El baterista, bandoneonista, compositor y escritor Fernando Samalea transita su quinta década con la música. Tocó y grabó con Andrés Calamaro, Clap, Metrópoli, Illya Kuryaki & The Valderramas, Montecarlo Jazz Ensamble, Fricción, Fabiana Cantilo, Benjamín Biolay, Phil Manzanera, Bándalos Chinos, Jacobo Burgos, KPSP –con los rosarinos Fernando Kabusacki y Luciano Pietrafesa– y la lista sigue.

A este detalle angosto de su CV, hay que sumarle la decena de discos con proyectos solista –como el que sostiene junto a la compositora Michelle Bliman, su pareja–. los álbumes Fuerza Natural y Ahí Vamos, de Gustavo Cerati, y las once placas con Charly García.

“Desde que vi a La máquina de hacer pájaros en el Luna Park, a mis 13 años, sentí que ahí había un concepto nuevo, algo que yo desconocía. Luego, viví toda la carrera de Serú Girán y el Charly de Yendo de la cama alliving. Yo soñaba con tocar con él. De alguna forma, el poder del deseo lo hizo posible”, confió Fernando Samalea a Rosario3, en una entrevista pautada en el marco del lanzamiento de su cuarto libro, Viviendo el futuro. Una aventura infinita en el rock (Sudamericana). En el ejemplar, el músico reúne crónicas de sus “aventuras” sonoras más recientes.

En la charla telefónica –que también puede escucharse en el podcast Desde la Redacción–Samalea habló de su vínculo con García (a quien dedicó el libro), de su afición por la escritura, de las ganas de seguir aprendiendo y de cuánto lo impulsa su trabajo con músicos más jóvenes.

     

“Yo, más que para enseñar, estoy para seguir aprendiendo”, afirmó. Pasa que para el entrevistado, la relación con la música “sigue siendo lúdica”.

Cronista y etnógrafo


Samalea comenzó a escribir “como una forma de agradecimiento a tantas vivencias lindas junto a íconos populares. Me pareció una buena idea plasmarlo en palabras y contarlo en orden cronológico para quienes se interesen en el futuro”.

La serie empezó con Qué es un long play, siguió con Mientras otros duermen y Nunca es demasiado; todos editados por Sudamericana.

Al igual que los anteriores, Viviendo el futuro sigue un orden cronológico que parte desde los preparativos para el cumpleaños número 70 de Charly García hasta los últimos registros de agosto de 2025, cuando “entregó” el libro a la editorial.

–¿Por qué elegiste Viviendo el fututo como título?
Es como una un chiste que hacemos con mi amigo, el escritor colombiano Santos Romero Rey, acerca de que, justamente, ahora estamos viviendo el futuro de cuando era un veinteañero. El futuro llegó y aquí estamos. Viviendo la quinta década con músicos veinteañeros. Si bien yo siempre he sido el más chico, porque en mi adolescencia, tocaba como músico más grandes, ahora me toca al revés.

Ahora estamos viviendo el futuro de cuando era un veinteañero. El futuro llegó y aquí estamos (…) Es una forma de recuperar esas alegrías y también, de entender la finitud de las cosas y valorar cada una de ellas.

—El futuro llegó. ¿Hay algo que añores o un tiempo al que te gustaría volver?
Siempre me gustó tener una visión futurista. Por lógica, hay cosas que uno ha vivido que sabe que han quedado en el inconsciente popular. Sobre todo, me refiero a esos años con Charly García, con esos discos de los 80 y esas giras por todo el mundo. O haber compartido la gira de Fuerza Natural con Gustavo Cerati y el sinsabor de saber que, lamentablemente, no se repetirá. Por el otro lado, transmutarlo en palabras fue sanador. En mi caso, es una forma de recuperar esas alegrías y también, de entender la finitud de las cosas y valorar cada una de ellas.

“Por suerte, siempre intenté buscar que el camino esté por delante, descubrir nuevas cosas. También porque tengo un espíritu muy amateur, nunca me consideré ni músico profesional, ni un sesionista. Mi encuentro con la música es muy lúdico. Un poco, como cuando era chico y jugaba. Eso te permite quedar en una posición de tener siempre ganas de aprender algo nuevo y no estar pensando en la supuesta sabiduría que uno ha adquirido a lo largo del tiempo. Yo, más que para enseñar, estoy para seguir aprendiendo”, continuó.

Portada de 'Viviendo el futuro. Una aventura infinita en el rock'.
Portada de "Viviendo el futuro. Una aventura infinita en el rock".

