Venezuela no es un premio petrolero listo para ser capturado. Es una industria devastada. La recuperación llevará décadas, no meses. Los pseudoexpertos no te están diciendo sobre el crudo pesado, la infraestructura colapsada y el camino de una década hacia la recuperación.

  • El petróleo pesado requiere diluyentes en proporciones del 20–40% para circular por los oleoductos. Venezuela no puede exportar su principal producto sin importar insumos. PDVSA depende de crudo liviano, condensado o nafta importada (Irán, EE. UU., Rusia). Interrupciones de más de seis semanas reducen la producción.
  • La caída fue gradual y autoinfligida. Tuvo una primera fase que fue la de la “Huelga 2002/2003 con el despido de más de 18.000 empleados técnicos. Pérdida masiva de conocimiento. Emigración a Canadá, Colombia, Medio Oriente y empresas internacionales.
  • La segunda fase fue la de la “Politización”, cuando PDVSA se transformó en brazo fiscal del Estado. Cargas del 40–45% sobre ingresos. Lealtad política sobre competencia técnica. Mantenimiento diferido e infraestructura deteriorada.
  • La tercera fue la de la de la “Sanciones”, cuando desde 2019, pérdida de mercados, insumos y servicios técnicos. La producción cayó a 336.000 bpd en 2020. Recuperación parcial tras licencias a Chevron y socios europeos, pero con infraestructura en declive.
  • La catástrofe de Infraestructura: Mejoradores fuera de servicio, refinerías operando al 20–30%, explosiones, incendios y campos maduros con declinos del 25% anual. En la Faja del Orinoco, pozos cerrados y falta de mantenimiento elevan los costos de reinicio.
     
  • El problema del capital humano. Los técnicos se dispersaron globalmente. Reconstruir capacidades requiere tiempo, formación y condiciones laborales atractivas. Fuga de cerebros: más de 18.000 trabajadores calificados despedidos en 2003; el éxodo de ingenieros, geólogos y gerentes continúa hasta hoy.
     
  • Inversión necesaria para recuperar la producción: entre u$s 10.000 y 58.000 millones para restaurar la producción a niveles de 1998; y Wood Mackenzie estima u$s 15.000–20.000 millones solo para sumar 500.000 bpd adicionales en la Faja del Orinoco.


 

  • Plazo de recuperación: mínimo 5–10 años para una recuperación significativa, con hasta 2 millones de bpd potencialmente alcanzables en 1–2 años bajo condiciones ideales.
     
  • Deuda de PDVSA: deuda financiera consolidada de aproximadamente USD 34.700 millones, con obligaciones totales que podrían superar los USD 150.000 millones.


 

  • Comprador principal: China absorbe aproximadamente el 80–85% de las exportaciones, unos 600.000+ bpd. Venezuela forma parte del eje Irán–Rusia–China. Su petróleo financia alineamientos estratégicos anti estadounidenses.
     
  • China absorbe el 80–85% de las exportaciones. Utiliza el crudo con descuento para refinerías independientes y repago de deuda. EE. UU. es el mercado natural por su capacidad de coquización, pero las sanciones limitan los flujos. Otros compradores incluyen India, Turquía, España, Colombia y Brasil.
     

“Cada vez que ocurre algo en Venezuela, la reacción automática es van por el petróleo. Este encuadre ignora la naturaleza del crudo venezolano y la realidad del mercado energético global. Estados Unidos produce más de 13 millones de barriles diarios de crudo liviano y dulce. Venezuela produce crudo pesado y extrapesado, altamente sulfuroso, que requiere upgrading costoso o refinerías de coquización especializadas. La comparación con Irak falla: el petróleo iraquí es mayormente crudo medio y liviano. El crudo del Orinoco es más pesado que el agua y debe mezclarse con diluyentes importados solo para fluir. Se vende con fuertes descuentos porque pocas refinerías pueden procesarlo