Por supuesto que el Indio Solari vive y vivirá por siempre en sus canciones, en sus geniales ocurrencias, en los mensajes encriptados de sus letras. Desde “todo preso es político” hasta “las piernas más bonitas”. Pero un artista popular de la talla de Carlos Alberto Solari también vive en las calles, en los estadios de fútbol, en las remeras compradas a la salida de los recitales a costa de resignar el sánguche y la coca que el estómago reclamaba.
En Rosario, el Indio vive en todos los lugares que el arte y la cultura popular pueden abrirse espacio. En los grafitis de las paredes de todos los barrios, en las banderas de las canchas, en los portones pintados con aerosol. Y más acá, en las historias de Instagram musicalizadas con sus inmortales estrofas.
La calva, las gafas oscuras, el mameluco, la postura chaplinesca y desafiante a la vez. El Indio sigue cantando con su garganta filosa e inconfundible en las bateas de las disquerías del centro, ahí donde tantos y tantas fueron a comprar su primer “Gulp”, “Oktubre”, “Bang Bang”, “La mosca y la sopa” o “Lobo suelto”.
Por todo eso, y por mucho más, el Indio no murió. Y sus feligreses, graciosos y valientes, irán a misa este viernes gris en todo el país. En Rosario, la convocatoria es para las seis de la tarde, nada más y nada menos que en el Monumento.



