Mientras la crecida del Paraná genera preocupación por sus posibles consecuencias en las zonas ribereñas, el fenómeno también cumple una función fundamental para el ambiente. El aumento del nivel del agua favorece la renovación de la vegetación, recupera lagunas y cursos de agua y contribuye a la reproducción de distintas especies. 

“Todo lo que es el ambiente, el ecosistema de las islas del Paraná y todas las especies que viven en él dependen en parte de estas crecidas cíclicas”, señaló en Radiópolis (Radio 2) Damián Lescano, licenciado en Biotecnología, naturalista y técnico acuarista Paraná. En ese sentido, sostuvo que el agua aporta nutrientes, dispersa semillas y permite la renovación de ambientes que atravesaron varios años de sequía.

El especialista también destacó que muchas lagunas permanecieron secas durante cinco o seis años, en el contexto de la sequía histórica que afectó a la región entre 2020 y 2022. La llegada de agua puede contribuir a recuperar esos espacios y modificar las condiciones del ecosistema insular.

Por qué las crecientes son importantes para los peces

Uno de los efectos que Lescano resaltó es el impacto de las crecientes sobre los organismos acuáticos, desde los invertebrados hasta los peces. Según explicó, estos períodos favorecen una gran expansión de las poblaciones y resultan especialmente importantes para la renovación de especies de interés comercial.

“Las especies de peces que más nos interesan, las de consumo, las de interés comercial, su renovación de poblaciones depende de estas crecidas”, afirmó. Entre ellas mencionó al sábalo, el dorado y el surubí.

De acuerdo con el especialista, buena parte de los ejemplares de estas especies que se consumen actualmente nacieron durante la última gran crecida, registrada en 2015 y 2016. Aunque los peces tienen reproducción anual, Lescano explicó que esos procesos no tienen la misma importancia que los que se producen durante las grandes crecientes. Por eso, el comportamiento del río también influye en la renovación de las poblaciones de peces.

Las causas de las crecidas y las bajantes del Paraná

Lescano explicó que las variaciones del nivel del Paraná responden a un sistema complejo en el que intervienen tanto factores naturales como acciones humanas. Por un lado, las crecientes y las bajantes forman parte de la dinámica histórica del río. El Paraná, señaló, se caracteriza por su irregularidad: no existe una época fija en la que necesariamente suba o baje, sino que cada año presenta condiciones diferentes.

Pero también mencionó la influencia del cambio climático sobre fenómenos de escala global, como El Niño y La Niña, que tienen efectos regionales. A eso sumó intervenciones humanas más localizadas, como los terraplenes, las modificaciones en el curso del agua y los dragados, que pueden alterar su circulación.

Sobre la crecida actual, el biotecnólogo aclaró que no es especialista en meteorología. Según su lectura de la información disponible y de la evolución del río en Corrientes, el pulso actual podría ser comparable con el de 2015. Sin embargo, advirtió que nuevas lluvias en Brasil podrían generar otra crecida de mayor magnitud.

El especialista también puso el foco en cómo las personas se adaptan a los cambios del Paraná. A su entender, los años prolongados de bajante llevaron a que algunos habitantes se confiaran y comenzaran a ocupar o utilizar las islas sin prever que el agua volvería a subir.

Como contraste, mencionó a isleños y pescadores que históricamente se preparan para estos ciclos, con viviendas que pueden desmontarse y la posibilidad de trasladarse durante algunos meses si las condiciones lo requieren.

También cuestionó el crecimiento de la ganadería en las islas sin una planificación adecuada para evacuar los animales durante las crecientes. Recordó que, en episodios anteriores, la imposibilidad de trasladar grandes cantidades de ganado provocó pérdidas.