Un equipo de investigadores del Conicet avanza en el desarrollo de un dispositivo digital portátil para diagnosticar hepatitis E, una enfermedad que en Argentina suele estar subdiagnosticada. La tecnología combina chips de grafeno, nanoanticuerpos e inteligencia artificial para lograr pruebas más rápidas y precisas.

El desarrollo se realizó en el marco de ViroSensAr, una red científica creada hace poco más de dos años para diseñar biosensores rápidos y portátiles capaces de detectar infecciones virales. El trabajo fue publicado en diciembre de 2025 en la revista científica ACS Sensors.

El proyecto es coordinado por el investigador Omar Azzaroni y reúne especialistas del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas, del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía y del Instituto Superior de Investigaciones Biológicas. También participa la startup tecnológica Gisens Biotech, dedicada a la bioelectrónica y la nanotecnología.

Cómo funciona el nuevo test

La base tecnológica del dispositivo es la incorporación de nanoanticuerpos específicos contra el virus de la hepatitis E en sensores fabricados con grafeno.

Los nanoanticuerpos (proteínas derivadas de animales como llamas o alpacas) son hasta diez veces más pequeños que los anticuerpos convencionales, lo que les permite reconocer con gran precisión un antígeno del virus conocido como ORF2, principal marcador de la enfermedad.

Según explicó el investigador Esteban Piccinini, por primera vez lograron integrar estos nanoanticuerpos en chips sensores de grafeno, un material extremadamente resistente y con alta conductividad eléctrica.

Esto permite que el dispositivo funcione como un sensor digital portátil, capaz de detectar rápidamente la presencia del virus.

 Así es el dispositivo.
. Así es el dispositivo.

El siguiente paso fue incorporar machine learning, una técnica de inteligencia artificial que permite que los sistemas informáticos aprendan y mejoren su rendimiento a partir de los datos.

El algoritmo, desarrollado por Gisens Biotech, permitió mejorar significativamente la precisión del test. De acuerdo con los investigadores, la sensibilidad pasó del 89% a casi el 100%, mientras que la especificidad también alcanzó valores cercanos al 100%.

Una enfermedad muchas veces no detectada

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se registran casi 20 millones de casos de hepatitis E aguda en el mundo. Aunque en muchos pacientes la infección se resuelve en pocas semanas, también puede evolucionar hacia formas crónicas o fulminantes.

Si bien Argentina es considerado un país de baja endemia, especialistas de la Sociedad Argentina de Infectología advierten que la enfermedad está subdiagnosticada, especialmente porque sus síntomas pueden confundirse con otros tipos de hepatitis.

El virus suele transmitirse por consumo de agua contaminada, aunque también se registraron contagios de animales a humanos, por ejemplo a través de carne de cerdo mal cocida o por la presencia de roedores.

Diagnósticos más simples y accesibles

Uno de los objetivos centrales del dispositivo es simplificar los estudios diagnósticos.

Los test actuales requieren análisis de laboratorio específicos y extracción de sangre venosa. El nuevo sistema, en cambio, podría funcionar con sangre capilar obtenida mediante un pequeño pinchazo en el dedo, un procedimiento mucho menos invasivo.

Esto permitiría realizar diagnósticos en centros de salud pequeños o en zonas rurales, donde muchas veces no hay equipamiento sofisticado ni personal altamente especializado.

Además, el dispositivo no solo indicaría si el resultado es positivo o negativo: también podría medir la concentración del virus en sangre, un dato clave para controlar la evolución de la enfermedad y evaluar la eficacia de los tratamientos en pacientes con infecciones prolongadas.