No consumir carne ni ningún alimento que arrastre violencia animal, tampoco usar productos que sean testeados en ellos. El veganismo no es moda, es una filosofía de vida que cada vez más argentinos eligen.
Según una encuesta desarrollada por la Unión Vegana Argentina (UVA), la población vegana y vegetariana creció de 9 al 12 por ciento en 2020 dentro del país. Para muchos se debe al cambio de conciencia durante la pandemia, para otros se trata de cuestiones económicas. Como sea, la minoría crece.
Sin embargo todavía existen mitos y preguntas trilladas a la hora de entablar una conversación entre quienes consumen animales y quiénes no. ¿Viven a ensaladas? ¿Se enferman más por no consumir leche de vaca? O las afirmaciones que señalan algo sin consultar previamente con profesionales: no se puede ser vegana durante el embarazo; los chicos necesitan consumir lácteos; y la clásica argenta “están locos, con lo rico que es el asado”.
También se escuchan anhelos de quienes quisieran llevar una vida vegana pero que “por el tiempo”, “por el trabajo” o porque “jamás podría dejar el queso” quedan solo en eso, una idea, un deseo y sin saberlo son flexitarianos. Se trata de una nueva categoría según la UVA, que podría pararse sobre la grieta entre veganos y carnívoros.
Los flexitarianos son aquellas personas que antes disfrutaban mucho del asado pero que por diferentes motivos comenzaron a disminuir su consumo de carnes. Pasaron de comer todos los días bifes, supremas o milanesas a hacerlo solo una vez por semana.
Si se quiere, se puede
Lucía tiene 32 años. Es mamá de Fidel de 18 meses. Ambos forman una familia vegana. Ella lleva este estilo de vida desde hace cinco años y cursó los 9 meses de embarazo sin ningún problema, consultando con profesionales de la salud como corresponde. “Tomaba un suplemento vitamínico pero era el mismo que toma cualquier mujer con otra postura alimentaria. Hoy en día, ambos tomamos Vitamina B12. Básico para cualquier persona vegana o vegetariana”, cuenta.
El día de ambos comienza desayunando frutas. También “a veces le doy alguna tostada integral untada con humus casero, o mantequilla de maní, o aceite de coco. Otras veces desayunamos faina o algo salado que haya sobrado. O le hago muffins de frutas o budín. Después al jardín se lleva algo de eso para vianda. O yogurt de coco que le encanta”, dice Lucía.
Para la hora del almuerzo, Fidel generalmente come fideos de legumbres con verduras y su mamá no niega que cuesta incorporar algunas, como sucede en muchas otras casas.
Ella opta por almorzar ensaladas con más cosas crudas o mezclar con legumbres. “Al trabajo me llevo frutas y una ensalada similar a la del mediodía para la noche, variando fuente proteica en lo posible. Trabajo 8 horas fuera de casa, de 15 a 23”. Y con esa última oración confirma que el tiempo no puede ni debe ser excusa.
Lucía, al igual que la gran mayoría de personas veganas, realiza sus compras en dietéticas y verdulerías. Al respecto cuenta que pisa el supermercado solo “para comprar productos de limpieza o pañales y a veces ni para eso”.
Lo que ve atractivo en las dietéticas es que puede comprar por ejemplo legumbres por kilo, frutos secos, distintos tipos de harinas y semillas y sumarle algún alfajorcito o barrita natural para su hijo.
Con respecto a la crianza vegana que lleva adelante con Fidel, Lucía afirma: “Me parece importantísimo darle toda la información a los niños, y que ellos decidan para su futuro. Sé que Fidel va a hacer lo correcto porque la empatía es algo con lo que se nace. Los niños aman a los animales, ¿por qué se los comerían? Se puede ser vegano sin ser rico, no necesitamos productos caros, eso puede ser ocasional. El futuro debe ser vegano. Tengo fe”.
Otra es la historia de Sofía, vegetariana desde 2015 y vegana desde 2019, quien considera que una vez que se entiende el porqué del veganismo, dejar de consumir animales es fácil. Y afirma que “es crucial entender que es muy sencillo vivir una vida libre de crueldad animal.”
Con respecto al cambio alimenticio, ella considera que cuesta más lo que juzga la sociedad a lo desconocido que el hecho en sí de modificar las comidas. “Es un proceso, vas aprendiendo a hacer comidas y a comer sin dañar. Saber que uno está haciendo bien las cosas por un bien común es reconfortante”.
A la hora de salir a comer por Rosario, cuenta que antes era más complicado orque no había variedad en los menúes, pero hoy “hay más bares con opciones por lo que podés optar por decir a tus amigos que te acompañen a lugares que sabes que tenés un plato rico que no es solo ensalada".
Sofía menciona también que en la ciudad para poder encontrar bares, dietéticas y emprendimientos veganos, existe un excel que creo una organización llamada "Cubo de la Verdad Rosario" que muestra dónde están esos lugares sin esclavitud animal.
Hace un tiempo se sumó a la movida Rico y Vegano, una cuenta de Instagram que aporta contenido similar. “El veganismo rechaza todo tipo de explotación animal, lo que no significa tener que vivir a lechuga y tomate, hay infinidades de recetas, emprendimientos y lugares en la ciudad con opciones basadas en plantas, que igualan o mejoran sabores que creías que no ibas a comer nunca más al hacerte vegano. Empanadas, sushi, hamburguesas, picadas, pizzas, tortas, facturas, helados”, menciona Valentina, quien lleva adelante la red social.
Rosario cuenta con la primera distribuidora de alimentos cien por ciento vegana, lo cual facilita conseguir comida sin derivados de animales en almacenes, kioscos y bares.
