Este lunes se confirmó la muerte del icónico relator de fútbol Marcelo Araujo, quien no solo relataba partidos, sino que también creaba personajes. Con su estilo histriónico y una capacidad única para la adjetivación, transformó a futbolistas talentosos en leyendas con nombres propios.
Uno de los momentos más icónicos fue el nacimiento de "El Torero". Para Araujo, Juan Román Riquelme no solo jugaba al fútbol, sino que ejecutaba una danza frente a sus rivales. El apodo capturó a la perfección la elegancia y el desafío del 10 de Boca en la Bombonera.
En la misma vereda, Araujo fue el responsable de consolidar a Carlos Tévez como “El Apache”. Cada vez que el joven encaraba, el relator remarcaba su origen y su entrega, convirtiendo una referencia geográfica en un sello de identidad imborrable.
Otro fue "Chapita" a Guillermo Barros Schelotto: un apodo que acompañó cada una de las travesuras y goles del Mellizo, especialmente en aquellos superclásicos vibrantes donde Araujo perdía la voz gritando su nombre.
"El Chileno" –pronunciado shileno– Marcelo Salas: pocos relatos son tan recordados como el "¡Chileno, Chileno!" de Araujo. Elevó a Salas a la categoría de prócer en River, destacando su estirpe goleadora cada vez que inflaba la red.
Araujo también impuso una forma de dirigirse a los protagonistas y colegas. Su uso de la palabra “Master” se convirtió en una muletilla que denotaba respeto, pero también una complicidad única en las transmisiones de Fútbol de Primera.
Desde “Tweety" Carrario hasta "Pájaro" Caniggia, la lista de jugadores que pasaron por su "registro civil" imaginario es interminable.
Araujo no solo bautizaba, también preguntaba. Sus "¿Qué te pasa, -nombre del jugador-?", o el legendario "¿Digo bien?", eran el puente entre el relator y el futbolista.
Incluso con figuras como "Lobo" Ledesma o el siempre recordado "Jefe" Astrada, Marcelo encontraba la vuelta para que el espectador sintiera que conocía al jugador de toda la vida. Su partida deja un vacío, pero su diccionario futbolero seguirá vigente en cada tribuna.
Los relatos más recordados
Su estilo mezclaba el análisis riguroso, los tiempos manejados a la perfección en la narración de las jugadas, la ironía y esa forma particular de mencionar a los futbolistas con todos sus nombres y apellidos cuando convertían un gol.
"¿Eso fue penal o yo estoy crazy, Macaya?”, fue una de sus frases de cabecera que trascendió el fútbol y se instaló en el lunfardo popular.



