La comunidad científica y diversos grupos de conservación marina se encuentran en alerta tras perderse el rastro de "Timmy", la ballena jorobada que permaneció semanas varada en el mar Báltico.
Según informó EuroNews, activistas y expertos denuncian que el animal fue sometido a condiciones de "tortura" durante un traslado privado de 72 horas hacia el mar del Norte, lo que habría provocado su fallecimiento por agotamiento extremo.
El operativo, financiado por capitales privados, consistió en remolcar al cetáceo en una balsa inundada durante tres días. Sin embargo, el procedimiento estuvo plagado de irregularidades: veterinarias del equipo denunciaron que se les impidió el acceso para evaluar al animal y que la liberación se realizó "a escondidas" en una zona de alto tráfico marítimo cerca de Dinamarca, mucho antes de lo acordado originalmente.
El pesimismo de los expertos
Desde el Museo Oceanográfico Alemán se mostraron escépticos sobre las posibilidades de supervivencia de Timmy. Las autoridades del museo señalaron que el estado de debilidad del ejemplar era crítico y que, tras varar repetidamente antes del traslado, es "muy probable" que no haya tenido las fuerzas necesarias para nadar en aguas profundas.
Por otro lado, la tecnología utilizada en el rescate también está bajo la lupa. Mientras que la iniciativa privada asegura poseer datos sobre las constantes vitales del animal pero no su ubicación, especialistas como el biólogo marino Peter Madsen cuestionaron la veracidad de estas afirmaciones, asegurando que no existen sensores comerciales capaces de transmitir signos vitales de esa manera sin reportar la posición GPS.
Críticas a la falta de criterios científicos
La operación, que habría tenido un costo superior a los 1,5 millones de euros, fue duramente cuestionada por organizaciones como Greenpeace y WWF. Los especialistas sostienen que "no se escuchó a la ciencia" y que el transporte de un animal gravemente herido y con restos de redes de pesca en su boca fue una decisión errónea.
Heike Vesper, directiva de WWF Alemania, aprovechó el caso para reclamar una mayor ambición política en la protección de los hábitats marinos del Norte y el Báltico. Según la experta, a pesar de existir zonas protegidas, la falta de cumplimiento de las normativas de pesca y tráfico marítimo sigue convirtiendo estos mares en entornos hostiles para especies protegidas como las ballenas.