Frente al estado de deterioro y abandono en que se encuentra la avenida de Circunvalación, el especialista en Seguridad Vial Santiago Tazzioli propuso un modelo de “gerenciamiento” de dicha arteria más la red de accesos a la ciudad. Se trata de dotar de un mecanismo de intervención permanente con “controles y monitoreo” sobre la infraestructura vial que “no necesariamente debe estar concesionado bajo un sistema de peaje”. Es más, puso como ejemplo a la red de ingresos a Córdoba.
La Circunvalación de Rosario fue noticia esta semana por un múltiple accidente a plena luz del día y eso generó la reacción de las autoridades locales y usuarios por las condiciones y el estado en general en que se encuentra la traza. Luego de las reacciones sólo se vio el accionar de algunas máquinas que desmalezaron algunos tramos.
Tazzioli fue durante 25 años director general de Ingeniería de Tránsito municipal y también profesor titular en dos materias de Transporte en la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario e investigador y director de proyectos en el Instituto de Transporte. A propuesta de Rosario3, recorrió los 29 km y 760 metros que cubre el trayecto total de la arteria y después habló sobre la cuestión.
–¿Cuál es su evaluación acerca del estado en que se encuentra hoy la Circunvalación?
–Es la imagen del deterioro, el abandono y la suciedad. Su estado es deplorable y lamentable y más teniendo en cuenta que desde su reconstrucción y puesta en valor han pasado menos de ocho años. Ha sufrido un abandono total desde entonces. Si bien el pavimento de las calzadas principales está bastante bien; adolece de señalización actualizada, de mantenimiento, hay muchos lugares que han sido impactados por autos y que no se reparan, señales secundarias que no se reponen, y la falta de iluminación ya que de noche es una trampa. Es una autopista urbana y no una avenida, las autoridades se niegan a cambiarle la denominación a pesar de que hace diez años que vengo insistiendo con eso. En su parte más transitada, entre Jorge Newbery y Eva Perón, pasan más de cien mil vehículos por día, es una enormidad; y el promedio en toda la traza es de 60 mil vehículos día. Es una autopista sumamente transitada y muy útil para los rosarinos y para la gente de la zona, que evita muchos accidentes, pero no se la trata como se debe.
–¿Qué debería hacerse?
–Es una autopista que, por su densidad de tránsito y sus características, tiene que ser gerenciada y no abandonada a su suerte. Tiene que ser dotada de elementos de supervisión y control como cámaras, detectores de velocidad, estaciones meteorológicas y otros elementos que permitan el gerenciamiento de esa autopista. Desde el Instituto de Transporte habíamos previsto el gerenciamiento de toda la red de accesos a Rosario (Circunvalación, la A012 y los tramos de las rutas de acceso entre ambos anillos como los de la 9, 11, 33, 34, 18 y 21, la avenida Newbery y las autopistas a Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba) porque tienen mucho tránsito y no se los puede dejar a su suerte y que sea lo que Dios quiera. Mire, en la Maestría de Ingeniería propuse y empecé a dictar una materia sobre gerenciamientos viales. Es que hay una filosofía en la ingeniería vial que dice que nosotros construimos caminos y no los mantenemos y eso no debe ser así, los caminos deben ser construidos y gerenciados para un mantenimiento permanente, constante e inmediato.
–¿Es decir que tiene que estar concesionado a un sistema de peaje?
–Todo eso es parecido a un tema de concesión por peaje, pero no es exactamente eso. La concesión por peaje es una parte, el gerenciamiento puede o no tener peajes. Debe tener una autoridad que gerencie la infraestructura vial y que actúe cuando hay una circunstancia o hay un deterioro como un bache o una rotura de la iluminación.
–¿Cómo debería ser entonces ese gerenciamiento, público o privado?
–A mí me gusta lo privado por lo ejecutivo y la eficiencia, he probado de las dos formas. La idea que teníamos en el Instituto es que, como se superponía la red de accesos viales con los ingresos a los puertos, hubiese un ente de control integrado por la Bolsa de Comercio, la provincia y el municipio. Debería ser un ente al servicio de la población y de la producción.
La puja con Nación
–El gobierno nacional ya puso en marcha un sistema de licitación y concesión de rutas nacionales y tanto la Circunvalación como la red de accesos forman parte de su tercera etapa (recién van por la primera). ¿Qué mirada tiene sobre ello?
