Una joven rosarina de 16 años tendrá la misión de representar durante un año a una de las celebraciones tradicionales de la región. Se trata de Josefina Rodríguez, elegida Segunda Embajadora de la 47ª Fiesta Nacional de la Soja, que se realizó el pasado 2 de octubre en Arequito, Santa Fe. Con esta distinción, se convirtió en la primera rosarina en asumir esa representación.

Estudiante de cuarto año del Colegio San Miguel Arcángel y apasionada por el ballet desde los 3 años, Josefina afronta esta nueva etapa con entusiasmo y la expectativa de conocer distintos lugares, sumar experiencias y difundir la historia y los valores de la fiesta.

Su participación surgió por iniciativa propia, luego de conocer la posibilidad de formar parte de la celebración. “Cuando conocí la posibilidad de formar parte de la Fiesta Nacional de la Soja, me dieron muchas ganas de animarme y vivir la experiencia. Fue una decisión que nació en mí, porque me parecía una oportunidad muy linda para poder aprender sobre la fiesta, su historia y todo lo que representa”, contó.

La joven se presentó sin saber cuál sería el resultado, con la intención de disfrutar la experiencia. Sin embargo, el momento de la elección terminó convirtiéndose en una sorpresa inolvidable.

“La verdad que fue un momento que no me esperaba y me emocioné muchísimo. Cuando escuché mi nombre sentí una mezcla de felicidad, nervios y sorpresa”, recordó.

La distinción implica una responsabilidad que Josefina asume con orgullo. Durante los próximos 12 meses, tendrá la tarea de representar a la Fiesta Nacional de la Soja, su historia y sus raíces en diferentes actividades y encuentros.

“Para mí, con 16 años, representar a una Fiesta Nacional significa una responsabilidad enorme, pero también un orgullo muy grande”, expresó.

En ese sentido, destacó que su función va más allá de participar de los eventos vinculados con la celebración. “Siento que no solamente estoy representando una fiesta, sino también su historia, sus valores, sus raíces y a todas las personas que trabajan para que siga creciendo año tras año”, señaló.

La experiencia también representa una oportunidad de crecimiento personal y de aprendizaje. Josefina busca demostrar que la edad no es un impedimento para asumir compromisos y afrontar nuevos desafíos.

“Quiero aprovechar esta experiencia para aprender, crecer y representar a la Fiesta Nacional de la Soja con mucho respeto, responsabilidad y, sobre todo, siendo yo misma”, afirmó.

Viajes, nuevas experiencias y un año por delante

 

Como Segunda Embajadora, Josefina participará de actividades y recorrerá distintos puntos del país para representar a la celebración de Arequito. En ese camino, espera conocer nuevas personas, generar vínculos y descubrir otras realidades.

“Espero encontrar un año de experiencias nuevas. Obviamente me entusiasma muchísimo la posibilidad de viajar, conocer lugares y personas diferentes, pero lo más lindo creo que va a ser todo lo que pueda aprender en el camino”, sostuvo.

Su objetivo es aprovechar cada oportunidad y disfrutar de una etapa que promete dejarle recuerdos para toda la vida. “Quiero disfrutar cada actividad y cada viaje, tratando de representar a la Fiesta Nacional de la Soja con el mismo orgullo y responsabilidad con la que fui elegida”, agregó.

El orgullo de llevar a Rosario a todo el país

 

Aunque su nueva función está ligada a la fiesta que se celebra en Arequito, Josefina no pierde de vista sus raíces. Para ella, representar a una celebración nacional también significa llevar consigo a la ciudad donde vive, estudia y comparte su vida cotidiana.

“Para mí es un orgullo enorme porque Rosario es la ciudad donde vivo, donde estudio y donde están gran parte de las personas que me acompañan todos los días”, explicó.

Y resumió ese sentimiento con una frase que refleja el vínculo con su ciudad: “Llevaré también un pedacito de Rosario dentro mío, en cada lugar que visite”.

Además de cursar cuarto año de secundaria en el Colegio San Miguel Arcángel, Josefina está terminando sus estudios de inglés y practica ballet desde los 3 años, una disciplina que la acompaña desde la infancia.