Un análisis con microscopía 3D de huesos hallados en la cueva de Maszycka (Polonia) demuestra un “despiece” sistemático para extraer cerebro y médula, reavivando el debate sobre violencia, ritual y conflictos territoriales en el Magdaleniense.

La cueva de Maszycka, en el sur de Polonia cerca de Cracovia, es uno de esos sitios que esperaron décadas en museos y almacenes hasta que la tecnología les dio segunda vida. La microscopía 3D de alta resolución permitió revisar 63 fragmentos óseos humanos —cráneos y huesos largos— atribuidos a por lo menos 10 individuos (seis adultos y cuatro niños). Las conclusiones, publicadas en la revista especializada Scientific Reports, son tan precisas como inquietantes: hace unos 18 mil años, en pleno Magdaleniense (Paleolítico superior europeo), varios cuerpos fueron procesados como una presa, con cortes y fracturas deliberadas orientadas a carne, médula ósea y cerebro.

     

El punto clave está en la distinción de marcas. La microscopía 3D diferencia líneas producidas por pisoteo, mordeduras animales o presión sedimentaria de patrones compatibles con herramientas de piedra. Alrededor del 68% de los huesos analizados presentaban marcas de corte o fracturas por manipulación humana, una frecuencia demasiado alta para atribuirla al azar.

Los cráneos llevan la peor parte: incisiones vinculadas al desollado del cuero cabelludo, despiece facial, y evidencias de extracción de orejas y manipulación mandibular dirigida al encéfalo, un tejido rico en grasas y calorías. Los huesos largos —fémures, húmeros— aparecen triturados “sistemáticamente” para extraer médula. No es un gesto aislado; es un patrón.

En Maszycka los huesos humanos estaban mezclados con restos de animales consumidos y residuos de ocupación, lo que aleja la hipótesis funeraria. El profesor Thomas Terberger (Universidad de Gotinga, coautor) señala que la evidencia artística del período apunta a condiciones de vida favorables, no a hambruna. Más bien, tras el Último Máximo Glacial, el crecimiento demográfico y los movimientos territoriales podrían haber elevado los conflictos por recursos. En esa línea, el canibalismo funcionaría como violencia intergrupal —“de guerra”—, un acto de dominación o humillación.

Maszycka no está sola: al menos cinco yacimientos europeos del Magdaleniense muestran prácticas similares, sugiriendo que no fue un episodio aislado, sino parte de dinámicas sociales específicas. Canibalismo no funerario, sí; necesidad extrema, probablemente no. Violencia simbólica y control territorial, cada vez más verosímil.