El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo que Estados Unidos sigue de cerca el caso de una trabajadora de un laboratorio ruso que murió la semana pasada tras un supuesto accidente en un instituto de investigación sobre la peste ubicado en Siberia.
“Lo estamos observando y siguiendo de cerca”, dijo Rubio el lunes antes de partir hacia Europa. “No creo que sea motivo de alarma, pero sí es motivo para prestar atención y simplemente mantenerlo bajo observación”.
Darya Shipilova, una empleada de 28 años del instituto antiplaga de la ciudad de Irkutsk (traducido oficialmente al inglés como Irkutsk Anti-Plague Research Institute of Siberia and the Far East), se descompuso mientras estaba trabajando. Murió dos días después, durante la noche del 2 de octubre, en un hospital regional de la cercana localidad de Shelekhov.
No está claro cómo se enfermó. Informaciones publicadas por medios rusos sugirieron que Shipilova pudo haberse infectado después de un incidente en el laboratorio. Las autoridades no han confirmado públicamente esa versión.
Medios locales informaron que posteriormente el instituto fue puesto bajo confinamiento, y que el personal fue obligado a dormir en el piso y sobre sillas. “Están aislando a todos desde el viernes, a más de 60 personas”, dijo un familiar, Roman, al portal de noticias Siberia.Realities.
Contó que se permitía a los familiares dejar alimentos en un puesto de control mientras se realizaban pruebas en el interior del edificio. Se impusieron restricciones de cuarentena similares en varios otros hospitales de la ciudad y sus alrededores.
Rubio, citando lo que los rusos han difundido sobre la muerte, dijo que parecía que una trabajadora del laboratorio se había infectado y que existía preocupación por la posibilidad de que la enfermedad se hubiera propagado dentro de las instalaciones.
“Obviamente, hay viajes muy limitados entre Estados Unidos y Rusia. Pero, como cualquier otra cosa, si algo así sale de ahí, se propaga rápidamente”, dijo.
Rospotrebnadzor, el organismo ruso de control sanitario, dijo que Shipilova murió por una “neumonía de etiología desconocida”. El organismo insistió en que los análisis no detectaron microorganismos relacionados con su actividad profesional y describió como estable la situación “sanitaria y epidemiológica” en la zona.
Las autoridades de la cercana ciudad de Baikalsk pidieron brevemente a los residentes que evitaran viajar a Shelekhov y a las localidades circundantes después de recibir, según dijeron, información no oficial sobre una posible infección de peste. Más tarde eliminaron la publicación de las redes sociales.
“No hay cambios evidentes en la vida cotidiana en las calles, pero la gente está preocupada y ansiosa. Los habitantes están enojados porque no les dicen nada”, dijo Elena Trifonova, periodista de People of Baikal, un medio ruso exiliado especializado en Siberia.
La muerte de Shipilova provocó la intervención de altos funcionarios federales de salud. Anna Popova, jefa de Rospotrebnadzor y principal funcionaria sanitaria del país, viajó a Irkutsk el viernes.
Participó en una reunión de emergencia de la comisión sanitaria y antiepidémica regional por lo que las autoridades calificaron como un caso sospechoso de una “infección particularmente peligrosa”.
Peste y geopolítica
Políticos estadounidenses expresaron su preocupación por el incidente, que se produce después de años de acusaciones del Kremlin según las cuales Ucrania realizó en secreto investigaciones sobre armas biológicas con el apoyo de Washington.
El representante republicano Don Bacon, un miembro de alto rango de la comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, escribió en las redes sociales: “Recuerdo haber escuchado a voces contrarias a Ucrania hablar de sus supuestos laboratorios biológicos. Era desinformación rusa en su máxima expresión. Pero en realidad, es Rusia la que tiene los laboratorios biológicos”.
La peste sigue siendo endémica en algunas zonas de Siberia y del Lejano Oriente ruso, donde la bacteria Yersinia pestis persiste de forma natural entre roedores silvestres y sus pulgas.
Pero los casos humanos en Rusia son poco frecuentes. Antes del caso sospechoso de Irkutsk, la última infección humana registrada en el país había sido en 2016, cuando un niño de 10 años de la República de Altái, en Siberia, contrajo la peste después de ayudar a faenar una marmota.
“Este caso parece ser un accidente de laboratorio poco frecuente y es poco probable que vaya mucho más allá”, dijo a The Guardian el profesor Ian Jones, profesor de virología de la Universidad de Reading, en el Reino Unido. “Aunque es cierto que la peste neumónica se transmite directamente, los contactos del caso primario están identificados y pueden ser tratados si muestran algún signo de infección”.
Y agregó: “La peste tiene una historia enorme y todavía está presente en muchas partes del mundo, incluida Rusia, pero las condiciones de vida asociadas con la propagación de la peste en el pasado ya no son generalmente las mismas, hay antibióticos disponibles y, por lo tanto, su potencial es limitado”.



