Pilar, provincia de Buenos Aires, enviado especial de Rosario3.– En el Monasterio de la Visitación de Santa María, en Pilar, las jornadas suelen tener una organización muy precisa. La oración, la liturgia, las tareas domésticas y el trabajo forman parte de una rutina que se repite todos los días. Sin embargo, en agosto recibieron un pedido que obligó a modificar buena parte de esa dinámica. Tenían que elaborar un millón de hostias para las misas que celebrará el papa León XIV durante su visita a la Argentina.

La propuesta llegó a través del padre Alejandro Russo, párroco de la Catedral de Buenos Aires, que se comunicó con las religiosas para consultarles si podían asumir el encargo. La respuesta inicial fue afirmativa, aunque las hermanas sabían que no sería una tarea sencilla.

“Lo primero que nos vino fue que sí, pero después le dijimos que le íbamos a contestar. Nos miramos con ella y otra hermanita que había y nos dijimos: «Sí, hagámoslo». Sabíamos que iba a ser intenso”, recordó en Telenoche (El Tres) Sor María Fátima, madre superiora del monasterio.

 Sor María Fátima en el Monasterio de Pilar. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
Sor María Fátima en el Monasterio de Pilar. (Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

El desafío se entiende mejor al conocer su producción habitual. Las religiosas elaboran alrededor de 60.000 hostias por semana. Cuando reciben pedidos más grandes, pueden realizar dos cortes y alcanzar las 120.000. Para llegar al millón solicitado, sin embargo, necesitaban aumentar considerablemente ese ritmo para llegar en tiempo. Según calcularon, desde agosto debían realizar entre tres y cuatro cortes semanales.

Turnos especiales y máquinas sin apagar

La organización habitual del trabajo también tuvo que cambiar. Las religiosas suelen trabajar de 9 a 12 y cuentan con otra hora de actividad durante la tarde. Pero el pedido para las celebraciones papales requería mucho más tiempo y esfuerzo. “Para hacer un millón de hostias empezamos a trabajar por turnos y a no apagar las máquinas”, explicó Sor María Fátima.

La tarea involucró a toda la comunidad. Las hermanas novicias tuvieron una participación especialmente importante, mientras que las religiosas mayores también colaboraron en las etapas posteriores a la elaboración para revisar las piezas, retirar las que se rompían, seleccionar las mejores, envolverlas y envasarlas.

“Las hermanas novicias, que son las que más trabajaron, creo que también vivieron una responsabilidad a la que no están habituadas, porque están recién entradas. Pero lo tomaron con mucha alegría. Además, dio una unidad especial a la comunidad por el hecho de ayudarnos”, señaló.

Parte del proceso de producción del millón de hostias para el Papa.
Parte del proceso de producción del millón de hostias para el Papa.

Para las religiosas, el esfuerzo no estuvo relacionado solamente con alcanzar una determinada cantidad de producción. La posibilidad de que las hostias elaboradas en el monasterio fueran utilizadas durante las misas del Papa le dio al encargo un significado particular.

Sor Gabriela, una de las religiosas de la comunidad, explicó que desde el comienzo hubo un entusiasmo especial por saber que el trabajo de sus manos iba a formar parte de las celebraciones de León XIV. “Más allá del trabajo era una inmensa alegría, un gran entusiasmo saber que nuestras hostias iban a estar en la misa del Santo Padre, que el Santo Padre las iba a consagrar y que eso iba a dar vida eterna a quien comulgue”, contó.

Sor Gabriela es rosarina y hace 40 años que se encuentra en el Monasterio de Pilar.(Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)
Sor Gabriela es rosarina y hace 40 años que se encuentra en el Monasterio de Pilar.(Alan Monzón, enviado especial de Rosario3)

El monasterio está integrado por 16 religiosas y diez de ellas tienen previsto salir para participar de los encuentros con León XIV. Las hermanas mayores que no puedan trasladarse tendrán horarios especiales para seguir las actividades por televisión.

La madre superiora describió el clima que se vive puertas adentro como una verdadera fiesta. La preparación para la visita incluye también los elementos prácticos necesarios para participar de las celebraciones, pero, sobre todo, una expectativa que atraviesa a toda la comunidad. “Nosotras ya preparamos todo. La visita del Papa es como si viniese Jesús. Hay un clima de mucha alegría y de oración, especialmente por la unidad de la Argentina”, contó.

Después de semanas de trabajo intensivo, las religiosas del monasterio esperan que las hostias que elaboraron lleguen a las celebraciones papales. Para una comunidad acostumbrada a una vida de silencio, oración y trabajo cotidiano, el encargo significó una oportunidad especial de participar, desde su propio oficio, de uno de los acontecimientos religiosos más importantes del año.