Ante el drama humanitario de miles y miles de personas que se arrojan al mar en botes y balsas precarias en busca de un futuro mejor, en las Islas Canarias de España, uno de los puntos de destino de esos desplazamientos humanos, existe un dispositivo inédito de gestión estratégica de la migración. Un espacio creado entre la universidad, el gobierno y el poder económico local que se sustenta no en la caridad, sino en el poder que implica una buena convivencia comunitaria.

Vicente Zapata, profesor de la Universidad de La Laguna, cambió el eje de lo que suelen ser los discursos persecutorios hacia los migrantes y desplazados. En lugar de construir muros o crear policías especiales, los investigadores convencieron a los actores sociales de que la mejor salida era tener un plan articulado y corresponsable: crearon “el Programa Canarias Convive”.

Zapata contó la experiencia en el Simposio de “Migraciones, derechos humanos y discursos de odio” realizado esta semana dentro del Congreso sobre Democracia de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Las islas son un archipiélago de España que está en el océano Atlántico frente a la costa noroeste de África, a unos 100 o 200 kilómetros de Marruecos y el Sáhara Occidental, según el punto. En las últimas tres décadas, recibieron a más de 280 mil personas que llegaron en embarcaciones inseguras.

Muchos de esos migrantes y desplazados, un número indeterminado, murieron en el intento. Forman parte del difuso universo de los “migrantes desaparecidos”, una categoría de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En todo 2020, esa institución que depende de la ONU registró 850 fallecidos en la ruta y, en solo un mes, agosto de 2021, llegó a contar 379 vidas perdidas. Son cifras parciales. Desconocen la dimensión real por los “naufragios invisibles”, pequeños botes que se hunden sin dejar sobrevivientes. 

Existen organizaciones, como Caminando Fronteras, que se dedican a rastrear a quienes que se despiden de sus familiares en su país de origen y no llegan a destino. En 2022, registraron 2.390 migrantes fallecidos en sus trayectos hacia el Estado español. El fenómeno crece. En un informe de junio de este año, esa ONG humanitaria estimó que entre enero y mayo hubo 1.317 muertes (142 eran mujeres y 129 menores de edad).

De ese “Monitoreo del Derecho a la Vida”, surge que esa ruta atlántica o canaria, que conecta Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania y Senegal con las islas, es la más mortífera de la frontera española, con 635 víctimas de ese total.

. 

El gobierno de Canarias confirmó que 4.587 personas llegaron al archipiélago en 49 embarcaciones precarias, solo durante los primeros seis días de noviembre de 2026. Un flujo que se reactivó con fuerza y, según las autoridades, puso a las islas bajo una "extraordinaria presión" y por eso solicitaron apoyo al Estado español, informó la agencia EFE.

“Desde 1994 llegaron a Canarias 282 mil personas por el mar pero no sabemos todos los que han muerto”, resumió Zapata en la charla del Simposio organizado por el grupo Migres de la UNR. Después, en diálogo con Rosario3, contó que existe una atención especial en los lugares de arribo y cómo desde ahí se activan las primeras medidas del plan de gobernanza (ver entrevista más abajo).

En ese contexto, la Universidad de La Laguna planteó al gobierno local que llevaban 20 años sin un plan de acción claro. Zapata explicó que no lo propusieron como un acto de “caridad sino para garantizar derechos”. Tampoco era algo “para los migrantes” sino pensado como “un plan de la sociedad y multidimensional”. Atienden los problemas que surgen en materia de salud, vivienda y educación; también de convivencia interna e interculturalidad.

El “Programa Canarias Convive” se diseñó dentro del estatuto de región autónoma, es decir atado a una legislación. Nació hace seis años junto a un gobierno de izquierda y hoy continúa con uno de centro-derecha. Tiene una comisión de seguimiento que hizo 61 informes entre 2021 y 2026.

Una buena convivencia es pilar fundamental del desarrollo. Tenemos que invertir en convivencia

La clave, dijo el académico que implementa las acciones, fue involucrar a toda la comunidad y “que las personas sean concientes de lo que nos jugamos”. Hablaron con los empresarios que viven de la principal actividad económica de las islas: el turismo. Les preguntaron qué pasaría si, por ejemplo, aumentan los conflictos interraciales.

“El turismo depende de tener una sociedad en paz, de la seguridad. Una buena convivencia es pilar fundamental del desarrollo. Tenemos que invertir en convivencia”, fue el mensaje que logró conseguir financiación para iniciar los planes de atención de los migrantes y desplazados que llegaban desde las costas de África. “Costó mucho hacerlo pero hoy Canarias es de las pocas regiones con un plan activo”, destacó.

Vicente Zapata en la UNR.
Vicente Zapata en la UNR.

–¿Cuáles son los primeros pasos que dan al detectar una embarcación? 
–Hasta hace unos años, llegaban espontáneamente a las costas. Arribaban a una playa, a un acantilado, y eso era muy peligroso porque a veces las muertes se producían nada más llegar. Muchos de estos chicos no saben nadar. Entonces, a poco que la barca se viraba, había un problema muy grave. Los servicios de seguridad españoles, el Salvamento Marítimo, fueron optimizando y mejorando la intercepción en alta mar. Ahora hay sistemas tecnológicamente muy modernos que permiten detectar las embarcaciones. A veces hay un barco grande que está navegando y avisa que hay una embarcación pequeña. Y, cada vez más, los propios migrantes llevan teléfonos móviles y dicen dónde están o en qué situación se encuentran. Eso hace que las unidades salgan de Canarias muchas millas a buscar a las personas migrantes. 

