No parece un auto de carreras. Mide 9,75 metros, tiene forma de bala y esconde debajo del carenado dos motores idénticos a los que usan las máquinas amarillas que se ven en cualquier obra en construcción. Esa es la hazaña: la JCB Hydromax, propulsada por hidrógeno, se convirtió en el vehículo a hidrógeno más rápido de la historia.

En la corteza cristalina de las salinas de Bonneville, en Utah, la máquina británica alcanzó los 653,908 kilómetros por hora (km/h), equivalentes a 406,320 millas por hora (mph), una marca verificada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) como nuevo récord mundial para autos propulsados por hidrógeno. Pulverizó la marca anterior de 298,5 km/h que tenía el BMW H2R desde 2004.

El logro es técnico antes que deportivo. Los dos motores que impulsaron la Hydromax no son prototipos de laboratorio. Son motores de combustión de hidrógeno desarrollados por JCB para su maquinaria pesada, que funcionan mezclando gas hidrógeno a presión con aire y encendiéndolo para generar potencia. En este caso, 1.600 CV sin una gota de combustible fósil y sin emisiones por el tubo de escape, según publicó el medio británico The Mirror.

     

"Demostrar que el hidrógeno funciona, y funciona hoy al más alto nivel con cero emisiones", resumió Lord Bamford, presidente de JCB, impulsor del proyecto. La empresa, que defiende el hidrógeno por sobre la electrificación a batería para la industria pesada, firmó un acuerdo para abastecerse de hidrógeno verde, producido con energía renovable.

La prueba se realizó sobre un tramo de 16 kilómetros en la mejor pista natural del mundo. El vehículo tuvo que acelerar de forma progresiva mientras era seguido a distancia por cámaras y binoculares. Dentro de la cabina, la temperatura superó los 50°C.

Veinte años atrás, en esa misma salina, la compañía ya había hecho historia con la JCB Dieselmax, que marcó el récord diésel con 563,4 km/h. Esta vez, con la misma base de ingeniería pero cambiando diésel por hidrógeno, logró superarlo por casi 90 km/h.

La marca queda todavía lejos del récord absoluto de velocidad en tierra –1227,985 km/h logrado en 1997 por el Thrust SSC a reacción–, pero el objetivo de la Hydromax es otro: probar que un motor de tractor de serie puede empujar un vehículo a más de 650 km/h de forma limpia y fiable. Y lo hizo apenas dos semanas después de que su piloto, el británico Andy Green, cumpliera 64 años.