Buenos Aires, enviado especial de Rosario3.– La parroquia San Agustín, ubicada sobre avenida Las Heras 2560, en el barrio porteño de Recoleta, tiene una historia que se remonta a principios del siglo XX. Su arquitectura neogótica, los vitrales franceses y una torre de campanario de 42 metros forman parte de la identidad de un templo que, más de un siglo después de su construcción, guarda también un recuerdo particular. Allí se produjo el primer encuentro personal entre Jorge Mario Bergoglio y Robert Prevost, los dos hombres que años más tarde se convertirían en Papas.

Ricardo, secretario de la parroquia, estaba trabajando aquel 28 de agosto de 2004 cuando se encontró con una escena que entonces no parecía extraordinaria. Bergoglio, por entonces arzobispo de Buenos Aires, había llegado para celebrar la misa por el día de San Agustín. Prevost, que se encontraba en el país como superior general de la orden, también estaba en el templo.

La llegada de Bergoglio había sido coordinada durante los días anteriores. Según recordó Ricardo, el cardenal había visitado la parroquia la semana previa para conversar con el párroco y solicitar formalmente autorización para celebrar la misa.

Ricardo, testigo inesperado del primer encuentro de dos futuros Papas. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
Ricardo, testigo inesperado del primer encuentro de dos futuros Papas. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

El día de la celebración, Prevost bajó por el ascensor y se encontró con Bergoglio, que esperaba en el lugar. Ricardo recuerda que él mismo había avisado al párroco de la presencia del cardenal. Entonces, el religioso agustino se acercó a saludarlo.

“Hola, ¿qué tal? Yo soy Robert Prevost, el general de la orden”, fue la presentación que recuerda Ricardo. Bergoglio se levantó, lo saludó efusivamente y le respondió que iba a oficiar la misa. En medio de ese intercambio, surgió la propuesta de celebrar juntos.

“¿Celebramos?”, recuerda que preguntó uno. “Sí, dale”, respondió el otro. El párroco recibió entonces un papel que le entregó Bergoglio y los dos religiosos se dirigieron al altar.

Así, casi como una cordialidad entre dos representantes de la Iglesia que coincidieron en una celebración, quedó registrada una escena que años después adquiriría una dimensión histórica.

La foto que inmortalizó la misa con Bergoglio, luego Papa Francisco, y Prevost, ahora León XIV. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
La foto que inmortalizó la misa con Bergoglio, luego Papa Francisco, y Prevost, ahora León XIV. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

En aquel momento, uno era el arzobispo de Buenos Aires y el otro el responsable mundial de la Orden de San Agustín. Ninguno ocupaba un lugar que permitiera anticipar lo que sucedería años después.

Para Ricardo, que estaba allí trabajando como cualquier otro día, el recuerdo quedó asociado a aquella celebración. Con el paso del tiempo, la historia adquirió otro significado. “Ahí se saludaron, ese fue el primer contacto uno a uno que han tenido”, explicó a Rosario3 sobre aquel momento en el que comenzó el vínculo entre quienes luego serían Francisco y León XIV.

El secretario todavía conserva una anécdota que resume la dimensión que tomó aquel recuerdo. “Yo estaba así atendiendo gente como hoy y conozco dos Papas sin haber estado en Roma. Pocas personas pueden contar esto”, dijo con orgullo.

La parroquia de San Agustín, donde Bergoglio y Prevost se vieron por primera vez. (Alan Monzón, enviado especial Rosario3)
La parroquia de San Agustín, donde Bergoglio y Prevost se vieron por primera vez. (Alan Monzón, enviado especial Rosario3)

La misa también dejó otros recuerdos materiales. La iglesia conserva la casulla que utilizó Bergoglio durante aquella celebración y cuenta con fotografías de Prevost usando esa misma vestimenta. El altar, además, estaba especialmente ornamentado con flores por tratarse del día de San Agustín.

Diego Corbalán, vicario de la parroquia, destacó lo particular que resulta hoy estar en el mismo lugar y encontrarse con esos objetos. “Es muy loco estar acá, en este lugar donde se cruzaron dos Papas, y usar las cosas que usaron los dos Papas. Eso te hace volar un poco la cabeza”, reconoció entre risas.

El padre Diego Corbalan, vicario de la Parroquia. (Alan Monzón, enviado especial Rosario3)
El padre Diego Corbalan, vicario de la Parroquia. (Alan Monzón, enviado especial Rosario3)

La alegría de los agustinos por uno de sus hermanos

La historia tiene también una dimensión especial para la comunidad religiosa. Prevost fue durante años el superior general de la Orden de San Agustín, una responsabilidad que lo llevó a recorrer distintas comunidades del mundo y a mantener un vínculo cercano con sus integrantes.

Para Diego, la elección de León XIV fue recibida como una alegría familiar. “Qué alegría por nuestro hermano”, resumió al describir la reacción de los agustinos cuando supieron que Prevost había sido elegido Papa.

Los agustinos se preparan para recibir a León XIV, 'un hermano' de su orden. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
Los agustinos se preparan para recibir a León XIV, "un hermano" de su orden. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

El sacerdote recordó que tuvo otros encuentros con él: en 2013, cuando Prevost regresó a la Argentina durante su último año como general de la orden, y más tarde en Perú, donde participó de su profesión religiosa. En ambas oportunidades destacó su cercanía con los seminaristas.

También describió a León XIV como un hombre de diálogo, consenso y búsqueda de la unidad. Una característica que, según explicó, los agustinos reconocen en quien durante tantos años estuvo al frente de la orden.

El ingreso de la parroquia con un mensaje de bienvenida para León XIV. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
El ingreso de la parroquia con un mensaje de bienvenida para León XIV. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

Ahora, con la visita papal a la Argentina, la parroquia San Agustín vuelve a quedar ligada a aquella historia. Pero para Ricardo, el recuerdo no necesita demasiadas explicaciones. Él estaba trabajando, vio llegar a dos religiosos que terminaron compartiendo el altar y fue testigo de un encuentro cuyo significado recién se conocería muchos años después.

“Conozco dos papas sin haber estado en Roma”, repite. Y lo dice desde el mismo lugar donde, sin saberlo, empezó a formar parte de esa historia.

Una autógrafo del Papa León XIV para 'los agustinos de Argentina'. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
Una autógrafo del Papa León XIV para "los agustinos de Argentina". (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)