La propuesta de proyectar este viernes la película El ansia en el cementerio El Salvador despertó repercusiones y una de las voces críticas fue la del sacerdote Daniel Siñeriz, quien cuestionó la iniciativa cultural y planteó reparos tanto desde lo simbólico como desde lo religioso.
La actividad fue organizada por el colectivo Turbio junto al artista Dante Taparelli y propone una función nocturna al aire libre entre mausoleos y galerías del histórico cementerio rosarino, con pochoclos y vermut incluidos.
En diálogo con Radiópolis (Radio 2), Siñeriz consideró que la propuesta “desdibuja” el trabajo patrimonial que Taparelli viene realizando desde hace años en El Salvador. “Me parece que es un desdibujo de lo que se pretendía hacer con todo el trabajo de Dante Taparelli. Yo creo que es una afrenta a ese trabajo”, expresó.
El sacerdote también vinculó la discusión con el estado de abandono de muchos cementerios. “El terror ya está planteado en el cementerio La Piedad como en otros cementerios donde hay una situación de abandono fenomenal”, afirmó.
En ese sentido, señaló que con el paso de los años las personas fueron perdiendo el vínculo cotidiano con esos espacios y remarcó que actualmente crecieron los cinerarios en parroquias porque muchas familias prefieren tener allí a sus seres queridos fallecidos. Incluso contó que junto a su hermana evalúan trasladar cenizas de familiares desde el cementerio de Granadero Baigorria hacia una parroquia.
“Lo que creo que este grupo pretende es que la gente se revincule con el cementerio. Me parece que ese era el objetivo, no veo que la forma sea lo mejor”, indicó.
Siñeriz aclaró que comprende ciertas expresiones culturales ligadas a la muerte, como algunas tradiciones populares del norte argentino donde aparecen figuras del diablo o la muerte durante carnavales, pero diferenció esa costumbre de la propuesta que tendrá lugar en El Salvador.
“Si me pongo en el lugar de algún familiar que tiene a alguien enterrado en El Salvador, no me gustaría. Me parece hasta una falta de respeto para las personas que están enterradas ahí”, sostuvo.
Y agregó: “El hecho de pasar una película y ponerle este ambiente de pochoclo y vermut, me parece que no condice con la seriedad del tema que hay allí”.
En la parte final de su reflexión, el sacerdote llevó el debate al plano religioso y planteó una mirada teológica sobre la muerte y la resurrección. “Para los creyentes la muerte no es la última palabra. La muerte es el parto a la plenitud de la vida”, señaló.
A partir de allí, dejó planteado un interrogante sobre el tono festivo de la actividad cultural. “Si yo hago algo festivo en todo esto, pero no sé si eso festivo es expresión de mi fe en la resurrección de los muertos, esa es la duda que me queda”, concluyó.



