Desde el 1° de agosto de 2026, Pérez cuenta formalmente con el Museo Taller Ferroviario La Emperatriz, una ventana al pasado de la vecina localidad, que comenzó a forjarse en 1886 a la vera de las vías del entonces Ferrocarril Oeste Santafesino, que conectaba Villa Casilda con Rosario.

Como su nombre lo indica, el principal atractivo del museo es la célebre locomotora La Emperatriz, una máquina a vapor diseñada en 1914 por los ingenieros del otrora poderoso Ferrocarril Central Argentino y construida en las instalaciones de los Talleres Rosario, en Alberdi y Humberto Primo. En ese enorme predio ferroviario, hoy funcionan, entre otros espacios, las oficinas centrales de la firma Nuevo Central Argentino (NCA) y el shopping Alto Rosario, luego de las sucesivas refuncionalizaciones y desguaces que siguieron al cierre de Ferrocarriles Argentinos entre 1991 y 1993.

En el museo-taller perecino, el equipo de El Tres fue recibido por la guía Daniela Vitale y Bruno Rossi, presidente del Ferroclub Central Argentino, cuya labor fue crucial para poner en marcha tanto la locomotora como el espacio dedicado a preservar la memoria ferroviaria.

La Emperatriz comenzó a ser reparada en 2001 y próximamente volverá a encender sus motores para realizar una recorrida regional. La vaporera, que desde 1948, con la nacionalización de los ferrocarriles, pasó a integrar el Ferrocarril Mitre, permanecía inactiva desde 1960.

La máquina fue diseñada en los Talleres Rosario para cubrir los servicios rápidos entre Rosario y Buenos Aires. En 1926 estableció el récord de velocidad ferroviaria sudamericano, al completar el trayecto entre Retiro y Rosario en apenas 3 horas y 21 minutos.

     

“Se calcula un promedio de 93 kilómetros por hora, pero con un pico de 140”, explicó Rossi al recordar aquel legendario viaje.

Hoy, como una ironía de la historia, los tiempos de viaje de los servicios ferroviarios entre Rosario y Retiro –el único sobreviviente de los trenes generales de larga distancia de la Argentina– triplican aquella marca de hace un siglo.

La Emperatriz funcionaba originalmente a carbón, pero “en 1920 fue cambiada a petróleo por la (Primera) Guerra”, explicó Rossi. En 2011, luego de una década de trabajos de reparación, la mítica locomotora volvió a los rieles.

Pero La Emperatriz no es la única pieza que permite reconstruir la historia ferroviaria de la región. Entre los atractivos del museo también se encuentra un coche de pasajeros de estilo proletario, uno de los tantos que integraron las formaciones del llamado tren obrero, que trasladaba diariamente a trabajadores entre los Talleres Gorton del Ferrocarril Central Argentino –luego Talleres Pérez, hoy en estado de abandono– y Rosario.

“Muchas generaciones de perecinos viajaron en el tren obrero. Es un coche del Central Argentino. Cuatro coches muy similares a este trasladaban diariamente a 500 trabajadores entre los talleres Gorton y Rosario”, explicó Vitale. El servicio funcionó hasta entrada la década del 90.

También puede verse un exclusivo coche de pasajeros que, durante los años dorados del Central Argentino, solía ser alquilado por personas de alto poder adquisitivo. La reliquia, completamente restaurada, conserva características propias de un departamento, con servicios y hasta una habitación destinada a los mayordomos.

El recorrido se completa con un tercer coche de pasajeros, un Pullman con cine que logró ser salvado de la baja. A lo largo del siglo pasado, esa formación integró distintos servicios emblemáticos, entre ellos El Libertador (Línea San Martín), que unía Buenos Aires con Mendoza, y posteriormente el Expreso Independencia de la Línea Mitre, que conectaba Buenos Aires con Tucumán.

El Museo Taller Ferroviario La Emperatriz está abierto los sábados, domingos y feriados de 14 a 18. Desde la organización remarcaron que es necesario retirar previamente los tickets gratuitos para poder organizar los grupos de visitantes. Las entradas están disponibles en este enlace.