En la búsqueda constante de vida en el universo, todas las miradas apuntan ahora a Encélado, la sexta luna más grande de Saturno. Se trata de una de las 145 lunas conocidas del planeta, la cual al parecer esconde un enorme océano subterráneo que expulsa chorros de agua al espacio a cientos de kilómetros de altura.
¿Por qué Encélado y no otro mundo con agua?. La clave está en su lecho marino. En las profundidades se cree que hay actividad hidrotermal, agua caliente moviéndose bajo la superficie. La sonda Cassini de la Nasa ya había detectado en esos chorros trazas de sales y compuestos orgánicos cuando los sobrevoló hace más de una década. Entre hidrotermalismo y química orgánica, el océano reúne varios de los ingredientes que en la Tierra permitieron el origen de la vida. Según dos estudios publicados en la revista especializada Science Advances, ese océano podría ser habitable y, además, mucho más fácil de explorar de lo que creíamos.
El primer estudio, liderado por Frank Postberg, de la Universidad Libre de Berlín, analizó casi 1.000 mediciones de granos de hielo del anillo E de Saturno capturadas por Cassini y las combinó con modelos teóricos y experimentos de laboratorio.
El hallazgo cambia lo que se creía: las gotas del océano lanzadas en los penachos no se congelan instantáneamente al llegar al espacio. Se congelan lentamente, lo suficiente para que las sales, los orgánicos y otros químicos disueltos se separen en regiones distintas antes de romperse en granos diminutos y concentrados.
Ahora la NASA ha dado a conocer nuevas imágenes de Encelado que demuestran que efectivamente hay un océano bajo su superficie polar.Este sigue activo y esta es una de las razones por las que esta luna es tan interesante a la hora de ver si pudo albergar vida en algún momento. pic.twitter.com/2J4ouRAEw8— Mar Gómez (@MarGomezH) September 30, 2020
Durante ese congelamiento lento, las partículas chocan además con las grietas heladas de la superficie. El resultado son fragmentos de hielo donde cada componente oceánico quedó aislado y concentrado. Es, literalmente, como si el planeta preparara sus propias muestras. “Encélado nos facilita enormemente la preparación de muestras para análisis, un proceso que normalmente requiere mucho esfuerzo en los laboratorios químicos de la Tierra. Los componentes oceánicos se separan entre sí y, simultáneamente, se concentran en partículas de hielo individuales”, explicó Postberg.
Para futuras misiones, eso es una ventaja enorme. En lugar de tener que procesar una mezcla compleja, bastaría con capturar muchos granos individuales en el penacho: si uno contiene material microbiano, la tecnología actual podría identificar biofirmas con relativa facilidad. Conceptos como la misión L4 de la Agencia Espacial Europea, ya en desarrollo, están pensados justamente para ese sobrevuelo y muestreo.
Un océano de Encélado recreado en laboratorio
El segundo estudio responde la otra gran pregunta: ¿podría algo vivir ahí abajo?. Postberg también participó en un segundo trabajo junto al científico planetario Nozair Khawaja, de la misma Universidad Libre de Berlín, que revela que ciertos microorganismos podrían tolerar mejor las condiciones del océano de Encélado de lo que se pensaba.
El equipo recreó en laboratorio un mini océano de Encélado con lo que sabemos gracias a Cassini: muy básico y alcalino, con muy poco oxígeno, mucho carbonato y actividad hidrotermal.
Para la prueba eligieron a un candidato ideal: Methanothermococcus okinawensis, una arquea que en la Tierra vive cerca de fuentes hidrotermales, no necesita oxígeno y se alimenta de hidrógeno y dióxido de carbono.
El resultado sorprendió a los propios investigadores. El microbio no solo sobrevivió, sino que creció y produjo metano, adaptando su metabolismo incluso cuando el dióxido de carbono era extremadamente escaso. “Esto nos ha sorprendido muchísimo. No esperábamos un resultado tan exitoso para este experimento”, dijo Khawaja.
“En Encélado, las condiciones geoquímicas específicas podrían permitir el funcionamiento de uno de los sistemas metabólicos más antiguos conocidos en la Tierra, incluso en entornos muy alcalinos", resumió Postberg. "Si bien eso no significa que haya vida en la luna de Saturno, nuestro primer estudio demuestra que, en caso de que la haya, las futuras misiones espaciales podrían tener buenas posibilidades de encontrar rastros si analizan granos de hielo individuales del penacho de Encélado”.
Dos piezas que encajan: por un lado, la vida terrestre más primitiva puede funcionar en una química parecida a la de Encélado; por otro, Encélado mismo organiza y concentra las pistas químicas en granos individuales listos para ser leídos. No es una prueba de vida. Es algo quizás más importante por ahora: la prueba de que si hay vida allí, es posible tener cómo encontrarla.



