Por Antonio Bonfatti y (*) Varinia Drisun (*)
Dentro de pocos días, Santa Fe recibirá a miles de deportistas de todo el continente. Del 12 al 26 de septiembre, nuestra provincia será sede de los XIII Juegos Suramericanos, una de las competencias deportivas más importantes de la región. Más de 4.000 atletas de 15 países competirán en 43 deportes y 60 disciplinas, principalmente en Rosario, Santa Fe y Rafaela.
Durante dos semanas tendremos la oportunidad de disfrutar de un acontecimiento extraordinario. Veremos grandes deportistas, recibiremos visitantes de toda Sudamérica y tendremos los ojos de buena parte del continente puestos sobre nuestra provincia.
Creemos, además, que debemos mirar un poco más allá.
Porque los grandes acontecimientos tienen algo inevitablemente fugaz. Llegan las delegaciones, se encienden las luces, se llenan los estadios, se baten récords, se entregan medallas y, finalmente, todos regresan a sus casas.
Por eso, la pregunta más importante no es solamente qué ocurrirá durante esos quince días.
La pregunta verdaderamente importante es qué quedará el día después.
Y quedará mucho.
Santa Fe realizó una inversión superior a los US$90 millones en infraestructura vinculada con los Juegos. Se construyeron y modernizaron estadios, centros deportivos, pistas, espacios para distintas disciplinas y Villas Deportivas. Rosario sumó, entre otras obras, un Centro Acuático y nuevos estadios; Santa Fe transformó el Centro de Alto Rendimiento Deportivo; Rafaela incorporó un estadio multipropósito, un velódromo cubierto y pistas para BMX y skate; y Recreo, un Centro de Tiro Deportivo. También se realizaron intervenciones en clubes e instituciones que serán escenarios de las competencias.
Cuando terminen los Juegos, todo eso seguirá ahí.
Las competencias duran dos semanas. Las obras pueden transformar una comunidad durante décadas.
Miles de chicos y chicas podrán practicar deportes en mejores condiciones. Clubes, federaciones y deportistas dispondrán de infraestructura y equipamiento de nivel internacional. Nuestras ciudades estarán mejor preparadas para recibir nuevas competencias. Y Santa Fe habrá incorporado un patrimonio deportivo, urbano y social que será de todos.
Ese es un gran legado. Pero hay otro que, en la Argentina que vivimos, no podemos soslayar: el trabajo.
Detrás de cada estadio, cada pista, cada vivienda y cada obra hubo trabajadores, profesionales, empresas, proveedores y servicios. Y durante los Juegos, la llegada de miles de deportistas, entrenadores, dirigentes, periodistas y visitantes significará también movimiento para hoteles, restaurantes, comercios, transportes y muchas otras actividades.
Esto ocurre en un país donde para muchísimas familias llegar a fin de mes se convirtió en una preocupación cotidiana, y donde muchas personas necesitan sumar otro ingreso a su trabajo habitual y tampoco resulta sencillo conseguirlo.
Por eso, cuando hablamos de inversión pública, no estamos hablando solamente de cemento, ladrillos o grandes edificios. Estamos hablando de trabajo, actividad económica y oportunidades.
Y también de una determinada manera de entender al Estado.
A lo largo de nuestro recorrido por la vida pública, aprendimos que gobernar no es solamente administrar lo que existe ni atender los problemas que aparecen cada mañana. Gobernar es también anticiparse. Es imaginar cómo queremos que sea nuestra provincia dentro de diez, veinte o treinta años y tomar en el presente las decisiones que permitan construir ese futuro.
Una provincia no se desarrolla esperando que las cosas sucedan. Se desarrolla cuando planifica, establece prioridades, invierte, articula esfuerzos y construye capacidades.
Los Juegos Suramericanos son una demostración de esa capacidad y una oportunidad para proyectar a Santa Fe hacia el mundo.
Los Juegos también proyectarán a Santa Fe hacia nuestra región. El deporte tiene una enorme capacidad para acercar a nuestros pueblos. Los países de Sudamérica compartimos una historia y tenemos por delante desafíos que requieren mayor integración y cooperación.
También por eso estos Juegos importan.
Santa Fe tiene una extraordinaria tradición deportiva. De esta provincia surgieron mujeres y hombres que llegaron a lo más alto del deporte mundial. Pero una sociedad no puede conformarse con celebrar a quienes lo consiguieron. Tiene la responsabilidad de generar las condiciones para que muchos otros tengan la oportunidad de intentarlo.
Infraestructura pública, clubes fuertes, espacios de encuentro, entrenadores, federaciones, educación y acceso al deporte forman parte de esas condiciones.
Hay, finalmente, una enseñanza institucional que considero fundamental.
Las grandes políticas de una provincia deben ser capaces de trascender a los gobiernos y a los nombres propios. Las diferencias políticas son legítimas y necesarias en una democracia. Pero existen objetivos que deben convertirse en políticas de Estado y sostenerse en el tiempo.
Estos Juegos son un ejemplo. Algunas de las obras y decisiones que hicieron posible llegar hasta aquí comenzaron durante las gestiones anteriores. Y corresponde reconocer fundamentalmente la decisión y voluntad del gobernador Maximiliano Pullaro y de los intendentes de las ciudades mencionadas -Pablo Javkin en Rosario; Juan Pablo Poletti en Santa Fe; Leonardo Viotti en Rafaela- de sostener este proceso, concretar las inversiones necesarias muchas de ellas en tiempo record y asumir el desafío de organizar unos Juegos de esta magnitud.
Eso es lo que debería ocurrir con las políticas importantes de una provincia.
Una obra pública no pertenece a quien la anuncia ni a quien corta la cinta. Pertenece a la sociedad que la hizo posible y a las generaciones que van a utilizarla.
Quienes tuvimos la enorme responsabilidad de gobernar Santa Fe sabemos que muchas veces se inauguran obras que otros imaginaron, se continúan proyectos que otros comenzaron y se dejan encaminadas transformaciones que otros tendrán la responsabilidad de terminar. Esa continuidad no disminuye a ningún gobierno. Al contrario: habla de la madurez de una provincia.
Por eso creo que debemos recibir estos Juegos con alegría y orgullo, pero también con una mirada larga.
Durante quince días alentaremos a nuestros deportistas, celebraremos sus triunfos, recibiremos a nuestros hermanos sudamericanos y disfrutaremos de un acontecimiento que quedará en la memoria de Santa Fe.
Pero el verdadero éxito de los Juegos comenzará a medirse cuando los Juegos hayan terminado.
Se medirá cuando un chico aprenda a nadar en una piscina construida para estos Juegos. Cuando una joven pueda entrenar en una pista que antes no tenía. Cuando un club organice una competencia que antes hubiera sido imposible realizar. Cuando una familia habite una vivienda que primero recibió a una delegación deportiva. Cuando una ciudad vuelva a recibir visitantes porque demostró que estaba preparada para hacerlo.
Se medirá, en definitiva, en todo aquello que hayamos sido capaces de dejarles a los que vienen después de nosotros.
Porque gobernar también es eso: aprovechar las oportunidades del presente para construir un futuro que quizás otros inauguren y que, finalmente, será de todos.
(*) Antonio Bonfatti es diputado provincial y fue gobernador de la Provincia de Santa Fe entre 2011 y 2015.
(*) Varinia Drisun es diputada provincial y Secretaria General Adjunta del Partido Socialista de la Provincia de Santa Fe



