Respirar es una función automática y cotidiana, pero cada ciclo podría tener una influencia particular en la actividad del cerebro. Un estudio de la Universidad de California en San Diego, Estados Unidos, publicado en Journal of Neuroscience, sugiere que el cerebro es capaz de registrar las sutiles variaciones que se producen de una respiración a otra.
La investigación encontró una estrecha relación entre el perfil de cada respiración individual y la actividad neuronal en regiones cerebrales vinculadas con la cognición, las emociones y la memoria. De esta manera, no solo importaría cuántas veces se respira por minuto, sino también cómo es cada inhalación y cada exhalación.
La respiración ya había sido relacionada con procesos como el pensamiento, la atención, la memoria, la percepción y la regulación emocional. Una de las claves de ese vínculo está en su conexión con los patrones rítmicos de la actividad neuronal, conocidos como ondas cerebrales.
Para profundizar en esa relación, los investigadores analizaron registros de pacientes con epilepsia a quienes se les habían implantado electrodos cerebrales con fines terapéuticos. Esto permitió comparar, con un nivel de precisión poco habitual, las formas complejas y variables de las respiraciones con la actividad eléctrica registrada en el cerebro.
Los resultados mostraron que la forma generada por la inhalación y la exhalación se correspondía con patrones de actividad neuronal en áreas relacionadas con las emociones, la motivación, el placer, el pensamiento, la atención y la memoria. “Cada respiración tiene, por así decirlo, una huella en cuanto a su impacto en la actividad cerebral y el estado mental”, señaló Eena Kosik-Rose, una de las autoras del estudio.
Así, una inhalación más prolongada, una exhalación más lenta o cambios en la intensidad de la respiración se reflejaban en patrones específicos de actividad neuronal. Según los científicos, esta conexión es mucho más precisa y compleja de lo que pueden mostrar las mediciones tradicionales, como la cantidad de respiraciones por minuto.
Los seres humanos tienen, además, un importante grado de control voluntario sobre su respiración. Es posible modificar conscientemente un proceso que normalmente es automático para hablar, cantar, contener el aire durante algunos segundos o realizar una inspiración profunda. El estudio plantea que esas diferencias individuales también se reflejan en la actividad cerebral.
Los autores advirtieron, sin embargo, que los resultados deberán ser comprobados mediante métodos no invasivos y en poblaciones más amplias, ya que la investigación se realizó con registros intracraneales de pacientes bajo monitorización por epilepsia. El próximo paso será analizar si modificar conscientemente la forma de respirar puede influir en la cognición y la salud mental, una línea de investigación que podría aportar nuevas pistas sobre el estrecho diálogo entre el cuerpo y el cerebro.
Fuente: EFE.