En 2026, 718.712 alumnos de nivel primario en Argentina no cumplirán con el mínimo de horas de clase establecido por el Consejo Federal de Educación (CFE). El dato surge de un análisis de los calendarios escolares provinciales y revela una vez más un problema estructural del sistema educativo: el tiempo escolar sigue siendo una variable inestable.
Las provincias que no garantizan las 760 horas anuales de clase para una proporción de sus estudiantes son Santa Cruz, La Rioja, Río Negro, Tucumán, San Juan, Buenos Aires y Chubut. En algunos casos, el incumplimiento es masivo: en Santa Cruz, el 91% de los alumnos queda por debajo del piso mínimo; en La Rioja, el 87%; y en Tucumán, el 72%.
Pocas provincias cumplen con los días de clase acordados
La normativa vigente establece un mínimo de 190 días de clase, superando el piso legal histórico de 180 días fijado en 2003. Sin embargo, solo tres jurisdicciones alcanzan esa meta en 2026:
- Santiago del Estero (192 días)
- San Luis (191 días)
- Mendoza (190 días)
Otras 14 provincias no llegan a los 190 días, aunque logran cumplir las 760 horas anuales gracias a jornadas escolares más extensas. Catamarca, en tanto, queda incluso por debajo del mínimo legal de 180 días, con 178 días planificados.
Planificar no es lo mismo que cumplir
El relevamiento se basa en los calendarios oficiales publicados por las provincias, descontando feriados, vacaciones y, en un segundo escenario, las jornadas institucionales que implican suspensión de clases. No mide el tiempo real de enseñanza, que suele verse afectado por paros, ausencias docentes, problemas edilicios o condiciones climáticas.
Y ahí está uno de los puntos más críticos: Argentina no cuenta con datos públicos sobre la cantidad de días y horas efectivas de clase. No hay información sistemática sobre presentismo docente o estudiantil, ni sobre cierres de escuelas. En otras palabras, lo que figura en el calendario no siempre llega al aula.
Una tendencia que preocupa
Después de la pandemia, el promedio nacional de días de clase planificados mostró una recuperación: pasó de 178 días en 2020 a un pico de 187 en 2024. Sin embargo, en 2025 y 2026 vuelve a caer a 185 días.
El número de provincias que lograron planificar 190 días también muestra retrocesos: fueron ocho en 2025 y apenas tres en 2026. De los últimos siete años, solo en 2024 todas las jurisdicciones diseñaron calendarios que cumplían al menos con los 180 días legales.
El tiempo escolar, una deuda persistente
Especialistas coinciden en que el calendario escolar no es un trámite administrativo más, sino la base sobre la que se organiza la enseñanza. Cuando el tiempo pedagógico se fragmenta o se reduce, la continuidad de los aprendizajes se debilita, especialmente en contextos vulnerables.
Cumplir con los días y horas de clase es una condición necesaria —aunque no suficiente— para mejorar la calidad educativa. Escuelas abiertas, condiciones edilicias adecuadas, docentes formados y reconocidos, y comunidades comprometidas siguen siendo piezas clave de un rompecabezas que, año tras año, parece volver a armarse desde cero.
Lo cierto es que, mientras no exista un sistema de monitoreo efectivo del tiempo real de clase, la brecha entre lo que se promete y lo que se enseña seguirá siendo una incógnita… y una deuda con los estudiantes.



