Hablar de eutanasia es reabrir un debate que Argentina tiene pendiente. Y esa discusión trae a escena un abanico de conceptos: autonomía, dignidad, sufrimiento, rol de la medicina, derechos de los pacientes y responsabilidad del Estado. Pero también, algo mucho más íntimo y difícil de poner en palabras, la relación del ser humano con la muerte. El tema exige cuestionar qué entienden los argentinos por vivir, cuánto sufrimiento están dispuestos a aceptar y quién debería tener la última palabra cuando el final se vuelve una posibilidad cercana. Los miedos son subjetivos y por eso distintos, las creencias y el umbral del dolor, también. Quizás por eso la eutanasia resulta todavía un concepto incómodo ya que obliga a revisar ideas y advertir que no existe una única manera de transitar el final de la existencia.
Sin embargo, hay quienes están dispuestos a abrir la conversación. Hasta fines de 2025 existían cuatro proyectos con estado parlamentario. Tres de ellos en Diputados, presentados por Miguel Ángel Pichetto, Carolina Gaillard y Gabriela Estévez. Mientras que el cuarto, correspondía a la senadora, que Mariana Juri. Ninguna de esas iniciativas había logrado entonces el consenso suficiente para avanzar en el Congreso. Este 2026, el debate sumó un nuevo proyecto: el presentado por el diputado nacional Esteban Paulón, de Provincias Unidas, que propone establecer un régimen de muerte voluntaria médicamente asistida.
El legislador nacional rosarino, le indicó a Rosario3 que su proyecto “busca abordar un aspecto que todavía no está cubierto por la legislación argentina, que es la posibilidad de dar capacidad de decidir libremente a las personas sobre cuándo y en qué condiciones terminar su vida en el marco de una enfermedad terminal, degenerativa, degradante, denigrante, incapacitante”.
Vale aclarar que en la actualidad, el país cuenta con la ley 26.742 de muerte digna, sancionada en 2012, que permite a pacientes rechazar tratamientos médicos que prolonguen de forma artificial su vida o que incrementen el sufrimiento cuando se cuenta con un diagnóstico terminal o incurable. Y la ley 27.678 de Cuidados Paliativos. Pero en ninguno de los dos casos, se posibilita poner fin a la vida del paciente.
“La eutanasia viene a complementar estas dos leyes para que, quien ha pasado por distintos tratamientos y desee morir en determinadas circunstancias, evitando el sufrimiento y utilizando lo que hoy las tecnologías médicas brindan, pueda hacerlo”, explicó Paulón. En ese sentido, detalló que según el proyecto presentado, podrían acceder a la Ley de Muerte Voluntaria Médicamente Asistida todas las personas mayores de 16 años - edad determinada en función de lo que hoy establece el Código Civil y Comercial en Argentina . con la capacidad progresiva y la posibilidad de decidir sobre el propio cuerpo y la propia vida. Ademas, tiene que ser "una persona que esté diagnosticada por una enfermedad crónica, degenerativa, degradante, denigrante, incapacitante”.
La persona, además, deberá manifestar que esa voluntad de terminar con su vida es “libre, voluntaria, consciente e informada”. El paciente deberá presentar una segunda opinión médica en un plazo de 15 días desde que se recibe el primer diagnóstico. También existe la posibilidad de revocar la decisión en cualquier momento.
El proyecto garantiza que todo el procedimiento sea realizado por equipos interdisciplinarios, que abarquen médicos clínicos, consultores independientes, psicólogos, psiquiatras, personal de cuidados paliativos y bioética. En cada pedido de muerte digna, interviene una Comisión de Evaluación y Garantías que autorizará o no la práctica.
Sobre cómo serían esas intervenciones, el diputado explicó: “Nosotros planteamos dos instancias, la eutanasia y la muerte voluntariamente asistida. Una es en el contexto de atención de un equipo médico y la muerte médicamente asistida es la entrega de un medicamento, de un producto farmacológico que la persona se lo puede autoadministrar si estuviera en condiciones, si quisiera morir en la casa o rodeado de su familia o, bueno, en alguna circunstancia determinada”.
