Las cartas ya están echadas. Lo que resta del año es un suspiro retenido tras el incómodo barbijo, al calor de este inédito y flamante verano. Sin embargo, y por desgracia, el calendario sólo marca un término convencional que nada tiene que ver con el final de la pandemia por coronavirus. Un fenómeno que signó este 2020 y que continuará, no sabemos durante cuánto tiempo más, condicionando de forma compulsiva e inconsulta, nuestras vidas.

Muertes en soledad; falta de contención al personal de salud que trabajó desbordado con todo el peso sobre sus espaldas; niños y niñas desvinculados de sus pares; adultos mayores aislados indefinidamente; economías familiares derrumbadas; deserción escolar y vulneración de derechos laborales adquiridos (con la pandemia como excusa) son sólo algunos de los rastros de un fenómeno de alto impacto para el que ningún país estaba preparado, y frente al cual, en el caso particular de Argentina, quedaron al desnudo algunos reflejos tempranos y muchas falencias posteriores.

En este texto, cuatro especialistas consultados por Rosario3 analizan críticamente los últimos 12 meses de pandemia en Argentina y apuntan cambios urgentes que contribuyan a frenar la exclusión, la pobreza, la desigualdad y el sufrimiento, además del virus.

Los primeros tiempos del Aislamiento Social
Preventivo Obligatorio en Argentina.

El triunfo del egoísmo sobre el principio precautorio

 

Para Daniel Feierstein, doctor en Ciencias Sociales, investigador del Conicet y profesor de Untref y UBA, “en los manuales de historia y en las narrativas populares, el 2020 siempre será «el año de la pandemia» y ojalá –remarca– que no sea «el año de inicio de la pandemia»; que quede allí acotada, aunque eso no podemos saberlo en este diciembre, cuando la inmunización general aparece como un deseo lejano”.

“Más allá de los números duros (nivel de muertes, de contagios, efectos en la economía, transformaciones de los hábitos, generalización del uso del barbijo) –sostiene–, lo que nos deja el 2020 es el triunfo del egoísmo por sobre el principio precautorio. Un año que comenzó con la potencia de imaginar que la salud y la vida podían ser más importantes que la economía o el confort pero que terminó demostrando que no resultaba fácil implementar dicho criterio en contextos en los que la concepción de comunidad está en cuestión ya hace muchos años y donde las acciones concertadas y cooperativas o solidarias resultan muy difíciles”.

las acciones concertadas y cooperativas o solidarias resultan muy difíciles.

Feierstein señala que “el gobierno nacional implementó algunas decisiones buenas, como la cuarentena temprana con pocos casos, el pertrechamiento rápido del sistema de salud, el intento de contención económica de los sectores más vulnerados; y otras muy malas: el manejo de los repatriados, la incapacidad para contener la irradiación de contagios desde el Amba a todo el país, la incomprensión de la importancia de los rastreos de contactos estrechos y el testeo de asintomáticos, la inexistencia de campañas de promoción o reducción de daños, la falta de cumplimiento de las medidas de cuidado por las propias autoridades”.

“Pero –subraya– la mayor derrota de la sociedad argentina se encuentra en su incapacidad para construir respuestas colectivas de cuidado que involucraran tanto el aspecto sanitario como el económico-social. Más allá de la acción dispersa de miles de organizaciones sociales en los territorios o de la conformación de equipos autónomos de trabajo multi o transdisciplinarios, el principio precautorio no logró instalarse masivamente y el relajamiento de los cuidados (sumado a una pésima información) impidió la posibilidad de controlar la propagación masiva del virus con sus consiguientes efectos de contagio, muerte o secuelas que todavía desconocemos, poniendo además en permanente stress al sistema de salud”.

“Esto –señala– es un resultado que no solo afecta las respuestas ante la pandemia o ante una posible segunda ola, sino que constituye un aprendizaje triste para la próxima catástrofe. Si lo que prima en una sociedad es que cada quien hace lo que quiere o puede sin preocupación alguna por el bien común, la disolución del lazo social se profundiza y genera peores condiciones para enfrentar cualquier desafío futuro”.

