Cumplido el plazo de prisión preventiva impuesto hace dos años, la Justicia extendió la detención de un joven que fue parte de un grupo que arrojó una improvisada bomba molotov a un colectivo que circulaba por la zona norte de Rosario. El atentado callejero, que no pasó a mayores, tuvo objetivo de dejar un mensaje dirigido al ministro de Seguridad de Santa Fe, Pablo Cococcioni, en represalia por el endurecimiento de la política penitenciaria que había encarado el gobierno. Todo ocurrió en medio de un clima caldeado que, dos meses después, decantaría en el asesinato al voleo de cuatro trabajadores vinculados a la movilidad, lo que paralizó a la ciudad.
Agustín Hoyos, hoy de 19 años, era una pieza fungible utilizada para dejar un mensaje en nombre de presos de “alto perfil”, según se desprende de la causa a cargo del fiscal Alejandro Ferlazzo. En la misma situación estaban los dos adolescentes no punibles que lo acompañaban en la madrugada del 6 de enero de 2024. Los tres vivían en un orfanato.
En la jornada del martes, la jueza Melania Carrara le extendió a Hoyos por un año la prisión por los cargos de incendio agravado por la participación de menores de edad.
Cerca de las 2 de aquel sábado de enero, un grupito que pernoctaba en la calle le hizo señas al chofer de la línea 143 a la altura de Rondeau al 300 y, cuando el colectivo aminoró la marcha, le arrojaron una bomba molotov en el parabrisas, que no llegó a provocar daños mayores.
El operativo policial dio con tres sospechosos, de 18, 15 y 13 años. En la mochila del primero, Agustín Hoyos, había una botella con nafta y dos notas con amenazas al ministro de Seguridad Cococcioni por parte de presos de “alto perfil”.
Un dato provocó escozor en los investigadores. Los adolescentes refirieron vivir en un orfanato y habían sido captados por mafias para cometer un atentado y no un mero hecho vandálico.
Al momento de la agresión había unos pocos pasajeros en el 143, según refirieron fuentes del caso. Los atacantes encararon por Rondeau hacia el oeste y en Sabín y Génova, gracias a las características aportadas por el chofer, personal del Comando visualizó a los cuatro sospechosos, que comenzaron a dispersarse por las calles del barrio municipal Toba del norte rosarino.
En Reconquista y República Dominicana atraparon a Hoyos, que llevaba una mochila con una botella de plástica llena de nafta y dos de vidrio vacías, y dos escritos idénticos dirigidos al ministro Pablo Cococcioni con amenazas tumberas relacionadas con las visitas de los presos de alto perfil de Piñero y Coronda. Allí también aprehendieron a M. A. (15), que por su edad no es punible y su arresto fue notificado a la Secretaría provincial de Niñez.
En tanto, en Génova y Muñiz, en barrio Arroyito, el Comando aprehendió a A. C. (13). Los tres dijeron vivir en un “orfanato” para niños y adolescentes vulnerables, ubicado en el macrocentro y dependiente de una asociación civil.
Entre los elementos incautados había un celular que, una vez peritado, condujo a la detención de un tal Bruno David Ayala, entonces de apenas 18 años e involucrado, también como pieza fungible, en la narcocriminalidad.
Del aparato surgieron chats entre Ayala y el adolescente de 15 años, quien llegó a comunicar vía WhatsApp que habían cumplido con su parte, pero que se habían olvidado de filmarlo, tal como le habían solicitado. “Va a salir en las noticias”, se jactaba el menor, cuya antena telefónica impactó en la zona donde se cometió el atentado.
Brian Ayala es el otro detenido por el atentado fallido, bajo la carátula de instigador. Según una causa penal paralela, este joven supo pertenecer a una organización criminal liderada por un recluso de la cárcel de Coronda llamado Leonardo “Faturita” Robledo, que operó desde diciembre de 2023.
La banda de Faturita está sindicada por el homicidio de un exconvicto llamado Héctor Miguel Gaitán, quien fue ejecutado el 19 de noviembre de 2023 en Liniers al 2200, un enclave donde por esos días las balaceras eran moneda corriente. Ese fue el día del balotaje presidencial que consagró a Javier Milei como presidente. En la escena del crimen los sicarios dejaron un cartel con la leyenda: “Si gana Milei van aver mas muertos. Para buenos entendedor pocas palabras” (sic), que luego se determinó no respondía a un móvil político y solo buscaba “hacer puterío”.
La organización de Faturita y Brian Ayala, según la investigación, respondía a los intereses de un tal “Jota”, quien no pudo ser identificado.