Respecto a la posibilidad de que ese proyecto se convierta en ley, Paulón fue sincero. “Hoy es un poco complejo porque si bien a nivel social hay un debate que está saldado y que la mayoría de la sociedad ya acuerda con el derecho a la eutanasia, es cierto que en la política todavía hay algunos condicionantes y hay algunas barreras. Y fundamentalmente en este momento de política tan conservadora y tan reaccionaria se hace complejo quizás, iniciar el debate en el Congreso”, dijo.
“Pero yo soy optimista y creo que la visibilidad que está adquiriendo el tema, los casos concretos y personales que aparecen, que se visibilizan, van a ayudar a que esa conciencia crezca y que finalmente la realidad empuje a la política”, cerró.
"La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene". Jorge Luis Borges
Rebeca Fideleff tiene 54 años. Vive en la localidad de Epuyén, en Chubut y se volvió viral en redes sociales al contar su historia. Una historia atravesada por el dolor físico y el cansancio de poner el cuerpo a tratamientos, operaciones, y a los 150 km que recorre para ser atendida. Es una de las personas que encabeza el reclamo de eutanasia legal. Rebeca habló con este medio y dejó en claro algo: por su experiencia, desea que todo aquel que esté sufriendo y sepa que no tiene cura, pueda decidir cómo y cuándo ponerle fin a ese dolor.
En noviembre de 2021 encontraron en su cuerpo un tumor que obstruía el instestino. “Fui de médico en médico hasta que termino en una guardia con una cirugía de urgencia”, recordó sobre los inicios de la enfermedad que padece hace casi cinco años.
Desde aquel entonces, el cuerpo de Fideleff pasó cinco veces por el quirófano. Se realizó 37 sesiones de quimioterapia y durante un año usó una bolsa de ileostomía. “Tengo un diagnóstico de enfermedad incurable porque hoy la ciencia no tiene la cura para mi”, señaló y sumó: “Todos hemos visto a un padre, una madre, un hermano, una amiga con dolor porque cuando el cáncer es metastásico los tumores invaden nuestros cuerpos y nuestros órganos colapsan. Eso causa dolor".
Hace hincpapié en los detalles de la enfermadad recorriendo cada sector de ella porque desea que la “gente entienda”. Y aclara, que actualmente, pese a todo, sigue en tratamiento, por eso su pedido no es personal pero sí colectivo. “Acá no se debería tratar de ver hasta cuánto uno puede aguantar sino de por qué debemos soportar la agonía”, dijo.
Esas preguntas y reflexiones sobre la vida, el final y el dolor, la llevaron a postear en redes sociales. Exponer sus pensamientos como catarsis. Su reccorido por el cáncer se viralizó. Juntó firmas para concretar el proyecto por la eutanasia y se puso en contacto con Esteban Paulón al leer su iniciativa.
“La ley no obliga a nadie a quitarse la vida”, señaló Rebeca y aseguró que en ese pedido desesperado encontró mucho cariño pero también un fuerte rechazo. “Soy una persona de fe, pero parece que cada uno interpreta la creecia a libre alberdió”. Recibió insultos y acusaciones, pero también el fuerte respaldo de familiares de pacientes terminales y personas que hoy viven con una diagnóstico irreversible. “Pido que no juzguen el dolor ajeno, que se pongan en el lugar de quienes sufren”, cerró.
Entre el derecho a elegir y el derecho a ser cuidado, la ideología
La discusión sobre la eutanasia es global. Son diez los paíes que en la actualidad permiten el procedimiento médico, siendo Uruguay el último en incorporarse a la lista. Esto obliga a mirar qué alternativas existen hoy para transitar una enfermedad avanzada y el final de la vida en Argentina. Como ya se mencionó, el país tiene vigente la ley 27.678 que establece el derecho de los pacientes a recibir cuidados paliativos integrales, destinados a prevenir y aliviar el sufrimiento físico, psicológico, social y espiritual.
