La historiadora y escritora rosarina Marcela Ternavasio inauguró este jueves la Feria Internacional del Libro de Rosario 2026 con un discurso en el que recorrió la historia de los libros, la lectura y la censura. Además, planteó una serie de reflexiones sobre el presente político y cultural de la Argentina. En su intervención, cuestionó la denominada “batalla cultural”, advirtió sobre las consecuencias del desfinanciamiento de la educación y la ciencia y convocó a recuperar el valor de la palabra y el diálogo democrático.
La apertura se realizó en el Cultural Fontanarrosa, donde hasta el 18 de octubre se desarrollará una nueva edición del encuentro literario, con más de 350 actividades. La ceremonia contó con la participación de autoridades provinciales, municipales y de la Fundación El Libro, instituciones organizadoras de la feria.
Ternavasio inició su exposición agradeciendo la invitación y reconociendo que le había sorprendido la convocatoria para pronunciar el discurso inaugural, una tarea habitualmente reservada a escritores de ficción.
“Para calmar mi síndrome de impostora intenté subirme el precio y, luego de aceptar muy emocionada el convite, asumí que los historiadores también escribimos libros y textos en diversos formatos”, expresó.
A partir de allí, introdujo una de las preguntas que atravesó toda su intervención: “¿Para qué sirve la historia?”. Y explicó que consideraba oportuno recuperar esa inquietud “en una coyuntura en la que el libro y la lectura se ven amenazados por el imperativo desregulatorio de las leyes del mercado y por la beligerancia de batallas culturales que dañan desde sus cimientos el arte de la conversación pública”.
La historiadora repasó las transformaciones de la industria editorial y la ampliación del acceso a la lectura a lo largo de los siglos, pero también advirtió sobre las distintas formas de censura que acompañaron ese proceso. “La pulsión por silenciar al disidente se vehiculizó a través de argumentos y mecanismos muy variados y se proyecta como una sombra en este primer cuarto del tercer milenio”, sostuvo.
En ese sentido, señaló que las prácticas de censura no se limitan a los regímenes autoritarios. “La censura vertical, procedente del Estado o de factores de poder en gobiernos dictatoriales o autoritarios, convivió y convive con prácticas de hostigamiento más o menos estridentes –según los casos– en regímenes democráticos y con censuras horizontales como imperan hoy en las redes”, afirmó.
“Hoy, ya no hace falta leer, conocer o contar con cierto capital cultural para censurar o desprestigiar una obra, sino dar rienda suelta al prejuicio ideológico”, advirtió Ternavasio, antes de agregar: “A veces, un simple título coloca al autor o autora y a la institución a la que pertenece en el banquillo de los acusados”.
Y sintetizó esa transformación con una definición: “Hemos pasado de una censura ilustrada a una censura de la ignorancia”.
La “batalla cultural” y las críticas al Gobierno nacional
Uno de los pasajes centrales del discurso estuvo dedicado al escenario político argentino y a los cuestionamientos que, según la historiadora, reciben actualmente distintas disciplinas e instituciones vinculadas con la producción de conocimiento.
“La pregunta cobra hoy particular relevancia porque regresa, una y otra vez, ya no como producto de la ingenua curiosidad infantil. Regresa bajo la imagen de la sospecha, el prejuicio o el desprecio, haciéndose extensiva a diversos destinatarios según las circunstancias: ¿para qué sirven la literatura, el arte, la ciencia, la universidad o el periodismo?”, planteó.
Ternavasio vinculó esos interrogantes con el discurso de la denominada batalla cultural. “Regresa a través de fantasmagóricas batallas culturales, donde las palabras se convierten en armas destinadas a imponer certezas preconcebidas acerca de cómo debe ser el mundo”, sostuvo. Y continuó: “No hace falta un análisis sofisticado para descubrir que tales certezas, fundadas en un maniqueísmo providencialista, atentan contra la pluralidad y supervivencia material de la educación, la ciencia y la cultura”. La historiadora también hizo referencia directa a las decisiones del Gobierno nacional sobre esas áreas.
“Vale la pena insistir en que la metáfora bélica que encuadra el actual hostigamiento y desfinanciamiento que sufre cada una de estas áreas por parte de las máximas autoridades del Estado Nacional, pone en evidencia la asimétrica correlación de fuerzas de la supuesta batalla que promueven”, afirmó.
