Eran otros tiempos: Pistola Gámez a las piñas contra los ingleses en el 86. El Tula mangueando tickets y plata en España en el 82. Bebote Álvarez expulsado de Sudáfrica en 2010. Todos los bravos paseando en Qatar con andar de millo occidental. La historia de la hinchada argentina en el Mundial tiene capítulos infinitos. No siempre buenos, ya que hablamos de organizaciones que la política hizo crecer como su alter ego brutal. Pero andan, ya no manguean plata sino gastándola sin pudor. Fondos regados con rabia en los rincones más oscuros de los negocios y la clandestinidad. Si hay visa, hay Mundial, dice el autor del libro.
Juan Manuel Lugones conoce mucho de ese barro. No habla de las barras bravas desde la teoría ni desde el escritorio académico: las investigó, las denunció y las enfrentó. Abogado penalista, ex funcionario en la prevención de la violencia deportiva y hombre formado en la defensa de los derechos humanos, ahora publica Narcobarras al Mundial, un libro que propone una mirada inquietante sobre una transformación silenciosa: cómo parte del universo de las hinchadas dejó de vivir del negocio del estadio para convertirse en engranaje territorial del narcotráfico.
La investigación atraviesa barrios, conurbanos y provincias para describir un fenómeno que, según Lugones, ya no puede disimularse. El viejo jefe de tribuna mutó en administrador de esquinas, bunkers y economías ilegales. En sus páginas aparecen las conexiones entre política, violencia, drogas y fútbol; un entramado donde el “barra” y el “narco” empiezan a confundirse hasta convertirse en una sola figura.
El libro también tiene algo de advertencia. Lugones sostiene que la pandemia aceleró esa metamorfosis y que el negocio del narcomenudeo pasó a ser la principal fuente de financiamiento de muchas estructuras violentas. Ya no se trata solamente de banderas, entradas o estacionamientos: el control territorial y el dinero de la droga cambiaron las reglas del juego.
En tiempos donde Rosario conoce demasiado bien la lógica de las economías criminales y la violencia de los pasillos, la aparición de este trabajo ofrece una pregunta incómoda: cuánto del poder real de las calles ya no se decide en las tribunas, sino en las redes que mezclan fútbol, política y narcotráfico. Mucho sin duda. La bandera de Los Monos en Ñuls o el imperio del 7 de setiembre en las gradas canalla mixturan un ingreso enorme para seguir sin conflictos de flujo a la Gran Scaloneta.
— Los narcotraficantes se meten en las barras del futbol y viajaran al mundial?
— Sí, claro. De eso se trata el trabajo que publico en Narcobarras al Mundial. Hay un clásico que protagoniza el Estado Nacional diciendo “mandamos una lista de barras bravas” al organizador para que no puedan entrar a la cancha. Otro clásico es preguntarse cómo llegan al Mundial los barras bravas, o sea de dónde sacan la plata para ir al Mundial todo este grupo es de barras bravas. ¿Se las da la AFA, se los da algún club?
— Ya no lo necesitan
— Claro. Eso ya pasó en Qatar, los barras bravas ya no necesitan quién les banque el Mundial, se lo bancan solos, porque desde hace años y sobre todo después de la pandemia en la Argentina ha explotado las bandas, las organizaciones criminales en los barrios, en los conurbanos de todo el país, en los cuales están los barras bravas explotando el negocio del narcomenudeo. El mundo del fútbol, sin inocencia, sigue romantizando a las barras bravas. El narcotráfico es como un aceite que se desliza, sino lo parás en Santa Fe, se muda a las provincias linderas y así en todo el país. Nos vamos alejando de Santa Fe y lo hacemos en la provincia de Buenos Aires, pero también sucedió con la barra de talleres en Córdoba, sucedió con la barra de Godoy Cruz en Mendoza, con los dos principales equipos en Tucumán, San Martín de Tucumán y Atlético de Tucumán en Tucumán. Rosario fue el rostro anticipado del fenómeno. Narcos que manejaban barras de los clubes. Nosotros lo decíamos hace 15 años atrás. Hoy eso opera abiertamente en la provincia de Buenos Aires.
— Que contás en el texto Narcobarras?
— Cuento lo que pasó en muchas hinchadas. Por ejemplo, que la barra de Racing es una narco barra policial en este momento. Tiene su principal fuente de ingresos a través de la venta de drogas al narcomenudeo. La manejan los pibes de Racing en el barrio de Villa Corina en Avellaneda. Es una narcobarra que la policía acompaña y custodia. Los acompaña desde Villa Corina al estadio y los cuida para el ingreso. Ahí la historia es más compleja.
— ¿La policía es socia de la narcobarra?
— Claro. No lo puede hacer la barra sin la policía. Por esto te estoy diciendo, los van a buscar, los traen, los llevan, los protegen. Entonces se transforma en una narco barra policial y sobre todo en Avellaneda. En esa ciudad hay una fiscalía que es específica para cuestiones de cancha, para espectáculos deportivos. Si esa fiscalía, sabiendo esto, no hace nada, estamos en un problema grave. En Racing, por ejemplo, el Estado, la Agencia de Prevención de la Adherencia en el Deporte, instaló esa barra en la pandemia. Había una barra anterior, un día apareció en la previa y dijo a partir de este momento la barra anterior se va y los pibes de Racing van a estar acá en esta tribuna. Entonces estamos en el peor de los escenarios, por eso digo que es una narco barra policial y esto se repite en muchos lugares del país.
— Por ejemplo?
—Lo que está pasando en La Matanza donde hay bunkers manejados por la hinchada sin problemas. Hay una romantización de la barra. Y nadie hace nada.
— ¿Por qué el mundo institucional deportivo es blando con estas bandas?
—Creo que existen tres clases de dirigentes de fútbol. Hay dirigentes que confrontan con los barras, otros que tienen miedo y no hacen nada. Y otros que son cómplices y socios del conflicto. Que creen que pueden dominarlos quedándole un poquito, los tienen contentos y que van a trabajar para ellos y terminan asociándose.
— Los narcobarras van a estar en el Mundial de Estados Unidos?
— Yo creo que si llegan con su visa van a entrar a la cancha. Sucedió en el Mundial de Rusia 2018, van los listados de derecho de admisión de la Argentina, pero la federación rusa dijo si pueden ingresar a Rusia pueden ir a la cancha. Sucedió en Qatar, donde previo al Mundial de muchos de la política argentina pidió que saquen de los listados de barras a muchos de estos delincuentes y terminaron yendo al Mundial. Si llegan a tener la visa van a ir a la cancha sin duda.
— ¿Cuál es el narcobarra más pesada que tiene la Argentina?
— Están en La Matanza. Están escondidos en los barrios que son referentes de hinchadas, que no son el número uno, pero que te ponen al jefe de la hinchada. Por ejemplo, en La Matanza se habló mucho de un narco, que lo apodaban “Chaki Chan” (Nicolás Nahuel Guimil). Ese eligió al jefe de la barra de Laferrere, a la manera de los Monos en Rosario. “Yo no estoy al frente, pero yo que soy el narco te pongo a vos”. Y ese muchacho había puesto el jefe de la barra y tenía relación con la barra de Almirante Brown y tenía relación también con algún sector de la barra de Chicago, en la provincia de Buenos Aires, en la zona de La Matanza. Y entonces ya no tienen la necesidad de poner la cara, si ellos son los que van a poner a los jefes de la barra. Esos son los más peligrosos.