A cada historia le sumás una escena: detalles técnicos, diálogos, la cita a un libro o un disco ¿cómo registrás todo eso? 
—En algunos casos, me ayudaron las notas, sobre todo en el primer libro, que estaba todo más lejano. Me gustó volver a los lugares… La mente es muy mecánica y, al estimularla, bajan las placas de pensamiento y vuelven los recuerdos. Siempre quise que (el relato) sea veraz, cronológico y en el momento presente; nunca adelantar algo, para que el lector o la lectora se sorprendan de la misma forma que lo hacía yo cuando sucedían las cosas. Ahondar en todos los detalles y que sea lo más cinematográfico posible para que tenga ese peso visual.

Respecto del montaje, Samalea detalló que se trata de un proceso “en capas”: “Escribo el texto de principio al fin de una manera muy rudimentaria. Luego, en cada parte, voy haciendo lo que yo llamo «barridas». Lógicamente, las emociones fluyen y voy aprovechando esos impulsos”.

"Nunca me consideré ni músico profesional, ni un sesionista. Mi encuentro con la música es muy lúdico. Un poco, como cuando era chico y jugaba.

La idea de. músico “amateur” en estado de permanente curiosidad le permite empatar todos los escenarios: no hay auditorio chico o grande, ni fecha más importante que otra.

Más allá de que cada concierto es distinto –añadió– porque el repertorio varía si uno está en diferentes proyectos, hay algo de trance en el momento de tocar y eso es algo maravilloso, único y muy difícil de de expresar. Básicamente, lo que me sale es gratitud por poder disfrutar de la embriaguez de la música, esa cosa tan poderosa a nivel sentimental y emocional que nos produce, tanto escuchándola como tocándola. También está la interacción con los espíritus afines, con mis compañeros en los escenarios, donde convive todo, desde la profunda emoción hasta el humor”.

Cómo conseguir melodías


Si bien la “carrera” de Samalea había comenzado un tiempo antes, con Clap, Fricción y Metrópoli, la convocatoria de Andrés Calamaro para la grabación del disco Vida cruel le abrió la puerta a ese universo musical que admiraba desde los 13 años: Charly García. Ese vínculo iniciado en el álbum Parte de la religión siguió hasta la última placa del bicolor, La lógica del escorpión.

—¿Qué recordás de esa primera vez en la que Charly entró al estudio y vos estaban grabando con Calamaro?
—Estábamos en el estudio Panda y entraron Charly y (Luis Alberto) Spinetta juntos. Eran como las dos de la madrugada: En esos tiempos, uno entraba al estudio a las 7 de la tarde y se iba a las 10 de la mañana. Eran grabaciones noctámbulas. Para mí, fue una emoción. Por otro lado, con naturalidad. Enseguida, tuvo mucho humor para hablarme y todo eso. Apenas terminó esa sesión, me dijo de grabar el disco Detectives, de Fabi Cantillo, en el mismo estudio. Naturalmente, se empezó a dar una relación extramusical. Comenzábamos a vernos en los boliches. ¡Hasta me ha llevado en una motocicleta Yuqui!. En un momento, se fue a grabar a Nueva York y me llamó para ver si quería ser parte de su grupo. ¡Por supuesto! Era una obviedad. Lo recuerdo como algo muy natural. Aunque parezca increíble, a veces, las cosas más importantes suceden de una forma muy simple.

Más allá de que cada concierto es distinto, hay algo de trance en el momento de tocar y eso es algo maravilloso, único y muy difícil de de expresar.

Para Samalea, la música está “necesariamente en un contexto literario y audiovisual”: “Me gusta fantasear con que, todas las cosas que tuve la chance de vivir tienen que ver con otras que he leído. Los relatos de Carson McCullers, en Nueva York; los viajes a Marruecos, de Jane y Paul Bowles; La Trova y Fontanarrosa, en Rosario; y el cine (Fernando) Birri también. Me gusta conocer historias e ir a esos lugares. Creo que, al estar tan fervorosamente interesado por los relatos, me resulta más fácil, no digo escribir, pero sí volcarlas en palabras. Es mi visión personal y no pretendo hacer la historia del rock ni mucho menos, pero sí hay algo de intentar que quede un contexto histórico, no solamente de los otros grupos y artistas, sino también de los estrenos de cine, de los libros; un poco como la vida misma. En este momento, podemos estar en la entrevista de «un tipo que toca» pero, por otro lado, la realidad tiene infinidad de cosas, más allá d lo que estamos contando.

Sobre el podcast


Escuchanos en Spotify, nos encontrás como Desde la Redacción en la barra de búsquedas. Dale al botón de seguir y a la campanita para recibir alertas sobre nuevos episodios. Si te gusta lo que hacemos, por favor califícanos con estrellas para ayudar a que el podcast siga creciendo.

Si nos escuchás por Youtube, suscribite al canal de El Tres y dale "me gusta" a los episodios.