Noche de paz, noche de amor y que en tu plato no haya dolor
Una pegatina del año pasado se deja ver de a pedazos en una pared de calle Corrientes. Dice “millones de animales asesinados para celebrar un nacimiento”. Y algo de razón tiene. Navidad y año nuevo son fechas de encuentros. Por lo general se crean tradiciones familiares como dónde celebrarlas, quienes asisten y ante todo, qué se come.
El menú de las fiestas de fin de año suele ser mismo de cada diciembre. Vaca, cerdo o pollo. En el medio se encuentran las individualidades. Entre ellas el veganismo pero reversionar los platos tradicionales es posible y los resultados son sorprendentes. A continuación se describirán tres comidas que no faltan en ninguna fiesta de fin de año pero sin ingredientes derivados de animales.
Panza llena, corazón contento y animales libres
Tomates rellenos (Receta para seis unidades)
Los ingredientes que se necesitan se consiguen en cualquier dietética y verdulería. Seis tomates (o la cantidad que se pretenda cocinar), 1 taza y ½ de arroz hervido, ½ lámina de alga nori, 3 cucharadas de mayonesa vegana, 100 gramos de garbanzos cocidos, 2 cucharadas de jugo de limón, un poco de aceite y sal a gusto.
El procedimiento es rápido y simple. Cortar el alga en pedacitos. Incorporar todos los ingredientes en la procesadora menos el arroz y los tomates. Procesar hasta obtener una pasta uniforme. Luego ahuecar los tomates y reservar la parte de adentro. Mezclar el arroz con lo extraído de la fruta y la pasta de garbanzos. Integrar bien. Condimentar y rellenar los tomates.
Cabe mencionar que también se pueden rellenar con soja texturizada.
Vitel Toné
Esta preparación demanda de más ingredientes y tiempo pero no tiene desperdicio alguno. Los detalles:
Para el seitán que rinde 550 g aproximadamente se va a necesitar una taza gluten puro, 1/4 taza harina (puede ser harina de trigo integral, 000 o harina de avena), una taza de agua, dos cucharaditas de salsa de soja. Condimentos a gusto. Puede ser ajo en polvo, cebolla en polvo, provenzal, pimentón dulce y ahumado, comino, pimienta.
Para el caldo: Cebolla, zanahoria, cebolla de verdeo, alga kombu, salsa de soja para darle color.
Para la salsa: Un taza de mayonesa vegana, 4 aceitunas o 1-2 cucharadas de alcaparras, algas nori (una hoja). Las algas son el ingrediente estrellas, van a darle el gustito típico de la salsa de vitel toné. También se va a necesitar dos cucharadas de mostaza y los opcionales que son la pimienta y ajo en polvo.
Ahora sí, manos a la obra. Empezar a cocinar el caldo. Mezclar bien el gluten con los condimentos, agregar el agua. Incorporar con una cuchara y luego con las manos hasta formar una masa que se deberá dejar descansar tapado con papel film o trapo húmedo en la heladera por 15 o 20 minutos.
Luego retirar de la heladera. Colocar sobre la mesada y darle forma cilíndrica con las manos húmedas. Ponerlo con cuidado en el caldo hirviendo y cocinar por 1 hora a fuego medio alto, con la olla semi tapada.
Dejar enfriar y licuar todos los ingredientes de la salsa. Reservar en la heladera. Cortar rodajas finas del seitán. Colocarlas sobre un plato/fuente con una base de salsa y terminar con más salsa por encima. Si se cocina de un día antes los sabores se concentran y es más rico.
Otro clásico de diciembre es el pan dulce en sus múltiples estilos, con frutas abrillantadas, con chocolate o sin ingredientes extras. Con la versión vegana sucede algo similar.
Los ingredientes serán: una taza de harina integral superfina, 3½ tazas de harina de trigo (490 grs), 7 gr de levadura seca, 2 cucharadas de azúcar mascabo, ½ cucharadita de sal, 2 cucharadas soperas de aceite de oliva o de coco, ½ taza de agua tibia, Ralladura de 1 naranja, 1 taza de jugo de naranja natural, 1 taza de frutos secos y 1 taza de pasas de uva o fruta abrillantada, chocolate o lo que prefieras incorporarle.
¿Cómo se hace? Simple. Colocar la taza de harina integral y 3 de harina de trigo (reservar media taza para más tarde) en un bol grande, añadir el azúcar mascabo, la sal y la levadura seca. Mezclar bien y formar un agujero en el centro.
En un recipiente aparte, mezclar el aceite junto con el agua, el jugo de naranja y la ralladura. Incorporar esta mezcla en la preparación anterior y mezclar hasta obtener una masa. Agregar la ½ taza de harina que quedaba y unificar hasta obtener una masa blanda.
Luego enharinar la mesada y trabajar la masa unos 10 minutos hasta conseguir que nos quede elástica, fina y homogénea. Dejar reposar la masa en un bol con la superficie previamente aceitada y taparla con un repasador en un lugar templado durante una hora aproximadamente.
Una vez haya levado, golpear la masa y estirarla formando una especie de rectángulo alargado. Colocar los frutos secos y las pasas por encima. Cerrar la masa y amasar hasta integrar.
Untar dos moldes de pan dulce con un poco de aceite, dividir la masa en dos partes iguales y colocarlas dentro de cada molde. Tapar las masas con repasadores y dejarlas reposar una hora más o hasta que hayan levado del todo. Precalentar el horno a temperatura media y hornearlo hasta que esté bien cocido. Dejarlos enfriar sobre una rejilla y ¡a disfrutar!



