La prima del papa Francisco, Ana Rosa Sívori, está de paso por Rosario. Este jueves visitó el Taller Protegido Rosario, donde trabajan personas con discapacidad y que hace unos meses perdieron su espacio de trabajo tras una feroz tormenta que destruyó su techo. Miembro de la congregación de las Hijas de María Auxiliadora (salesianas de Don Bosco), Ana Rosa dedicó más de 60 años de su vida como misionera en Tailandia.
Nacida en Buenos Aires en 1942, actualmente tiene 83 años. Su vocación religiosa comenzó en 1965, y al año siguiente, en 1966, fue enviada a Tailandia, donde desarrolló la mayor parte de su labor misionera.
Este jueves al mediodía visitó el Taller Protegido Rosario, el lugar para personas con discapacidad que hace unos meses perdió su histórico espacio de trabajo por una tormenta que destruyó su techo. La directora del taller, Sabrina Gatti, contactó directamente a Ana, quien este jueve conoció el nuevo lugar en el que por ahora funciona la organización, en calle Viamonte al 500. La idea es poder mudarse pronto a un espacio propio por el que luchan hace varios años.
�� Una visita muy especial en el Taller Protegido de Rosario: Sor Ana Rosa Sívori, prima del Papa Francisco y religiosa misionera salesiana, compartió un encuentro lleno de fe, cercanía y emoción con la comunidad. pic.twitter.com/mASd8bzhFg
— De12a14 (@De12a14) September 11, 2025
¿Quién es Ana Rosa Sívori?
Antes de establecerse en Tailandia, se formó en Turín, Italia, y pasó tres años en la India. En Tailandia, trabaja en la educación, gestionando escuelas católicas que atienden a una población mayoritariamente budista, con un enfoque en brindar oportunidades educativas a niñas y jóvenes.
Su comunidad en Bam Pong, Tailandia, es una de las primeras casas de las Hijas de María Auxiliadora en el país, fundada en 1933, y actualmente cuenta con 17 hermanas y una escuela con 3.200 alumnos, de los cuales solo un centenar son cristianos.
La relación con Francisco
Ana Rosa Sívori es prima segunda del papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio). El vínculo familiar se establece porque la madre de Ana Rosa y el padre del papa Francisco eran primos.
Según sus propias palabras, las familias Sívori y Bergoglio siempre estuvieron muy unidas en Buenos Aires, donde ambos crecieron. Ana Rosa relató que su padre tenía un cariño especial por Jorge Mario y solía decir que llegaría a ser Papa, una predicción que se cumplió en 2013.
Este lazo familiar se mantuvo a pesar de la distancia, con comunicación constante a través de cartas y encuentros esporádicos cuando Ana Rosa visitaba Argentina o Roma.
La relación entre Ana Rosa y el papa Francisco fue cercana y familiar, marcada por la calidez y la humildad. Durante el viaje apostólico del Papa a Tailandia en noviembre de 2019, Francisco pidió expresamente que Ana Rosa estuviera a su lado, actuando como traductora e intérprete al tailandés durante su visita
Este rol destacó su confianza en ella, no solo por su conocimiento del idioma y la cultura local, sino también por el consuelo que le brindaba su presencia en un país de mayoría budista. Ana Rosa describió la sencillez de Francisco, quien trataba a todos por igual, ya fueran budistas, católicos, jóvenes o autoridades.
Además, el Papa le enviaba regularmente paquetes de libros en inglés para sacerdotes y religiosos, y mantenían contacto telefónico, especialmente cuando ella regresaba a Argentina vía Roma.
A sus 83 años, Ana Rosa Sívori continúa su labor misionera en Tailandia, enfocada en la educación y la gestión de escuelas católicas. En Bam Pong, donde reside, su comunidad de las Hijas de María Auxiliadora administra una escuela con 3.200 estudiantes, priorizando tasas de matrícula bajas para garantizar acceso a la educación.
Su trabajo se centra en promover los valores cristianos y la educación en un contexto predominantemente budista, manteniendo buenas relaciones con la comunidad local.
Su conexión con Argentina sigue vigente a través de visitas esporádicas a su familia y su relación con el Papa Francisco. En abril de 2025, tras la muerte del Papa Francisco, Ana Rosa viajó a Roma para despedirlo, pasando un día entero en la Basílica de San Pedro, rezando y recordando a su primo.