Por eso, insiste en que “la deuda para el 2021 que se inicia será la capacidad de llevar a cabo una reflexión crítica sobre lo que pudimos y no pudimos hacer como sociedad ante el coronavirus: condición indispensable para aprender de nuestros errores y nuestras derrotas y ser capaces de reaccionar mejor la próxima vez”.

Pero eso “jamás ocurre de modo espontáneo y la chance será si seremos capaces de llevar a cabo este balance crítico y confrontarnos con nuestras propias miserias, límites y errores, como un modo de generar la posibilidad de ser un poco mejores la próxima vez”.

De “contacto interdicto” al “contacto relajado"

 

Para la doctora en Comunicación de la UNR, Sandra Valdettaro, “la pandemia nos colocó, al principio, en un estado de consternación muy profundo y si bien los primeros meses fueron los de las grandes metáforas que trataban de explicar la excepcionalidad del fenómeno y la emergencia de una serie de rituales (como los aplausos a las 21) como táctica de reposición del contacto interdicto”, luego la situación se fue modificando.

la pandemia nos colocó, al principio, en un estado de consternación muy profundo.

“Con el paso de los meses, se fue produciendo una adaptación y consolidación de nuevos comportamientos de vida en pandemia. En el distanciamiento actual se advierten tanto conductas de corrección como de relajamiento que implican un riesgo” tanto para quien se relaja como para sus contactos estrechos.

El apoyo inicial de los ciudadanos a los profesionales de la salud
que pronto se diluyó.

“Creo que muchas de las cuestiones aprendidas durante este período van a quedar en un posible mundo post-pandemia, principalmente aquellas relativas al cuidado de sí y las que tienen que ver con las ventajas que fuimos detectando en el uso intensivo de la digitalización”, explicó la profesional.

“El 2021 tiene que comenzar con cambios en el equipo de gobierno"

 

Según el doctor en Ciencia Política de la UBA, Julio Burdman, 2020 fue “uno de los peores años que podamos recordar. Fue durísimo para todo el planeta y da la impresión de que para Argentina fue aún peor”, asegura y describe la situación de la economía interna.

“Arrancamos el año con una complicación en la renegociación de la deuda, que finalmente logramos cerrar en términos razonablemente buenos, aunque el panorama financiero argentino sigue siendo incierto porque no está claro cómo haremos para contar con los dólares para pagar la deuda renegociada y producir en los próximos años. Luego comenzó la pandemia y en un primer momento, todos tuvimos la ilusión de que la Argentina estaba haciendo bien las cosas y que el resultado sería en nuestro país, menos catastrófico que en los países vecinos. Sin embargo, eso no fue así. Los resultados fueron tan malos como en el resto de los países, o aún peores y nos dejó la sensación de que todo el esfuerzo que hicimos durante la cuarentena, el aislamiento obligatorio y las medidas durísimas en materia de educación y otros servicios que fueron suspendidos fueron en vano”, señaló Burdman.

El impacto de las medidas restrictivas prolongadas sobre el comercio.

“A mi criterio –señala– el gobierno de Alberto Fernández finaliza este año con una evaluación más bien desfavorable porque Argentina terminó teniendo resultados peores que otros países no sólo en cuanto al PBI, sino también con respecto al resto de los indicadores sociales. Vamos hacia una pobreza del 50 por ciento para las próximas mediciones, con mucha gente que abandonó la educación pública, aumento del desempleo y caída de la producción”, puntualiza.

Y añade: “la propia vicepresidenta Cristina Kirchner habló de funcionarios que no funcionan. Es decir que habilitó un análisis desde el mismo oficialismo sobre un rendimiento de las áreas de gobierno que fue dispar”.

Cristina Kirchner habilitó el análisis sobre el funcionamiento dispar de las áreas de gobierno

“Yo creo que las áreas que trabajaron la gestión política de la coalición (la coalición está unida y se tendieron puentes de diálogo a la oposición), el ministerio de Economía (renegociación de la deuda) y el de Defensa (movilización del aparato militar para asistencia en el marco de emergencia, puesta a disposición del hospital militar para la prueba de la vacuna Pfizer, disposición de las fábricas vinculadas al sistema productivo de la defensa para fabricar barbijos e insumos hospitalarios) tuvieron buenos desempeños en este contexto. Otros ministerios, en cambio, como el de Educación, tuvieron desempeños calamitosos, porque se decidió cerrar el sistema y se terminó con un millón y medio de chicos que salieron del sistema educativo”, remarca el profesional.

