El integrante de la Cámara de Supermercados de Rosario, Sergio Cassinerio, advirtió este lunes sobre el posible fin de los grandes descuentos con tarjetas de crédito en los comercios de la región, debido a un cambio en las condiciones que imponen las entidades bancarias. En un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo en la Argentina y las subas de tarifas, el referente del sector detalló cómo la crisis modificó los hábitos de compra y generó una abrupta caída en la venta de determinados productos de la canasta básica.
El conflicto central radica en la exigencia de los bancos para que los supermercados absorban el 70 por ciento del costo de los descuentos promocionales. Ante esta situación, las empresas locales podrían decidir no renovar los convenios. Cassinerio fue tajante al respecto: “Vender así es un salvavidas de plomo”. Según explicó, los comercios no están en condiciones de sostener ese margen de manera individual porque tienen “la rentabilidad más que comprometida”.
Para graficar la magnitud del problema, el empresario detalló la composición actual de los pagos en las cajas diarias. El uso del efectivo representa apenas el 15 por ciento, mientras que las tarjetas de crédito acaparan el 50 por ciento de las transacciones. El resto se divide entre billeteras virtuales, con un 20 o 25 por ciento, y tarjetas de débito. “La gente se fondeó en la tarjeta de crédito porque vale más que el efectivo mismo, o sea, con la tarjeta tengo descuento, con el efectivo no”, indicó.
El futuro de las promociones
Cassinerio pronosticó que el actual esquema de rebajas tiene los días contados. “Pienso que esto va a tener que en algún momento dejar de existir y volver a ser como es en todo el mundo, de no ofrecer semejante descuento”, sostuvo. Argumentó que, frente a índices inflacionarios cercanos al 3 por ciento mensual, “hablar de que te puedo hacer un descuento del 30 por ciento es algo que no tiene sentido”.
Además, el referente supermercadista reconoció las dificultades que atraviesan las familias para llegar a fin de mes, agravadas por los incrementos en los servicios públicos en el territorio provincial, lo que deja poco margen para el consumo masivo. “Tomás los costos de los servicios, como por decir la EPE del año pasado a este año, y vas a ver lo que es el aumento que hubo, casi del 100 por ciento; la gente obviamente que tiene el sueldo horadado”, afirmó.
Cambios en el changuito
La menor aceleración de la inflación trajo un fenómeno que los comerciantes venían extrañando: los clientes recuperaron la noción de lo que valen las cosas. “La gente hoy, al no haber tantos aumentos, empieza a tener de vuelta valores de referencia. Dice «no, esto ya aumentó, no lo llevo, busco algo más barato»”, relató Cassinerio. Esto obliga a las marcas a evitar incrementos desmedidos para no salir del radar de los compradores.
Finalmente, repasó cuáles son los artículos que desaparecieron de las compras habituales. Entre los rubros más golpeados mencionó las bebidas gaseosas, el alcohol, los snacks y los quesos. Como contrapartida, los consumidores se volcaron a líneas más económicas, fundamentalmente los farináceos, y reemplazaron las bebidas azucaradas por agua de red. En el caso de las frutas y verduras, apuntó que la demanda fluctúa según la estacionalidad y las variaciones climáticas que impactan directamente en las góndolas.