–Hay varios temas con respecto a eso. Nunca debe haber un peaje sobre la Circunvalación, no debería haberlo sobre ninguna circunvalación, los peajes deben estar sobre los accesos y en las rutas que acceden a las ciudades y nunca en las circunvalaciones. Porque si la gente empieza a evitar la Circunvalación, esto derrama un volumen importante de tránsito sobre las ciudades y eso genera más accidentes. Por otro lado, no podemos permitir ser un expediente en una oficina oficial en Buenos Aires y que nuestros temas estén en manos de funcionarios que no les imparta nada de lo que sucede en Rosario y en los puertos. Un ejemplo claro es la red de accesos a Córdoba que está en manos de los cordobeses desde hace mucho tiempo y funciona bastante bien. La red de accesos a Rosario siempre fue un expediente en Buenos Aires y nunca funcionó bien. Esto tiene que estar en manos de autoridades regionales, puede estar concesionado o a través de un ente multi-partito.
–Se aduce desde los gobiernos locales que no se puede actuar sobre la Circunvalación porque es jurisdicción de la Nación y se remontan al juicio que le hicieron al ex intendente Héctor Cavallero por avanzar sobre esa traza.
–No sé mucho de la cuestión legal pero, se me ocurre, recurriría tal vez a (recursos de) amparos. Una vez casi me agarro a las trompadas con gente de Vialidad Nacional porque me querían echar cuando estaba señalizando algo en uno de los accesos que provocaba accidentes y ellos no lo habían hecho. Después con el tiempo y más calmo, negociamos con Vialidad que tiene técnicos capaces y buenas personas. Nos reuníamos y cambiamos figuritas para arreglar y verdaderamente nos complementábamos. Fue durante la última reconstrucción donde la empresa hacía la obra, Vialidad fiscalizaba y desde el municipio controlábamos las medidas de seguridad. Muchos problemas eran a raíz de los robos de señalización y balizamiento por parte de los vecinos. Cuando hubo que fijar la velocidad máxima hasta ofrecimos pintar los números en el piso porque se robaban los carteles, de sesenta carteles que pusieron quedaron menos de la mitad a los pocos días. Los que tienen que obrar no siempre lo hacen mal sino que a veces obran y tienen problemas. Uniendo fuerzas se puede lograr más efectividad.
De urgencias y controles
–¿Qué es lo más urgente a resolver sobre Circunvalación?
–Es la iluminación. Hay un problema que muchos vecinos son muy traviesos (para decirlo de algún modo) que perjudican tanto a la obra como a los automovilistas. Las obras hay que hacerlas anti-vandálicas. Las avenidas de la ciudad ya tienen monitoreadas cada una de las luminarias y eso hay que hacerlo también en Circunvalación. Es darle inteligencia a una autopista, con cámaras y controles de velocidad, con o sin multas. También hay que poner señalización. No podemos tener una señalización horizontal difusa que no marque los carriles, eso es muy peligroso y actualmente se ve muy poco con lluvia y la gente no sabe por dónde tiene que ir. Si tiene que salir de la calzada para detenerse que Dios los ayude porque las banquinas están descalzadas, hay yuyos altos y no se ve nada. Y después hacer la limpieza de la infraestructura como cortar los yuyos y limpiar los puentes que están súper sucios.
-¿Es acorde la velocidad máxima permitida (100 kilómetros por hora) debido al estado en que se encuentra Circunvalación?
–Está bien. Tanto el número de carriles existente haciendo una prognosis a treinta años como también la velocidad máxima permitida. Quizás está más complicada la parte más vieja (desde Eva Perón hasta el puente a Victoria) que se inauguró en 1969, pero se puede operar a esa velocidad. Es una autopista y no una avenida, si fuera una avenida (la velocidad máxima permitida) debería ser de 60 kilómetros como lo indica la ley nacional de tránsito.
–¿Cuál es su reflexión final sobre la recorrida que hizo?
–Es una avenida muy moderna desde la puesta en valor hace ocho años y que con muy poco esfuerzo e inversión se puede poner en valor nuevamente. Es una hermosa ruta que bien iluminada y señalizada puede dar mucha seguridad a la circulación. Habría que ir avanzando en inteligencia y monitoreo permanente. Las fuerzas de control deben llegar enseguida cuando un vehículo se detiene porque hoy se corre riesgo de que lo choquen o de que le roben.