Burdman insiste en que “2021 tiene que comenzar con un cambio en el gobierno. Algunas figuras deberán ser reemplazadas por otras para que el oficialismo pueda encarar la campaña electoral, ya que hoy el peronismo enfrenta una evaluación negativa por parte de la población en muchos aspectos de la política pública”.

Finalmente, el analista evalúa el efecto que podrá tener el tratamiento del proyecto de Ley de aborto, de cara a un año electoral: “Diciembre cierra con el tratamiento del proyecto de Ley de aborto legal en la Cámara de Diputados, lo cual puede verse como un éxito del presidente de la Nación quien propuso esto en la campaña electoral y cuya marca registrada son los temas de género en las políticas públicas. No obstante, hay que evaluar el impacto de esto en el oficialismo, ya que el tema «aborto legal» no une”.

“Para algunos sectores –admite– es una conquista; y para otros, un motivo de disidencia política fuerte. Por lo tanto, si bien el tratamiento de este tema puede verse como un éxito para el presidente, también implica un riesgo, ya que en algunas provincias –sobre todo del norte del país, donde la posición frente al aborto es mayoritariamente contraria– parte del electorado del peronismo, pueda verse tentada a votar a la oposición. No sólo por el aborto legal en sí, sino también porque pueden verlo como la frutilla del postre del año 2020 que finalizó con una evaluación negativa en muchos otros aspectos”.

“La idea de salud separada de salud mental conduce a nuevas formas de sufrimiento"

 

“Es imposible, y seguirá siendo así por mucho tiempo, hablar del 2020 sin que asociemos directamente a la pandemia y sus efectos; y aunque en estos días el calendario señale el fin de este año tan complejo, el otro fin, el de la crisis sanitaria, económica y social que la pandemia acarreó, permanece todavía difuso y lejano”, sostiene el vicepresidente del Colegio de Psicólogos de Rosario, Nahuel Castillo.

El profesional rescata que “aunque parezca una expresión de deseo, algunas cosas hemos aprendido. Sobre todo, que la salud y los cuidados no son asuntos meramente personales. La pandemia puso en evidencia que los procesos que hacen posible una vida más saludable siempre son colectivos, y que por tanto no hay salida viable sin acuerdos que nos incluyan a todos y a todas, con la presencia central del Estado como garante de los derechos y articulador de los distintos sectores de la sociedad”.

Este 2020 demostró también que existe una dimensión subjetiva de la salud.

“Una vida digna de ser vivida –afirma– deberá superar el sálvese-quien-pueda del tan mentado “rebaño” para dar lugar a los cuidados colectivos de la Comunidad. Esto vale tanto en la escuela, como en las familias, en los efectores de salud, en el trabajo, en la producción cultural, en los deportes y en el esparcimiento”.

Es por eso que este 2020 demostró también que “existe una dimensión subjetiva de la salud. Aquello que nos pasa, más allá del bienestar o de las enfermedades orgánicas: lo que sentimos, lo que pensamos, lo que nos afecta, lo que resuena con nuestra historia como personas y como sociedad, todo eso cuenta. Seguir sosteniendo una idea de salud separada de la salud mental es un error que sólo conducirá a nuevas formas de sufrimiento, cada vez más perniciosas” resalta Castillo.

El aislamiento indefinido y su repercusión en la salud mental.

En este sentido, apunta que “hoy se actualiza lo necesario y urgente de profundizar en la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, la cual conlleva una ampliación del campo de los derechos humanos y el cierre definitivo de los manicomios”.

El dirigente asevera que “una sociedad con justicia y con derechos es la clave para defendernos de todo lo que atenta contra la vida. Por eso, expresa su deseo de que “el 2021 nos encuentre no sólo en vías de superación de esta pandemia, sino también y por sobre todo, aunando esfuerzos para acabar con las verdaderas causas del estrago que este desastre provoca, y que no son otras que la desigualdad y la vulneración que sufren amplios sectores de nuestra sociedad. Que sea así –concluye– por una vida más feliz y con salud, para todos y todas.