–¿Eso lo hace el Estado español o el gobierno de Canarias? 
–El Estado español. Se llama Salvamento Marítimo (el organismo encargado de rescatar y auxiliar a los migrantes que llegan en “pateras” o “cayucos” a las costas de España desde el continente africano). Es todo un despliegue brutal porque hay embarcaciones casi en todas las islas, algunas son muy grandes. Ha habido algún incidente con las pateras, los cayucos, las embarcaciones neumáticas, porque al principio era difícil abordarlas y subir a todas las personas a un barco de salvamento. A veces no las remolcan. Tienen que subir a las personas, sobre todo cuando están muy lejos. Entonces, esos vienen a un puerto seguro, ya no a la playa, y está el dispositivo de Cruz Roja esperando. La gente viene y se les atiende, hay un triage médico. Si alguien viene con dificultades graves, va a un hospital directamente. Incluso hay salvamento en helicópteros, en alta mar. Todo esto antes no existía. Lo hace España porque las fronteras tienen que ver con el gobierno del Estado. 

–¿Qué pasa después con esas personas, a dónde van?
–Están detenidas inicialmente para identificarlas. Pueden estar hasta tres días bajo custodia policial en un centro especial, para documentarlas. Cuando pasan tres días, ya la persona se pone en libertad y hay un centro de acogida humanitaria de primera atención, donde llega y habitualmente hay una ONG que atiende con recursos del Estado. Va a encontrar ahí un lugar para dormir, una ducha, una cama, sus alimentos durante uno, dos o tres meses. Esa ONG a veces traslada a esa persona a la península, a otro centro. Y después pueden pasar a otros países.

–A los puertos del Gran Rosario también llegan, cada tanto, en cantidades muy inferiores, casi una anomalía, personas escondidas como polizones en barcos. Cuando son chicos menores de edad no está claro cómo tratarlos; incluso los han llevado a hogares para casos de conflicto con la ley penal, o sea no existe una gobernanza clara. ¿Allá tienen un trato especial?
–Sí, van a un lugar propio para ellos. Si tienen medidas judiciales o algún problema, van a un tipo de centro. Pero los chicos que simplemente tienen una situación administrativa anómala, van a centros de menores no acompañados. Habitualmente se intenta que sean para pocos jóvenes, a lo mejor para 20, para 30, ¿pero qué pasa? Cuando hay un repunte migratorio podemos tener hasta 100 chicos en una instalación o más. Eso no debe ser así porque realmente la convivencia entre ellos no es muy buena en esos casos. Entonces, se intenta ir a un modelo de centros de pocas plazas. Pero no son centros que tengan que ver con medidas judiciales por si un chico delinque. Esos son otros lugares específicos. Todo eso se ha ido articulando con los años, con la experiencia, con los recursos, y es un continuo debate y presión de la región de Canarias con respecto al Estado. 

–¿Desde qué países arriban las personas y qué saben de los “migrantes desaparecidos”?
–Hay organizaciones que ya están monitorizando las expediciones y lo comunican luego al gobierno. Porque los chicos llaman a sus familias o a números de teléfono para comunicar que se van a expedición, y ellos se comunican con Salvamento Marítimo. Dicen, por ejemplo: "Oye, sabemos por las familias que hay una embarcación con 90 personas que ha salido hace cinco días de Gambia”. Luego, búscala en el mar. Pueden terminar en otro lado. Pueden llegar al Caribe con todos muertos.

De este tipo de migración, han venido sobre todo de Marruecos, Mauritania, Senegal, Gambia, Guinea, Mali; esas son las más importantes. Luego, viene gente de otros sitios porque hay una migración muy importante dentro de África. De hecho, la mayor parte de la migración africana se queda dentro del continente. No da ese salto. A nosotros nos llega sobre todo nuestra gran vecindad. Desde el norte vienen en lo que se llama patera, que es una embarcación más pequeña o una barca neumática. Pero cada vez con más gente, es preocupante.
Y del sur llegan expediciones con más de 200 personas a veces. Vienen en un cayuco, que es una embarcación de pesca ya mayor, porque en Senegal, Gambia, Guinea y demás, la utilizan para hacer pesca de cierta altura. Vienen hacinadas muchísimas personas, muchas mueren.

Vienen más niños y más mujeres. Niños pequeños, bebés, familias, es impresionante. Algunos mueren en el camino. Mujeres violadas. Es una migración de sufrimiento y de muerte en buena medida

–¿Esas son las imágenes que se suelen replicar en los medios?
–Sí, y ahora vienen más niños y más mujeres. Niños pequeños, bebés, familias, es impresionante. Algunos mueren en el camino. Mujeres violadas. Es una migración de sufrimiento y de muerte en buena medida. 

–Los Estados también usan los océanos o desiertos, no para matar, pero sí para dejar morir.
–Al final hay mucha complicidad. Esta mañana me preguntaban: ¿qué pasa otra vez con Marruecos que se está activando de nuevo el problema? Hay algunos países que incluso utilizan la migración para tener una mejor posición geopolítica a la hora de negociar tratados o recursos con la Unión Europea. Sabemos que la migración al final también es una moneda de cambio. 

Sobre el Simposio de Migres

 

La presencia de Vicente Zapata en Rosario se dio en el Simposio “Migraciones, derechos humanos y discursos de odio” realizado el miércoles pasado en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR.

Hubo mesas, paneles, muestras y talleres organizados por el Grupo de Estudios sobre Migraciones (Migres). Fue la segunda edición del encuentro para reflexionar y construir colectivamente en torno a la movilidad humana y las disputas democráticas contemporáneas. Este año se hizo en el marco del XVII Congreso Nacional y X Internacional sobre Democracia.

Parte del equipo Migres y de los expositores del Simposio (Foto: Flavio Séqualino).
Parte del equipo Migres y de los expositores del Simposio (Foto: Flavio Séqualino).