en mundiales, hito inigualado hasta aquí para entrenadores argentinos en copas del mundo.

El tema se fue por las ramas.

Existirán aquellos que se horroricen por la sentencia, pero un 5 a 4 tampoco es un partido perfecto. Para que se conviertan 9 goles en el fútbol de élite es imprescindible que haya muchos errores.

PSG, actual campeón de la Champions, va por el bicampeonat. (EFE)
PSG, actual campeón de la Champions, va por el bicampeonat. (EFE)

Por supuesto que también existen exquisiteces, como la de Luisito Díaz en el último descuento de Bayern. Su control de taco fue maravilloso. Pero en el fútbol, como en cualquier deporte, existen imprevistos que marcan el desarrollo del juego.

¿Alguien podría suponer que los entrenadores no prepararon el partido? ¿Acaso alguien podría creer que no intentaron achicar el margen de error?

Fue un partido muy entretenido, muy emotivo, muy lindo de ver, pero lejos estuvo de ser perfecto como los vendedores de ilusiones de siempre intentaron promocionar. Confunden lindo con bueno. Y reservan el concepto de belleza sólo para sus parámetros.

Bayern Munich tiene un poderío impresionante como para dar vuelta la serie de local (EFE) 
Bayern Munich tiene un poderío impresionante como para dar vuelta la serie de local (EFE) 

¿Un gran espectáculo? El fútbol no es un espectáculo, es una competencia. Para ver un espectáculo hay que ir al teatro. Eso sí lo dijo Bilardo.

En todo caso se podría consensuar en que la organización de un partido de fútbol tiene un componente de espectáculo.

PSG y Bayern tienen la obligación de jugar bien. Semejantes planteles no pueden darse el lujo de defraudar. Podrían competirle de igual a igual a cualquier selección importante. Y hasta ganarle.

¿Habrán quedado extasiados los simpatizantes alemanes, cuyo equipo deberá darlo vuelta en Munich y recibió 5 goles en la ida? Seguramente no. Porque el fútbol es resultados, se inventó con esa intención.

Nada ni nadie puede contra un resultado. Ni una sociedad anónima como el PSG, ni una sociedad híbrida como el Bayern.

Los inversores suelen huir como ratas por más poderosos que sean cuando los resultados no aparecen.

También huyen y dejan los clubes a la deriva cuando los números no cierran, pero esa es una historia para otro momento.