Santa Fe cuenta además con una legislación propia desde 2011, que contempla el acompañamiento integral de pacientes y familias y establece el respeto por la autonomía y la dignidad de las personas. Pero se desconoce cuántos equipos existen en la actualidad para hacer frente a la demanda. En 2022, Diputados presentó un pedido de informe sobre la aplicación de la ley 13.166 de Cuidados Paliativos, la Comisión de Salud modificó y amplió ese pedido exigiendo al ejecutivo cantidad de hospices existentes en la provincia, eventuales subvenciones estatales, convenicos con hospitales e instituciones de la sociedad civil, cantidad de efectores públicos que cuentan con equipos interdiciplinarios, cantidad de instituciones privadas que trabajan con el sector público, protocolos de derivación y grado de formación de los profesionales y trabajadores de la salud.
El expediente “48.353 - CD - Vida y Familia” fue aprobado por la Cámara. Sin embargo, no existe respuesta pública a esas preguntas por parte del Ejecutivo y al momento de publicarse esta nota, no hubo información por parte del Ministerio de Salud provincial al respecto.
Por otro lado, en 2023, la Red de Cuidados, Derechos y Decisiones en el Final de la Vida del Conicet llevó a cabo un debate junto representantes de la Cámara de Diputados de la Nación con el objetivo de poner, desde las diversas perspectivas y disciplinas implicadas, la opción por derecho de la eutanasia sobre la mesa y así garantizar el acceso a la muerte voluntaria médicamente asistida.
Fue cuando el vicepresidente de Asuntos Científicos del Conicet, Mario Pecheny, presentó los resultados más relevantes del estudio que realizó el Conicet entre profesionales de la salud sobre estás prácticas. Respondieron 745 personas profesionales de salud que atienden pacientes graves.
El 45% de los profesionales recibió pedido de información sobre eutanasia por parte de pacientes y el 53% por parte de familiares de pacientes. El 31% de los profesionales recibió pedido de la practica de eutanasia por parte de pacientes y el 37% por parte de familiares de pacientes. El 80% de los encuestados está a favor de legislar y el 15% en desacuerdo.
Por otro lado, en la encuesta Nacional del Observatorio Pulsar.UBA se evidencia que el 72% de los encuestados está de acuerdo con que se permita a las personas tomar decisiones sobre su propia muerte en situaciones médicas extremas.
A la vez, especialistas en cuidados paliativos han señalado que, incluso cuando una persona recibe atención destinada a aliviar el dolor y otros síntomas, pueden existir situaciones de sufrimiento que el paciente considere insoportable.
Rosario3 le consultó a la Asociación de Médicos de la República Argentina y a la Asociación de Clínicas y Sanatorios qué opinión les merecía el nuevo debate de Muerte Voluntaria Médicamente Asistida y Eutanasia, y respondieron que por el momento no tienen una postura institucional tomada.
Mientras tanto, la Iglesia Católica sostiene una posición firme y negativa. En 2024, el Vaticano volvió a manifestarse contra la eutanasia y el suicidio asistido en la declaración Dignitas infinita, al sostener que la dignidad humana no desaparece ante la enfermedad, el sufrimiento o la proximidad de la muerte. La doctrina católica distingue entre provocar deliberadamente la muerte y aliviar el sufrimiento mediante cuidados paliativos o evitar tratamientos desproporcionados. Para esta perspectiva, acompañar y cuidar hasta el final es compatible con la dignidad, mientras que provocar la muerte no lo es.
Lo que lleva a cuestionar qué pasaría entonces con la objeción de conciecia de los profesionales de la salud. Un punto clave en la redacción de los proyectos presentados en Argentina. Si bien hay diferencias entre las propuestas, todos coinciden en respetar la “objeción individual” del médico sin que eso termine bloqueando el acceso del paciente tal como ocurre en la actualidad con la ley 27.610 de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo.
El debate lleva años en las calles del país y también atraviesa el Congreso. Más allá de estar a favor o en contra, la posibilidad de una Ley de Eutanasia invita a repensar criterios y adentrarse en preguntas tan profundas como la existencia humana y la muerte. ¿Qué significa morir con dignidad? ¿Hasta dónde llega la autonomía sobre el propio cuerpo? ¿Cuál es la responsabilidad del Estado frente a una persona que atraviesa una enfermedad incurable? Son preguntas que no tienen una única respuesta y que, entre proyectos, historias personales, creencias y avances médicos, vuelven a poner sobre la mesa una discusión que avanza despacio.