“Si, como dije, la responsabilidad política no está democráticamente distribuida, las consecuencias de las decisiones adoptadas por quienes nos representan derraman hacia toda la sociedad”, agregó. En otro tramo de su exposición, Ternavasio destacó la importancia del conocimiento y citó al historiador Peter Burke para advertir que “la ignorancia es un activo para las dictaduras y un pasivo para las democracias”.
Rosario y su historia cultural
La historiadora también dedicó parte de su intervención a reconstruir el desarrollo de Rosario como centro editorial y cultural, desde la llegada de la primera imprenta móvil en 1851 hasta su consolidación como ciudad portuaria.
“Rosario representa, sin duda, un caso particular dentro del mapa que configuró la nación”, afirmó, antes de recordar que Domingo Faustino Sarmiento editó la primera hoja impresa en la entonces pequeña villa durante la campaña del Ejército Grande.
Al referirse a la identidad local, destacó: “Rosario –'ciudad fenicia', 'Chicago argentina' o 'cuna de la bandera'– es, por sobre todas las cosas, una polis identitaria que supo integrar a todos y cada uno de sus apodos”.
También recuperó una anécdota familiar sobre su hija, quien cuando tenía seis o siete años quiso mostrarles el cabildo de Rosario a unos visitantes extranjeros. Ante la explicación de que la ciudad nunca había tenido uno, la niña insistió hasta que finalmente quedó claro que se refería al Monumento a la Bandera.
“Y allí fuimos, felices, a la Avenida Belgrano, a mostrar uno de los sitios emblemáticos de Rosario”, recordó.
Hacia el final del discurso, Ternavasio volvió sobre el interrogante inicial acerca de la utilidad de la historia y reconoció las dificultades para encontrar respuestas optimistas frente al presente.
“Confieso que, como historiadora, querría tener una respuesta de tono optimista ante la perplejidad que nos provoca el presente”, expresó.
Sin embargo, rechazó la posibilidad de encontrar esas respuestas en una mirada idealizada del pasado. “Estoy convencida de que la nostalgia del pasado –cualquiera sea ese pasado– no es la vía para enfrentar esta crisis del tiempo”, sostuvo.
“En un mundo que nos resulta incomprensible, no ignorar la historia supone disponer de la reserva de experiencia acumulada para intervenir en el horizonte de expectativas que modela el futuro”, agregó.
En ese marco, se refirió también a las transformaciones tecnológicas y al impacto de la inteligencia artificial sobre el lenguaje y la producción cultural.
“Ante las visiones catastrofistas que indican que estamos perdiendo el control sobre el lenguaje, que los bots de la Inteligencia Artificial hablan y piensan por nosotros, tal vez el primer paso consista en recuperar el 'don de la palabra' –como insistía Hannah Arendt– para recomponer la 'condición humana' y apostar por una vida en común”, señaló.
Finalmente, dejó una reflexión sobre la responsabilidad de quienes trabajan en la cultura. “Ante tanto griterío, prepotencia y desmesura, donde lo impronunciable perfora el umbral de lo decible, creo que nuestro mayor desafío en tanto trabajadores de la cultura es saber administrar la palabra y capitalizar la pausa creativa –como cuando escribimos o leemos un libro– en pos de construir un porvenir que ponga en valor el idioma de la democracia, el pluralismo, la igualdad y la justicia”, concluyó.
La Feria del Libro continúa hasta el 18 de octubre
La Feria Internacional del Libro de Rosario 2026 se desarrolla en el Cultural Fontanarrosa (San Martín 1080), con una programación que contempla más de 350 actividades, entre presentaciones de libros, charlas, talleres, homenajes y propuestas para las infancias.
Entre los autores y personalidades que participarán se encuentran Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri, María O'Donnell, Reynaldo Sietecase, Narda Lepes, Luis Novaresio, Selva Almada, Guillermo Martínez, Martín Kohan, María Teresa Andruetto, Santiago Siri y Juan José Becerra, entre otros.
La entrada es gratuita, pero requiere gestionar previamente un código QR personal e intransferible, válido para todos los días de la feria. El acceso a las presentaciones estará sujeto a la capacidad de cada sala y será por orden de llegada.
Los horarios son de lunes a miércoles, de 13 a 21; jueves y viernes, de 13 a 22; y sábados, de 10 a la medianoche. El domingo 11 abrirá de 13 a 22 y el domingo 18, de 13 a 21.



